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No aclares que oscurece

Las polémicas declaraciones de un músico que ya supo levantar polvareda.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Gustavo Cordera y su banda darán hoy el único show del año en Montevideo.

El rock siempre vivió de las polémicas. No solo de ellas, claro. Pero declarar cosas extraordinarias, a veces hasta chocantes, siempre fue parte de la religión rockera, parafraseando a Charly García.

Hay incontables brulotes de gente tan notoria y famosa como Iggy Pop, Andrés Calamaro o Noel Gallagher que alimentan la mitología o el folclore del rock. Cordera mismo, en el ojo de la tormenta ahora, supo de levantar polvareda a lo largo de su trayectoria como cantante de Bersuit Vergarabat. Tanto en letras como en declaraciones, Cordera molestó cuando se refirió a cosas como el gobierno de Carlos Menem o la instalación de las plantas pasteras en frente a Gualeguaychú.

El lunes, el ex cantante de La Bersuit y ahora exitoso solista desde La Paloma, dijo: “Hay mujeres que necesitan —porque son histéricas—ser violadas para tener sexo. Psicológicamente lo necesitan, porque tienen culpa y no quieren tener sexo libremente. Quieren jugar a eso. A mí no me gusta jugar a eso. Pero hay gente a la que sí le gusta”.

Se armó, obviamente. Como ya se sabe, Cordera intentó primero un descargo en su página oficial de Facebook, que luego borró. Más adelante dijo: “Siento una vergüenza, me siento un pelotudo. Una vez más me mandé una cagada, sin más explicaciones”.

Pero aún así no fue una admisión sin ambagues. En la misma entrevista radial que dijo sentirse un “pelotudo importante”, Cordera enmarcó sus declaraciones en una suerte de “puesta en escena” para incitar al debate, porque la charla —que compartía con, entre otras, personas, la periodista Ingrid Beck, connotada defensora de los derechos de la mujer— era ante estudiantes de periodismo. “Ese día la consigna que yo tenía era provocar enfrentamiento, disenso de alguna manera, parecida al psicodrama, ponerse el espejo. Se tocaron varias temáticas, en todas traté de buscar como es mi costumbre, la provocación, lo hago con el arte y con las canciones”.

Pero además dijo lo que todos dicen cuando pasan cosas así: “Me sacaron fuera de contexto”. También criticó al estudiante que transcribió la charla y publicó sus declaraciones en su cuenta personal de Facebook: “Él sí violó el acuerdo que teníamos entre todos, él si lo viola. El sí es un violador, de alguna manera, no del tipo sexual, pero sí está violando una ley”, dijo Cordera en esa entrevista radial.

Le dieron con todo. Incluso el gobierno de Mauricio Macri analiza denunciarlo penalmente por “apología del delito”. Cordera tuvo un defensor: Mario Pergolini. El empresario y comunicador salió a decir en un programa de Vorterix, el medio que comanda, que “Si lo agarrás sólo (por las declaraciones que trascendieron) es una barbaridad, si fue dentro de un juego de un montón de barbaridades, no me parece una barbaridad, me parece una barbaridad que lo amplifiquen porque no está hecho para que lo amplifiquen (...)” La “barbaridad” estaría en que algo que era privado fuese hecho público, no el razonamiento en sí.

“Siempre fui provocativo, pero también soy un tipo de corazón”, le dijo Cordera a La Nación. “Y para mí, un niño, un adolescente, una mujer, es un ser preciado. No es objeto de ningún tipo de maltrato. Ni siquiera lo hago con las plantas, los animales, ni los insectos. Amo a todas las formas de vida que existen y las respeto.

Tal vez, lo único que podría rescatarse —para seguir debatiendo— de este episodio es algo que Cordera señaló y que también forma parte de la leyenda del rock desde que éste es un movimiento cultural y comercial masivo (aunque no solo del rock, obvio): que tanto músicos como staff vinculado a giras y presentaciones, tienen relaciones sexuales con menores de edad.

La existencia de “groupies” menores podría llevar a una discusión pública más amplia acerca de las razones por las que una chiquilina (o chiquilín, claro) puede valerse de su sexo para compartir un momento con el ídolo. Esa o ese joven ¿Está dando muestras de “empoderamiento” o precocidad si ofrece un acto sexual, ya sea directamente al ídolo o a alguien cercano a éste, para así llegar a la estrella?

Por ahí, hacerse esas preguntas pueden dar pie para explorar hasta qué punto el músico (o alguien en su cercanía) es consciente de las asimetrías entre una menor de edad (aún está en sus años formativos), y la experiencia o sensibilidad de un artista con más años y más mundo recorrido.

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