Crítica de MÚSICA

El amor siempre es adolescente

El nuevo disco de Tegan & Sara: Love You To Death.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Dúo: las hermanas Quinn y su pequeños himnos a las relaciones amorosas. Foto: Difusión

Muchos conocieron a este dúo canadiense cuando Taylor Swift empezó a promocionarlo a raíz de la canción "Closer", del disco Heartthrob (2013). La canción y el disco representaban un desvío bastante pronunciado de lo que venían haciendo las hermanas Tegan y Sara Quin, quienes ya tienen una trayectoria de más de 20 años en la música: empezaron en 1995 y el primer álbum —Under Feet Like Ours— es de 1999.

Las Quin arrancaron entre los "indie", y reconocían como influencias a artistas como Ani DiFranco, Sarah McLachlan y también otros del rock alternativo. Casi de manera natural, las hermanas fueron fichadas para el sello discográfico de su compatriota Neil Young Vapor Records, al cual volvieron luego de algún disco en otros sellos.

En 2009 editaron Sainthood y ya en la tapa se veía que Tegan & Sara empezaban a dar los primeros pasos fuera de su tradicional zona de confort.

Con una foto sencilla de las dos, vestidas con buzos a rayas, las canadienses comenzaban a desprenderse de aquellos sonidos y estilos que las caracterizaron en sus comienzos, para abrazar una actitud más colorida y descontracturada, y con una música más producida. Menos naturalismo y más elaboración. Luego llegó Heartthrob y las hermanas alcanzaron casi al primer puesto en la lista de ventas gracias a esa canción que le gustó tanto a Swift que las invitó a uno de sus conciertos.

Con un nuevo sonido (teclados, baterías electrónicas), estribillos eficaces y el espaldarazo de Swift, Tegan & Sara se convirtieron casi de la noche a la mañana en famosas para una audiencia que nunca antes les había prestado atención.

Ahora regresan con este álbum, el octavo en su discografía, y en el repertorio destilan lo más característico del synth-pop de los años 80. Aquí suenan los ecos de Cindy Lauper, Madonna, Nik Kershaw, Human League, Billy Idol, Howard Jones y tantos otros que poblaron MTV en sus primeros años.

Y las hermanas lo hacen de una manera que también reverencia a esa época, cuando los discos se hacían —por lo general— con un solo productor y con repertorio compuesto por los propios artistas, a diferencia de hoy, donde los créditos de los discos son casi tan largos como los de una película.

Como buen álbum de pop, las Quin y su productor Greg Kurstin siempre apuntan a generar el máximo impacto lo más rápido posible: diez canciones y 30 minutos de música con varios de los estribillos más contagiosos y envolventes que anden sonando por ahí: "Boyfriend", "Stop Desire", "Dying To Know", "White Knuckles"... cualquiera de esas canciones podría ser un hit y posiblemente lo sean.

Y todo eso al servicio de historias de amor que rescatan lo más primordial: las sensaciones de descubrimiento, fascinación, encantamiento y —claro— la abismal desilusión cuando la llama se apaga.

Que las chicas sean lesbianas y le canten al amor entre mujeres es anecdótico. Porque las sensaciones a las que ellas le dedican sus sencillas y directas letras van más allá de las cada vez más fluidas fronteras de género. Son universales.

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