OBITUARIO

El bandoneón, la música y el legado: murió Raúl Jaurena, un embajador del tango

El músico uruguayo, bandoneonista y compositor, tenía 79 años y estaba radicado en Estados Unidos. Falleció por coronaviurs

Raúl Jaurena
Raúl Jaurena. Foto: Marcelo Bonjour

"Siempre te daba para adelante, siempre te decía que sos buena y te insistía en que no abandones. Era muy buen colega, muy buena persona, un gran maestro y tenía una humildad que no se compara con nadie. Para mí era el mejor del mundo”, dice la cantante María de los Ángeles Álvarez de Ron sobre el maestro Raúl Jaurena, el músico uruguayo que falleció por coronaviurs en Estados Unidos.

Estaba radicado allí desde la década de 1980; tenía 79 años.

Bandoneonista y compositor, Jaurena fue, en las últimas décadas, uno de los mayores embajadores del tango en el mundo. Impulsor de las nuevas expresiones y búsquedas dentro de un ritmo tradicional, apostó siempre al tango nuevo sin perder de vista las raíces, el origen, y respaldó a las nuevas generaciones con el objetivo de inyectar de sangre fresca a este patrimonio.

Eso resalta María de los Ángeles, que recurrió a él para realizar parte de los arreglos de su segundo disco, Con tango y alma.“A mí me marcó la vida”.

Nacido en Montevideo en 1941, Jaurena se empapó de tango desde su niñez. Empezó a estudiar con su padre, Francisco, a los seis años, y para los nueve ya integraba una orquesta infantil de tango.

En la adolescencia ya destacaba como bandoneonista y se formaba con Jaurés Lamarque Pons y Guido Santórsola.

Raúl Jaurena en los años setenta. Foto: Archivo El País
Raúl Jaurena en los años setenta. Foto: Archivo El País

Desde los sesenta comenzó su actividad profesional internaconal: con el trío César Zagnoli recorrió la región, pero también tocó en los cabarets montevideanos. Allí, puntualmente en el Embassy, un cabaret de estilo parisino en la Ciudad Vieja, conoció a un jovencísimo Julio Frade, con quien luego grabaría el buen disco Tango desatado, con el argentino Pablo Aslan.

“Un grande”, lo recuerda ahora el pianista. “Fue un excelente músico y una brutal persona, excelente persona”.

En los setenta, Jaurena se instaló en Venezuela y trabajó con su propio grupo, Tanguísimo. Allí, recuerda Frade, tuvo una tienda de venta de instrumentos y conoció a su pareja, con la que se mudaría a Estados Unidos. “Ir a vivir a Nueva York lo salvó de muchas cosas”, asegura el músico uruguayo y, en sintonía con María de los Ángeles, dice que la experiencia de Tango desatado fue “como un regalo que me hizo Jaurena. (...) Era un número uno absoluto”.

El bandoneonista se radicó en Nueva York en los ochenta y desde allí desarrolló el resto de su carrera, que intercaló entre clases, viajes, espectáculos con orquestas de todo el mundo y proyectos propios. Formó el grupo New York Buenos Aires Connection con Aslan; luego tuvo el New York Tango Trio el Raúl Jaurena Trío y Tango Five. Y hasta tocó en la Casa Blanca con el entonces presidente Bill Clinton, que además es saxofonista.

“Mi querido amigo y compañero de ruta. Padre musical y segundo de los otros”, escribió Aslan en sus redes sociales, a modo de despedida. El músico contó que tenía previsto comenzar a trabajar en un nuevo proyecto la semana en que Jaurena fue hospitalizado por COVID.

Espectáculos con Libertad Lamarque, el Polaco Goyeneche, Hugo Del Carril, Charlo, Agustín Irusta o Edmundo Rivero son parte de un curriculum larguísimo que incluye un Grammy Latino (en 2007 por Te amo, tango) y hasta el nombre de Astor Piazzolla, con quien el uruguayo compartió escenario de joven. Esa actuación, en el Festival de Jazz de Montreal, marcaría a fuego su búsqueda artística.

“La conservación del espíritu musical de Piazzolla se volvió su vocación personal: la interpretación del tango de Jaurena, enriquecida de influencias del jazz, arreglos propios e improvisaciones espontáneas, fascina a nuevas generaciones de escuchas y bailarines”, dice su biografía.

Raúl Jaurena y Federico García Vigil. Foto: Archivo El País
Raúl Jaurena y Federico García Vigil. Foto: Archivo El País

En estos 40 años, Jaurena nunca cortó el vínculo con Uruguay. Vino a tocar incontables veces, trabajó con Federico García Vigil y con la Orquesta Filarmónica y la Sinfónica; fue fundador de la Fundación Cinearte y director del proyecto Escuela de Tango Destaoriya. Participó en un evento por los 100 años de El País y este año iba a dirigir el proyecto Bandoneón: el sonido del tango, con el que la UNESCO premió a la Fundación Cienarte.

“Nos quedan sus grabaciones de técnica depurada y elaborada musicalidad”, expresó la Orquesta Filarmónica de Montevideo, tras conocer la noticia. Queda, también, el ejemplo de una vocación y de una misión clara siempre asociada a trabajar, a tender puentes y a enriquecer la música.

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