GABO FERRO

Música extravagante de hechizos

Dueño de una obra personal y premiada, el cantor y poeta argentino actúa este jueves en la Hugo Balzo

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Tengo cinco poetas señeros que me marcaron y entre ellos están Idea y Marosa".

Tiene ocho discos, libros de ensayo y poesía y una presencia en vivo originalísima. Todo eso le ha servido a Gabo Ferro para construir una carrera que tiene un público fiel y le ha valido, casi sin quererlo, premios tan importantes como el Konex o el Gardel. Para quien conoce su vozarrón en el que dispara (acompañada solo por una guitarra combativa y acústica) una poesía visceral, llena de imágenes de cotidianeidad y también de fantasía, Ferro es un duende punk, el único de su especie.

No a todos le pasa pero al enfrentarse a su obra, es imposible no quedar expuesto a esa poesía y a esa presencia avasallantes. Es un artista serio que viene dando batalla desde hace más de 25 años. A comienzos de la década de 1990 formó Porco, una banda legendaria del hardcore argentino con quienes estuvo hasta 1998. Después de un "descanso" de siete años (en el que básicamente estudió y se recibió de historiador) volvió en 2004 convertido en solista con un gran disco Canciones que un hombre no debería cantar. Desde entonces no ha parado de consolidarse como. Fue elegido entre las 100 personalidades más destacadas de la música popular de la última década en el marco del Premio Konex en la categoría Canción de Autor. Ferro ya estuvo en Montevideo (la última vez en 2012) y prepara con esmero, dice, el recital de este jueves, a las 21.00, en la sala Hugo Balzo dentro del ciclo Música que viaja. Viene con un disco compartido bajo el brazo (Veneno de los milagros con Luciana Jury), dos libros (uno de poesía Recetario panorámico elemental fantástico & neumático y otro de ensayos, 200 años de monstruos y maravillas argentinas) y una colección de canciones y una forma de cantarlas que estaría bueno no perderse.


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—Su capacidad de trabajo es envidiable: es poeta, cantor, doctor en historia y no le dice que no a ningún proyecto que se le ocurre. ¿Cómo hace?

—Manejo dos cosas en paralelo: el deseo y el sentido de la oportunidad. Siempre me llegan propuestas —más allá de mi trabajo formal de armar conciertos o escribir canciones— y estoy atento a las convocatorias de gente que admiro. Así que cuando me hacen una propuesta. acomodo la cintura para hacerla. Cuando encuentro un blanco, despunto otros vicios como la historia o escribir poesía. Se trata de ver qué aparece y seguirlo.

—Para alguien que conoce su música desde esta orilla y las noticias sobre usted se limita a los discos nuevos y poco más, sorprendió que una obra como la suya haya terminado siendo tan conocida y reconocida. ¿A usted también lo sorprendió?

—Aunque no lo persigo, lo celebro. Mi intención es satisfacer ciertas cuestiones personales cuando trabajo y si a eso le suma que la gente va a mis recitales, compras mis discos, va a la presentación de mis libros o me premian, yo acompaño con el cuerpo. No soy muy amigo de los premios pero no por capricho sino porque no pienso en ellos. Convengamos que es subjetivo: a cuántos proyectos no premian y son superlativos. Como es tan subjetivo, imaginate perder la pasión por lo que se hace por un reconocimiento. Cuando fue lo del Gardel que es un premio de la industria y para vender discos y yo sin tener una estructura como mis compañeros de terna (que eran Axel y Miranda!), ahí estuve. Y eso que la paso mal porque soy bastante fóbico.

—No quiero parecer chauvinista pero en varias entrevistas menciona como influencia a las poetas uruguayas Marosa Di Giorgio e Idea Vilariño. ¿Que encontró en ellas?

—Tengo cinco poetas señeros que me marcaron y entre ellos están Idea y Marosa. Eran dos revolucionarias: después que las leí no fui el mismo. Acá en Buenos Aires conocí a Marosa cuando ella se me acercó, me tocó la mejilla y me dijo que era un ángel . Yo tenía 20 años y me quedé de piedra. Yo estaba hipnotizado porque acababa de verla leer sus textos y no volvía, ni quería volver. No escribiría igual sino hubiera existido Marosa.

—¿Cómo conviven en usted el poeta y el cantor?

—El año pasado se editó una antología con las letras de mis ocho discos para poner la letra de la canción en un lugar de valor porque es hermana de la poesía. Y después vinieron las propuestas de varias editoriales de poesía para que yo edite poesía y ahora acabo de editar Recetario que es un salto al vacío de lo poético.

—Aunque puede haber gente a la que no le guste lo que usted hace...

—Perdón pero la hay. Y enhorabuena. En general cuando no gusta es porque están en contra del ejercicio de mi libertad cuando ven que yo canto, escribo, toco como quiero. Igual en más de 10 años, nunca hubo una crítica que no tuviera un insulto. Y tiene que ver con eso: les revienta que ejerza mi libertad. Cuando hay un insulto, es que no se puede decir nada más que lo uno tiene adentro para sí. Pero han sido contados con los dedos de la mano, más allá de las cloacas de Twitter y esas cosas.

—Pero hay más gente que habla bien de usted.

—Un tiburón de la canción me dijo: "Pudiendo cantar tan lindo, cantás así". Pero justamente es eso porque a mi me gusta trabajar con todo aquello del bel canto y no consideraría disponer de una canción para que esté bien cantada. A mi me gusta el residuo de la voz y del cuerpo, me gusta expresivamente la desafinación en ciertos lugares, la falta de aire, la rotura del tiempo, el quiebre de la voz. Y esos recursos a veces son muy molestos de escuchar, lo sé, pero no puedo cantar la palabra "dolor" de una manera afinada, no me sale ni quiero que me salga.

—Y también el vínculo con Marosa, entonces, también está en el uso que usted hace de la libertad...

—Y el uso de la erótica desde un lugar infantil. Estoy absolutamente atravesado por su imaginario.

—¿De quién se siente cercano en la actual música argentina?

—Luciana Jury con quien grabé un disco que se lo regalé y después me di cuenta que no me lo quería perder ni en pedo. Es una persona que cuando enuncia, lo hace del mismo lugar extravagante que yo: no sabés de dónde viene y qué le sucede. Y considera, como yo, la canción como algo terriblemente peligroso y que hay ser muy discreto al usarla, casi como un material de hechizo, que puede hacer mucho bien y mucho mal.

—¿Qué vamos a ver y escuchar el jueves?

—Estoy todo el tiempo poniendo y sacando cosas que es lo que pasa cuando se está tanto tiempo sin ir a un sitio. Seguro quiero hacer un picoteo por mis discos pero también llevar lo de un espectáculo con el que cerré el Festival Internacional de Literatura que tiene que ver con la lectura. Eso sí, no quiero encerrarlos tres horas en el teatro y que terminen huyendo.

—¿Cómo lo está tratando la temporada electoral en Argentina?

—Me tienen harto. Hay como una recurrencia a ciertas estrategias de propaganda y antipropaganda que lo único que hacen es embarrar mucho la cancha. Soy de los que les gustaría que el juego de la democracia tuviera un tono más amable, más republicano y donde los discursos políticos tuvieran consonancia con la realidad misma. Pero lo que dicen no tiene vínculo con la realidad. Es pura literatura.

FERVOR POR FERRO


Canciones que... -2005-


...un hombre no debería cantar” fue el primer disco solista de Ferro y para aquellos que aún se acordaban de lo que había hecho con su anterior banda (Porco), se sorprendieron por la poesía acústica. Visto a la distancia, puede ser visto como un disco de camino hacia lo que Ferro desarrollaría más adelante aunque más contenido. Y esta eso folclórico (“El amigo de mi padre”) y hasta un valsecito (“Palabras malas”). Buen disco.

Amar, temer, partir -2008-


Grabado en vivo, es el disco que consolidó la manera de Ferro de pararse frente a su arte: es un tipo comprometido con sus canciones y con su decir. “Ahí va tu cuerpo al fuego”, “Alguacil”, “La casa nuestros discos”, “Voy a montar un caballo”. Es una buena manera de entrar en la obra de Ferro porque está despojado y encendido como lo avisa desde la propia tapa del disco.

El veneno de los -2014-


...milagros” es un disco en conjunto con Luciana Jury, una artista con la que Ferro comparte archipiélago artístico y que es, además, la sobrina de Leonardo Favio. La conjunción funciona ampliando el espectro musical de Ferro o por lo menos aportando otra lectura a sus composiciones. Qué buena está “Estamos, estarás” pero el resto también es cosa buena. Un disco sanador.

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