CARNAVAL 2018

La Mojigata, profunda, poética, luminosa y genial

Tronar de Tambores tuvo una muy buena propuesta candombera y La Bohemia mostró un espectáculo con altibajos.

La Mojigata
 Foto: Marcelo Bonjour

Los textos de La Mojigata, de primerísimo nivel, fueron otro año más las razones del éxito de una propuesta jugadísima, con un discurso profundo, que conjugó espesor conceptual y belleza poética.

“Atlético Mañana”, su espectáculo, resultó una construccuón originalísima, desbordante de inteligencia y casi completamente despojada del tono amargo y oscuro con el que una generación -ahora ya no tan joven- tiende a trazar desperanzados diagnósticos sobre nuestra sociedad y nuestro tiempo.

El presente es la clave del repetorio y su punto de vista narrativo.

Un presente que La Mojigata describe zurciendo los laberínticos caminos de un imaginario anclado en el pasado que, a su vez, se complementa con una visión realizada desde un futuro al que se transportan ficticiamente sus murguistas para ver y analizar la actualidad, en retrospectiva.

Históricamente, La Mojigata propuso textos mucho más encriptados y herméticos, imbricando ideas y desafiando los convencionalismos y fórmulas típicas de construir un relato.

Pero de un tiempo a esta parte, sus trabajos están plenamente jugados a lo dicho, al teatro de la palabra, un lugar donde la fuerza de las ideas cobra aún más vigor porque son plenamente intelegibles, mientras permiten involucrar otros sentidos, como, por ejemplo, la emoción, algo que en el antiguo tránsito estaba parcialmente vedado.

La Mojigata ahora, felizmente, nos afecta desde un lugar sensible donde el pensar y el sentir se dan la mano.

Sus ideas más brillantes se extienden a lo largo y ancho del repertorio.
Tienen alta contundencia, inciden, promueven un cambio de cabeza.

No obstante, la sal de este repertorio es lo que queda rondando, el sustrato, el sedimento, lo que permanece; un mágico conjunto de ideas que interpelan la raíz y fundamentos de la sociedad actual, cuyas lógicas perversas se han instituido para, peligrosamente, perpetuarse, sugieren.

La Mojigata habla de política. No de la política tradicional que pone en la guillotina a los personajes y hechos más visibles para que, sobre sus espaldas, discurran el veneno y el garrote.

Habla de política porque interpela los cimientos de un sistema, como el previsional, donde las generaciones más jóvenes están llamadas cooperar y sostener a las mayores, aunque en la irónica visión del libreto, ese sostén lo realizan los niños, quienes, jocosamente, están incorporados a un andamiaje que propone sus perversiades desde los primeros años de la vida.

Pero, según parece, ese mundo del revés que la murga va criticando sarcásticamente es difícil de cambiar, porque cada día es menos frecuente encontrar a sus protagonistas.

Es que, según expresan, esos quijotes no tienen más remedio que optar entre el conformismo, el desencanto, el gradualismo u ocupar su tiempo en una acción tan antirrevolucionaria como placentera: la fabricación de cervezas artesanales, que fue uno de los tantos guiños humorísticos utilizados para descomprimir y dar oxígeno a un intenso bombardeo de ideas.

Prosiguieron dos momentos brillantes: el de las relaciones laborales y el del medio ambiente.

El primero, sarcástico, es una pieza brillantísima, que da cuenta cómo la elección del trabajo por sí mismo puede resultar una idea emancipadora, siempre que el individuo pueda sobrevivir a la tentación que implica ser el patrón de uno mismo.

Es allí que, de modo delirante, el libreto describe las virtudes de quienes rompen tales relaciones de dependencia para transformarse en socios de sí mismos y desde ese lugar comienzan a asumir el discurso más conservador de las corporaciones patronales, que, entre otras cosas, cuestionan los derechos laborales o reclaman la baja de los costos del Estado, en otra demostración de que el sistema hegemónico es, por imponente, seductor y cuasi invencible.

El segundo momento, en tanto, aborda el tema del mediombiente y la ecología.

Lo resuelven de modo sarcástico, proclamando que están a favor de la contaminación, en un fragmento que también describe la existencia de un mundo que se destruye a sí mismo, porque, en su lógica, la existencia de un ganador requiere su contrapartida.

Y, en este caso, el que lleva las de perder es el planeta.

Finalmente, el remate de la propuesta es una invitación a vivir con fuerza el tiempo presente y el mañana. A salir a jugarse todo por el todo. A crear las partituras de una canción -la de la vida- que, aunque desafinada, es posible transitarla reinventándose, con una hermosa imagen que habla del ensayo y el error.

CANDOMBE

Tronar de Tambores actuó a segunda hora, con un espectáculo muy disfrutable, denominado “Migraciones”.

La propuesta habla sobre las múltiples posibilidades de partida a lo largo de la vida.

La central -la muerte- ,cuya carga simbólica en la mayoría de las sociedades de occidente es significada con una alta carga dramática, es abordada aquí con un tono alegre y seductor.

No obstante, esa muerte de apariencia dulce e irresistible, es exorcizada a través de la danza, música y naturaleza festiva del candombe, representada por varios de sus íconos, como si se tratara de un juego.

Y quién mejor que Kanela para portar esas banderas: la de un personaje que, desde su infancia se lanzó a la aventura, realizando un tránsito intenso por la vida.

Un tránsito cuyas páginas funcionan como antídoto para la casi segura derrota de la parca, aunque sea, de un modo imaginario sobre el escenario.
El espectáculo tiene como protagonista a un artesano del tambor, que interactúa con el tiempo y la propia muerte, que es la que va presentando los distintos cuadros.

Aunque con una argumentación que parte de la ficción y la fantasía, Tronar de Tambores se las ingenia para hablar de la migración de los hijos al exterior, la del propio Kanela -oriundo de un pueblo de interior, del cual partió en la búsqueda de su realización- o de la de los negros esclavos, que llegaron a estas tierras fruto de un desarraigo forzado.

A nivel técnico, la propuesta tuvo muy buenos trabajos de Néstor Silva, Edelweis Loyate y Gerard Grimaud, aunque por momentos el entorno musical encontró dificultades para ajustar los distintos planos de sonido.
No obstante, su banda musical fue fundamental para sostener una propuesta encendida y bien candombera.

La puesta en escena también fue importante al momento de definir los personajes, al tiempo que cuidó al detalle la interacción de los mencionados protagonistas con los personajes típicos y el cuerpo de baile.
Y a nivel textual, si bien el trabajo tiene un toque poético y mucha originalidad, tal vez le hata faltado alguna señal más contundente para ordenar la linea de argumentación, teniendo en cuenta que la misma es eminentemente fantasiosa y por momentos pudo resultar un poco difusa.
Pese a ello, Tronar de Tambores propuso un espectáculo de altísimo nivel, muy recomendable en todos sus aspectos.

LA BOHEMIA

La apertura de la noche fue con la murga La Bohemia, que presentó un espectáculo con un formato bastante tradicional, al estilo de las murgas de antaño.

La propuesta tuvo dos ejes: un cuplé sobre un consejo de ministros, en el que se van realizando caricatura de los principales referentes del gobierno, con una mirada risueña y crítica, mientras que el segundo pasaje es una crítica a los periodistas, también realizada a modo de caricatura.

Globalmente, la propuesta tuvo disparidad en el texto, que tuvo dificultades para enganchar a la platea de modo contundente, aunque sí se destacaron las divertidas apariciones de Walter “Cucuzú” Brilka, así como un emotivo homenaje a Omar Gutierrez.

Su punto alto fue una bellísima despedida que alude a los directores de antes.

A través de ellos, La Bohemia tributó una emotiva dedicatoria a su director escénico, Juan “Ángel” Peladito Díaz, quien a sus 74 años estuvo al frente del coro, arreglando “de oído”, como fue su sello de estilo por décadas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)