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Alfredo Zitarrosa: se cumplen 30 años sin la voz que identifica a Uruguay

Las razones por las cuales la obra del cantor sigue vigente en la música uruguaya

VEA LA FOTOGALERÍA. Imágenes: Archivo El País
Velorio de Alfredo Zitarrosa el 17 de enero de 1989 en Montevideo. Foto: Archivo El País
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No hay debate posible: la voz de Alfredo Zitarrosa es la más reconocible de la música uruguaya. Con solo unos segundos alcanzan para reconocer al dueño de ese registro grave y profundo de calidez cautivadora. La voz de Zitarrosa ya forma parte de la raíz cultural local, y al oírla, el inconsciente dispara recuerdos o imágenes llenas de uruguayez.

Hoy se cumplen 30 años desde que el dueño de esa garganta que aporta identidad nacional falleció a los 52 años.

En su imagen se mezclaban rasgos indios, una vestimenta formal, -de clarísima inspiración tanguera- y portaba esa llamativa manera de cantar que se imponía a las tres guitarras milongueras y el guitarrón que lo acompañaban. Con su aspecto y su repertorio, Zitarrosa fue de una estirpe de figuras de las que ya no quedan en la música uruguaya.

Convirtió su arte en uno de los principales exponentes de una tradición musical uruguaya basada en la constante fusión de estilos musicales. Así, sus composiciones (porque además de cantor, era poeta) dialogaban con las influencias de la payada, el candombe, el tango y las numerosas expresiones folclóricas -varias de ellas hoy en desuso- provenientes de Argentina y Brasil

Tras haber trabajado como locutor y periodista, en 1965 -con 29 años- Zitarrosa entró al mundo discográfico con El canto de Zitarrosa, un EP de cuatro canciones, que ya revelaban su calidad como intérprete y se reflejaban las temáticas que el músico abordaría durante el resto de su carrera: las canciones de desamor, presentes en “Milonga para una niña” y “Recordándote”, y los temas políticos en “Mire amigo” y “El camba”. Fue un gran éxito que se atrevió a disputarle los primeros puestos de los discos más vendidos a los mismísimos Beatles.

Alfredo Zitarrosa - Doña Soledad
Alfredo Zitarrosa - "Doña Soledad"

“Aunque contra su forma de pensar hubo, y hay, muchos, contra su forma de sentir la canción jamás se oyeron ecos”, escribió El País en el obituario, un día después de su muerte. “La voz profunda y grave, dentro y fuera del escenario, el gesto tierno, su pasión por las cosas nuestras, le ganó un sitial sin par dentro del género de la milonga en nuestro país”.

Sin embargo, y sin ánimo de contradecir al cronista de aquellos años, no existe una única voz del cantor. Al escuchar su larga discografía -que incluye más de 25 discos editados- uno se cruza con distintas maneras en las que abordó el canto y cómo siempre se adaptaba perfectamente a lo que la letra le estaba reclamando.

En su disco de 1966 Canta Zitarrosa (que fue su primer long play exitoso) están bien marcadas sus diferentes formas de cantar. En “La Coyunda” -una canción oscura con un acompañamiento mínimo de guitarra-, el silbido de Zitarrosa y el dolor de ese amor que no vuelve: “Como perro trotando en la huella / Mi amor que te acompaña te traiga de vuelta”. Pero en ese mismo disco, aparece el tema político, en “Coplas al compadre Miguel”. Allí, con una voz resignada, relata cómo un trabajador del campo acepta convivir con las injusticias de su entorno. Sin embargo, sobre el final de la canción, la esperanza se deposita en la unión de “los hombres del arrozal” y la voz es otra.

El poeta

La calidad como letrista permitía que Zitarrosa pudiera capturar, como si se tratara de un cronista, la realidad social de dos extremos del Uruguay de mitad del siglo XX: el rural y el urbano.

Al igual que Serafín J. García, el autor de "Tacuruses" y "En carne viva", Zitarrosa, quien era militante del Partido Comunista, se animó a alejarse del tradicionalismo para exhibir la otra cara del campesino, que señalaba su pobreza y su explotación.

Pero su preocupación social también incluía lo urbano y cierta esencia uruguaya que hizo notar en “Adagio en mi país” y en “Guitarra negra”, un “relato por milonga” -inspirado en la famosa obra El payador perseguido, de Atahualpa Yupanqui-, que hay que ubicar entre lo más importante de su carrera. Zitarrosa lo definió como “contracanciones” un estante donde hay referencias a su exilio y la situación política del Uruguay en 1978.

Con la llegada de la dictadura, en 1973, debió exiliarse en un periplo que lo llevó a Argentina, España y México. Este exilio le dejó una herida que le impedía escribir. “Cuando retornó al Uruguay en otoño de 1984, se vivió una de las jornadas más apoteósicas que el regreso de un músico hubiera generado en Uruguay”, se recordaba en El País en aquel obituario.

En su vuelta del 31 de marzo de ese año, fue recibido por una gran caravana que anhelaba recuperar a los referentes que perdió durante la dictadura. Así, una multitud lo acompañó desde el aeropuerto hasta el teatro de AEBU, donde brindó su primera conferencia de prensa en suelo uruguayo. “Es como si en el exilio hubiera perdido mi capacidad de creación”, dijo ese día. “Me faltó la fuente, me faltó el gallego de la esquina, el teléfono que funciona mal. El exilio ha sido para mí una experiencia extremadamente dolorosa, extremadamente desgarradora. Metí mi corazón en la valija cuando me fui”.

Tras su vuelta a Uruguay, volvió a grabar discos y ofreció dos importantes recitales en el estadio Franzini y en el Centenario. Y volvió a la bohemia, de ese Montevideo que extrañó como nadie y retrató como pocos. Nada mal para un flaco de traje, pelo a la gomina y una voz que se volvió identidad cultural.

Dónde escuchar a Alfredo Zitarrosa

Una gran parte de la obra de Alfredo Zitarrosa está disponible en plataformas de streaming. Por ejemplo, en Spotify se pueden encontrar 25 discos del cantautor uruguayo. Aunque sus discos algunos de sus más importantes, como Canta Zitarrosa (1966), Yo sé quién soy (1968), Desde Tacuarembó (1975) y Guitarra negra (1978) están disponibles para escucharse, falta una gran parte de su discografía. Así, álbumes como Del amor herido (1967), Zitarrosa 4 (1969) y Coplas del canto (1970) solo se pueden encontrar en copias piratas que están disponibles en la web, porque no han sido reeditadas en CD. La alternativa para poder acceder a estos discos es con la compra de los vinilos originales, que se pueden encontrar fácilmente en la Feria de Tristán Narvaja. Los precios varían de los 100 a los 600 pesos, dependiendo del estado de los álbumes. Por otra parte, Bizarro Records (que posee los derechos de difusión de Orfeo, donde Zitarrosa grabó gran parte de su obra) reeditó en vinilo a Canta Zitarrosa. Con un sonido remasterizado y un arte de tapa restaurado, esta es la experiencia más fiel que permite disfrutar de ese mítico disco de la canción uruguaya.

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