ENTREVISTA

Adrián Varela: "No hay nada más grande que dar el todo por el otro"

El director de la Orquesta Nacional Juvenil de Polonia y primer violín de la Philharmonia Orchestra charló con El País sobre su experiencia en Londres y sobre cómo es el proceso de grabación de una banda sonora

Adrián Varela. Foto: Captura de YouTube.
Adrián Varela. Foto: Captura de YouTube.

Adrián Varela nació en Montevideo y se exilió en los setenta durante la dictadura. Con su familia pasó por Buenos Aires, Río de Janeiro, Nueva York y Detroit, donde empezó a tocar el violín. Cuando volvió a Uruguay a principios de los ochenta, el músico -que es bisnieto de José Pedro Varela- empezó a estudiar con Nelson Casale, y más tarde, en Buenos Aires, con Ljerko Spiller. 

Desde 2002, es el primer violín en la Philharmonia Orchestra de Londres, la orquesta que Herbert von Karajan consolidó como una de las mejores del mundo. Varela también es el Director y Director Artístico de la Orquesta Nacional Juvenil de Polonia Lutoslawski Youth Orchestra, y de la One Tree Hill Sinfonia, orquesta basada en el sureste de Londres, cofundada por él. El músico charló con El País sobre su vida y su obra fuera de Uruguay.

—¿Cómo fue tu formación musical en Uruguay y qué te llevó a radicarte en el exterior?

—Mi padre era muy conocido por su trabajo en psicología social. A principios de los setenta un pelotón militar encontró material "subversivo" en nuestra casa: mi padre pasó una noche en cana por tener un libro sobre Cubismo (Piccasso, Braque), prueba, aparentemente, de que apoyaba la revolución cubana. Al poco tiempo el Toba Gutiérrez Ruiz, amigo de mi madre, fue asesinado. Mis padres decidieron irse momentáneamente de Uruguay y tras unos años nomádicos, nos establecimos en Detroit. Ahí comencé mis estudios de violín. Cuando volvimos al Uruguay a principios de los '80 seguí estudiando privadamente con un gran maestro uruguayo, Nelson Casale, y más tarde en Buenos Aires con el legendario Ljerko Spiller. Ahorraba de mi sueldo en el SODRE para ir una vez cada 15 días, y para comprar discos y partituras -antes de internet- así aprendía y conocía más música. Un grupo liderado por Víctor Szilágyi fue una parte importante de mi formación musical inicial, así también como, más adelante, estudios de dirección orquestal con Roberto Montenegro, un gran director y conducto directo a la técnica y filosofía del legendario Celebidache, director de Munich y rival de Karajan. Yo ahora toco en la ex orquesta de Karajan, la Philharmonia Orchestra.

El ir al exterior a estudiar no fue simplemente plantearme que quería hacerlo. Añoraba algo mejor para mí y no sabía sí tenía derecho a aspirar a eso. Mi autoestima estaba muy baja y pensaba que si yo no tenía derecho a aspirar a algo mejor, quería que los grandes maestros del '1er mundo' me lo dijeran en la cara. Si ellos me mandaban guardar, lo aceptaría. Grande fue mi sorpresa cuando una seguidilla de audiciones redundaron en comentarios positivos y ofertas de lugares para estudiar. El gobierno uruguayo me ayudó mucho, y pude estudiar en la Royal Academy of Music de Londres, de donde egrese con máximas calificaciones en todo, cuatro años más tarde.

—Desde 2002 eres miembro de la primera sección de violines de la Philharmonia Orchestra. ¿Cómo fue tu ingreso a la orquesta y qué se siente tocar allí? 

—En Inglaterra la cosa es un un poco más difícil que en el resto del mundo. En cualquier otro lado uno toca en una o más rondas de audiciones y, si es claramente mejor, le dan el cargo. En Inglaterra si uno pasa la etapa de audición, te ofrecen no el cargo, sino una nueva valla: un 'trial'. El trial significa que a partir de ese momento la orquesta te puede llamar para integrar la orquesta como si fueras miembro estable, para cualquier período o períodos de trabajo. Es de duración abierta y sin obligación por parte de la orquesta de darle el cargo a ti o a otros que también están en trial para el mismo cargo. En cualquier momento te pueden decir 'no gracias'.

También hay audiciones para extras: personas que tocan más o menos regularmente con la orquesta sin tener cargo. Yo audicioné para extra y comencé a trabajar así. A los dos años el concertino me dice que tienen libre una plaza fija, y que como él ya sabe cómo toco por mi audición de dos años antes, puedo ir directamente a la etapa de trial, salteándome la valla de audicionar específicamente para ese cargo.

¡Un gran atajo! Pero decline su oferta, e incluso él se molestó, como si yo no estuviera respetando su autoridad. Pero a mí me parecía importante tocar para toda la fila de primeros para el cargo, como debía hacer todo el mundo y, si en base a esa audición, decidían darme el trial, todo bien. Aceptar el atajo me parecía no del todo limpio, y que el día de mañana cualquiera me lo podía echar en cara. Pasé la audición, y mi trial duró dos años.

—Eres el Director y Director Artístico de la Orquesta Nacional Juvenil de Polonia desde el 2015. ¿Cómo podrías definir la experiencia de trabajar con músicos jóvenes?

—El rol de un maestro es hacer que el estudiante prescinda de él lo más rápidamente posible. Mi trabajo es darle a los jóvenes todas las herramientas posibles para que ellos realicen lo más pronto que puedan, su propia emancipación- como músicos, como seres humanos y como ciudadanos. La gran mayoría no están acostumbrados a que se les trate como adultos, a tener responsabilidad, a tomar las riendas de su propio destino literalmente en sus manos. Casi nadie les ha preguntado qué quieren, qué piensan, cómo ven esto o lo otro. Me miran al principio como el gran director salvador que les va a iluminar con la verdad. Esto es falso. La verdadera fuerza viene de cuando la verdad emana de ellos. Yo sólo les ayudo a buscar dentro de sí mismos. La espectacularidad y profundidad de los conciertos resultantes es simplemente un corolario inevitable de ese despegue individual y colectivo.

Cada año me maravillo de ver los resultados de esta persistencia mía (y del equipo) donde con el pasar de los días, seres inicialmente tímidos, escondidos detrás de sus atriles, se convierten en hombres y mujeres jóvenes, capaces de tomar decisiones propias en cuanto a su arte y sus vidas, bien plantados, individuos enteramente independientes y simultáneamente, solidariamente partes del colectivo. Es un privilegio singular para mí, asombrado, ser a la vez testigo y parte de semejante transformación en la vida de una persona. No hay nada más grande que dar el todo por el otro, y yo tengo el placer -agotador- de poder hacerlo todos los años con los jóvenes polacos. El salto del nivel profesional nacional a raíz de este trabajo, ya se está sintiendo.

—Has grabado en la banda sonora de películas como Avengers: Age of Ultron, Thor, Power Rangers y Smurfs: The Lost Village. ¿Cómo podrías definir el trabajo de grabar la banda sonora de una película y qué sensación te produce escuchar el resultado final?

—Grabar una banda sonora es un trabajo de altísima precisión y extremadamente detallado. Una toma puede durar 10 segundos. El director pide que las violas toquen con 5% menos de vibrato. Se graba de nuevo, otra ligera alteración. Se repite el proceso durante 7 horas. Se vuelve mañana. Es un trabajo muy repetitivo, cansador, no particularmente emocionante, pero donde hay que estar con todas las luces como si tu vida dependiera de ello. Y hacer silencio total cuando no estás tocando, se esté grabando o no. Hay que tener un nivel técnico altísimo porque la primera nota ya tiene que estar perfectamente en tiempo, con el sonido y la articulación perfecta; la primera nota puede ser la que va en el producto final. No hay margen, o casi, para error.

No me produce ninguna emoción escuchar la banda sonora en la película. Siempre está tan baja comparada con el diálogo/explosiones que a veces me pregunto porque se tomó tanto tiempo con algunos pasajes. Pero sí me gusta el saber que ahí afuera están películas que la gente disfruta y que yo grabé. Acabo de grabar la nueva de Samuel L. Jackson en Abbey Road. La nueva seria de Netflix Our Planet está por todos lados ahora, también de Abbey Road.

—¿Qué rol tiene en tu vida la pedagogía? Leí en tu página web que eres bisnieto de José Pedro Varela.

—J.P. Varela se dio cuenta que la ignorancia es un arma poderosa para mantener sometidas a las masas, y que las personas puedan tener sus propios pensamientos y tomar sus propias decisiones es igualmente poderoso- y para muchos en posiciones de poder, peligroso. La reforma educativa uruguaya buscó armar al pueblo con el poder de no depender de otros para entender y procesar información, para uno poder poner su propio negocio en vez de siempre depender del patrón, para el individuo poder entender y navegar el mundo que lo rodea sin intérpretes interesados. Comparto totalmente, y lo practico en mi área, música, en mis orquestas: Juvenil Nacional de Polonia, One Tree Hill Sinfonia de Londres, y como Director de Música de la Universidad 'de Montfort', Leicester.

—¿Qué recuerdas los años en que viviste en Uruguay? ¿Te gustaría volver en algún momento?

—Disfruté muchísimo el sentido de barrio, de jugar al cordoncito, al fútbol de cabeza en la playa; de caerle nomas a alguien. Tenía muchos amigos, y están todos desperdigados por el mundo, algunos en Uruguay. Más tarde, volvi con mi familia por un año y medio cuando gané el concurso de concertino de la OSSODRE. En ese momento disfruté de hacer proyectos artísticos más libres alrededor del trabajo oficial, con otros, músicos y no, quienes también disfrutaban de crear. Extraño la calidez e inmediatez de la gente.

Nunca digas nunca, pero me parece que es superdifícil -no imposible, pero más difícil- salir de Uruguay al resto del mundo, que vivir en un lugar como Londres y de ahí ir para Uruguay. La movilidad, el descubrir al mundo y al prójimo siempre fueron factores muy importantes tanto para mí, como para impartirle a mis hijos y mis estudiantes. He ido a Japón más de 10 veces, a Alemania más de 100, y nunca me canso de ver girar al mundo y de conocer gente nueva en diferentes etapas de sus cruzadas individuales.

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