sin filtro

Martín Cirio: La Faraona de las redes sociales

Encuentro con un fenómeno de las redes que hará ocho funciones en Montevideo próximamente. 

Martin Cirio
   

Faltan dos minutos para las ocho de la noche en Buenos Aires. El frío que trajo Santa Rosa se hace sentir y en la puerta de un boliche gay al límite entre Palermo y Villa Crespo la gente se amontona para entrar. El encargado de seguridad del lugar comenta, con calma, que quien dará el show aún no llegó. Adentro las mesas están repletas, en su mayoría son mujeres. Quince minutos más tarde Martin se sube al escenario- el mismo en que menos de un mes se presentará Lizy Tagliani junto a Carlos Debat- con un vestido blanco, bien corto, que deja ver una calza que le marca los muslos. Medias color rosa, championes deportivos, lentes de sol.

Martín Cirio tiene claro que el que está arriba del escenario no es él sino el personaje que creó hace menos de cuatro años: La Faraona. Pero también sabe que comparten demasiado y que el nacimiento del personaje no es otra cosa que un proceso de liberación personal que le llevó 30 años de su vida.

En el monólogo de una hora el personaje no está solo, el público participa, incluso se anticipa: ya sabe cómo contestar, qué gestos hacer o qué modismos usar en cada momento. Es que La Faraona logra mantener la fidelidad de sus seguidores más allá de ese mundo en el que narra con detalles sus encuentros sexuales, se filma a cualquier hora del día bailando, comiendo huevo duro, satirizando videos de Youtube o ridiculizando el actuar de alguna figura pública argentina. Ese mundo que lo vio nacer y son las redes sociales.

Si a Gustavo Mariano Martín Cirio, a sus 34 años, le preguntan a qué se dedica prefiere invitar a ver sus videos en Youtube (su canal de 332.000 suscriptores) o Instagram (586.000 seguidores) en lugar de ponerse a explicar de qué va su trabajo. Su videos son sencillos: su cara en primer plano y habla. Habla de lo que le pasa, lo que hace o cómo se siente sin filtros. 

“A mí me tildan de ordinario porque eructo en cámara, por ejemplo, pero en realidad es porque lo ven de una forma incorrecta. Piensan que yo me rio de eso y no es eso. Es que estoy grabando una historia me viene un eructo y no voy a cortarla por eso, es algo natural”, dice Cirio en el departamento que compró hace menos de un año en un barrio alejado del Centro de la ciudad pero que prefiere que no se revele.

Sobre la mesa del living tiene una cámara con la que graba los videos para Youtube y un par de individuales con personajes del universo Marvel. En el piso hay restos de peluca blanca, su cama –es un monoambiente- está sin tender a pocos metros.

“Nunca había experimentado éxito hasta ahora”, dice mientras se toca la cresta desteñida que siempre ansió tener.

La Faraona

A sus 17 años, el pibe que nació y se crio en Parque Patricios ya sabe que le gustaría ser cantante o actor, aunque tampoco descarta ser modelo. Convive con su padre, su madre y su hermano. También sabe que es homosexual y se reconoce bastante reflexivo así que tiene varios diarios íntimos en los que escribe cuando necesita desahogarse. Escribe, por ejemplo, cada vez que se pelea con su padre, José, a quien a menudo encuentra ebrio. En el mismo diario de tapa azul con recortes de las Spice Girls pegados anota que es 2001 y que la crisis económica que sacude a Argentina abraza a su propia familia y que tiene miedo a pasar hambre.

Pero ese miedo a que la pobreza le toque la espalda no le quitará las ganas de subirse a un escenario. Estudiará actuación y canto y un día empezará a subir videos a Youtube para hacerse conocido. No lo verá mucha gente. Trabajará en un cibercafé chino 12 horas diarias y luego en un call center y más tarde en un instituto de inglés en Microcentro.

Sol Seijas, quien será su jefa en el instituto y ahora también amiga de Martín, lo verá entrar con las zapatillas rotas a un bar al que lo citó para tener una primera entrevista. Le bastará oírlo hablar unos minutos en un inglés bien pronunciado para darse cuenta de que el pibe de Parque Patricios tiene ganas de trabajar y que carga con las cualidades que busca en una persona a la hora de contratar para su emprendimiento.

Estudiando profesorado de inglés y trabajando en la academia conocerá a un chico con quien tendrá una relación amorosa que será breve pero intensa. A los cinco meses descubrirá que su pareja le es infiel e irá al psicólogo. Y será ahí, por primera vez en sus treinta años de vida, que Martín se dará cuenta de que él también mintió. Se mostró masculino, ocultó su gusto por el sexo exprés y procuró dar una imagen de un chico “normal” que trabaja 8 horas y se alquila su propio departamento. Venderá todo, se irá de viaje a India y seguirá grabando videos.

Al volver a Argentina se peleará con su madre antes de dar su primer show, que será en la localidad de Adrogué -a 23 kilómetros de Buenos Aires- y la entrada costará 25 pesos argentinos. “No lleves el tapado de piel, Martín. La Policía te puede agarrar”, dirá su madre. Viajará nervioso, se dormirá en el colectivo y llegará angustiado al lugar. Pero apenas se enfrente al público sentirá, ese mismo pibe que nació y se crio en Parque Patricios, que está contento y que es eso a lo que se quiere dedicar.

Ahora Martín ya casi no se toma colectivos. Por lo general viaja en Uber para evitar la exposición. No le molesta que se le acerquen a pedirle una foto pero sí lo pone incómodo cuando alguien le pide para hablar por mucho rato como si se conocieran más allá de las redes sociales. Es que, dice Martin, en sus videos cuenta tanto de sí mismo que la gente lo siente cercano.

-¿Por qué crees que te sigue tanta gente?
-Porque muestro lo mismo que hacen ellos.

Es agosto de 2018 y Martín sale de dar un show en Sitges, el bar ubicado en el límite de Palermo. Es viernes. Son la 1 de la mañana y mientras espera a un chico de 19 con el que tendrá sexo se hace un enema. Se filma. Se filma agachado en el baño de su departamento y carga el contenido a Instagram, a pesar de que la noche anterior recibió unos cuantos mensajes con insultos tras haber explicado paso a paso cómo hacerse un enema por primera vez. No le importa, se vuelve a filmar y lo sube a Instagram. Porque es La Faraona. Y la Faraona lo muestra todo.

O no.

La Faraona también se censura. Se censuró el día que la Cámara de Diputados de Argentina aprobó la media sanción para legalizar el aborto. “Nos vemos en las cañerías de la ciudad, bello feto”, escribió en una foto junto a “Dino”, un peluche recurrente en sus historias. Tras recibir algunos mensajes Cirio entendió “que la lucha no iba por ese lado” y la borró.

Martín recibe cientos de comentarios a diario. Algunos le agradecen por hablar de temas que nadie suele hablar, otros lo insultan, otros le dicen que esa no es la imagen que quieren dar de la comunidad gay. “¿Qué es la comunidad gay? ¿Es una persona? Somos todos. Es como que una mujer le eche la culpa a otra por vestirse de manera exuberante y le diga `por tu culpa nos dicen trolas´. No existe tal cosa como la comunidad gay o el colectivo de mujeres, somos todos distintos”. Cirio dice que por muchos años “la imagen de una persona gay se asociaba a la de Ricky Martin: hombre blanco, masculino, con un trabajo normal”, y eso a él no le interesa.

También recibe mensajes de personas cercanas. El día que se filmó haciéndose un enema su madre escribió: “Sabés que te apoyo en todo pero me parece que cruzaste la línea”. A la madre de Martín le costó asumir la exposición de su hijo. “Mi vieja me banca ahora porque ve la plata pero hubo peleas muy fuertes, yo qué sé, tenés a un hijo hablando de hemorroides en un video”. Cada tanto, él le recuerda la pelea antes de aquel primer show en Adrogué. Su padre, José, murió de cáncer en 2009 y con su hermano, que vive en un pueblo del interior, habla poco porque son “muy distintos”. 

Martín es reflexivo y si necesita estar solo lo dice sin problemas. La Faraona, en cambio, es extrovertida. Es, dice Martín, su versión “más feliz”. Y si hay algo que tiene es compañía.

Tiene un ejército de fans que actúan sin pedir permiso. Que irrumpen con comentarios en cascada en el perfil de Maru Botana y le gritan “Batanaaa” sin que la cocinera sepa a qué se refieren. Que hablan de “bebotear” como Luli Salazar. Que escuchan tanto una canción que recomienda La Faraona hasta colgarla entre las diez más escuchadas del mes. “Farafans” que en los últimos meses cambiaron su forma de hablar de tanto mirar el perfil de Martín Cirio.

Entre sus seguidores Cirio menciona a Leonardo Sbaraglia, Celeste Cid y al “Chano”, personajes a los que de chico miraba con admiración. Su humor, dice, es muy local. Luego de Buenos Aires en las estadísticas siguen Montevideo, Rosario y Córdoba. En Uruguay ya agotó las entradas (que valen entre $385 y $735) para siete de las ocho funciones que dará entre el 29 de setiembre y el 3 de octubre en La Trastienda. Volverá a presentarse en diciembre.

Sus seguidores, a diferencia de los de otros youtubers, suelen tener entre 25 y 30 años. Quizá eso tenga que ver con algo que menciona su amiga Sol Seijas: “lo bizarro. Lo promiscuo. Lo escatológico. El éxito en la cantidad de seguidores tiene que ver con que todos nos reconocemos un poco con eso. La diferencia está en que él se anima a exponerse”.

Martín coincide: “evidentemente si mirás mis historias es porque sos medio bizarro también”.

Estúpida y sensual Faraona.

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