VIVIANA RIVERO

"Me gusta molestar al lector"

La escritora argentina habla de Mujer y maestra que ya está en Uruguay.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Viviana Rivero. Foto: Difusión

Mujer y maestra (Planeta, 450 pesos) es, en realidad, la reedición de la segunda novela de la argentina Viviana Rivero, aquella con la que ganó un concurso literario organizado por el gobierno de la provincia argentina de San Luis en 2010.

A esa altura Rivero, quien también es abogada, ya era conocida porque su primera novela, Secreto bien guardado, fue un éxito de ventas. Lo mismo ha sucedido con el resto de sus obras que han encontrado un público fiel, principalmente entre lectoras de novelas históricas. La última, Los colores de la felicidad, había sido uno de sus grandes best sellers.

Mujer y maestra cuenta los primeros años de la primera escuela laica en la Córdoba de 1885. Sobre esa historia y sobre la novela que está escribiendo, charló con El País.

—¿Qué le gusta de ser escritora?

—Me gusta someter a mis lectores en todos mis libros a que no todo es blanco y negro, sino que todos son grises. Y en este libro planteo la cuestión de si te dan a elegir entre el amor de tu vida o el sueño de tu vida, ¿con cuál te quedás? Y esa es la cuestión de Mercedes, la protagonista de Mujer y maestra, que se ve enfrentada a dos opciones. Me gusta molestar al lector y que sea él quien vea que hay grises y que no se puede estar sólo en un extremo.

—¿Cómo llega a la historia de Mujer y maestra?

—La consigna del concurso de la provincia de San Luis era cómo influye la mujer en la generación de un país. Entonces me puse a investigar y encontré que las primeras maestras de la educación laica argentina fueron estadounidenses.

—¿Todos los personajes de la novela son reales?

—Todas esas norteamericanas que nombro son reales. En Córdoba, donde vivo, está una de las bibliotecas más antiguas de América del Sur, que es de los jesuitas. Y allí encuentro un libro escrito por una de esas mujeres, En tiempos lejanos, que me sirvió mucho para ambientarme y entender cómo vivían estas mujeres. Otro de los personajes, Ramón Cárcamo, también existió.

—Fueron tiempos complejos los que se cuentan en Mujer y maestra. ¿La relación fue así de tirante entre Iglesia y Estado?

—Algunas mujeres rezaban porque pensaban que la escuela estaba poseída. Tenemos como prócer de la educación a Sarmiento que buscando un modelo nuevo viajó a Estados Unidos. Allí había una corriente, el normalismo, que se estaba aplicando con éxito. Sarmiento se reúne con Horace Mann, su creador, quien le propone enviar a varias norteamericanas para que preparen a las argentinas. A Sarmiento le gustan muchas cosas de la sociedad estadounidense como el interés por las noticias y que las mujeres trabajen, y además veía a la gente muy pendiente del reloj y de la hora cuando él no lograba hacer que los alumnos llegaran a las nueve de la mañana porque los mandaban a la escuela cuando se desocupaban de las tareas de la casa. Entonces esas cosas que le interesaron son las que trajo a Argentina.

—¿Cuánto duró este enfrentamiento con el Vaticano?

—Catorce años. El gobierno les venía advirtiendo que en el sermón del domingo no dijeran que no se envíe a sus hijos a este colegio. Hasta que un día el gobierno se cansó, llamó al nuncio apostólico, le quitan las credenciales, lo ponen en un barco y lo mandan de vuelta. Entonces el Vaticano se ofende porque Argentina se siente ofendida porque la Iglesia no respetaba lo que el Gobierno había pedido. Y entraron en un período de mutismo durante catorce años donde no se hablaban, no se invitaban y no había vínculo. Y todo se dio por lo que sucedió en este colegio. Y eso me pareció interesante para ponerlo en el libro. Y fue, además, una de las razones para escribir esta historia.

—El libro deja bien claro que no era sencillo ser mujer en esa época.

—Las mujeres tenían que firmar un contrato (que aparece al final del libro) donde se decía que no podían tener novio ni casarse, tampoco maquillarse ni quedar sola con hombres en la misma sala. Era una especie de sacerdocio por la vocación de ser maestras.

—¿Qué está escribiendo ahora?

—Me traje trabajo porque tengo fechas de entrega. Se hacen libros contrarreloj lo que no es tan divertido, porque me gustaría estar horas con una sola escena, disfrutándola. Pero ya no puedo hacerlo tanto. Me tomo mis licencias para las escenas que me gustan mucho o son importantes. Así, puedo estar todo un día con una escena sin mirar el reloj.

—¿Cuáles, por ejemplo?

—Son escenas determinantes en el libro. A veces me escriben y me dicen: "jamás pensé que le fueras a hacer eso a tal personaje". Es que se mueren los que no se tienen que morir o les quitan los hijos cuando lo que se espera de una novela es que vaya por un carril normal. En Secreto bien guardado (2010), después de enamorarse del nazi y quedar embarazada, los padres de la protagonista la hacen casarse con un hombre mayor. Entonces los lectores me escriben para decirme que no pensaron que fuera a hacerle eso al personaje. Pero eso es lo que me gusta, someter al lector a un sube y baja. Que no sea lo esperado hace que uno vuelva a los libros interesantes. Y esas son las escenas que disfruto hacer.

Una lección de historia muy bien contada.

Con un lenguaje sencillo Rivero logra ambientar esta historia fascinante sobre las maestras del primer colegio laico de Argentina a partir de Mercedes, quien debe decidir entre su vocación y Manuel, el hacendado que pretende su mano.

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