Te odio, eternidad

La velocidad y la frustración, males de estos tiempos

El País habló con el escritor uruguayo Nicolás Alberte

Nicolás Alberte
Nicolás Alberte. Foto: difusión

El escritor uruguayo Nicolás Alberte sabe que puede ser difícil engancharse de primera con Te odio eternidad (Planeta), su segunda novela, pero quiso correr el riesgo.La primera fue Ópera prima, en 2007, y antes había publicado varios libros de poesía. Hoy estará en la Feria del Libro de San José, repasando lo que fue esta segunda inmersión narrativa. 

Alberte empezó a pensar esta novela hace años, mientras trabajaba en publicidad en Barcelona y desde entonces sabía que quería una estructura compleja. Años después, se radicó en La Pedrera, Rocha, para escribir tranquilo y se dio el lujo de seguir sus deseos. Ahí, la inspiración venía por las tardes o las noches, cuando corría, y a la mañana, con las ideas un poco más maduras, escribía.

La historia transcurre en torno a la creación de un Museo del Accidente y la ruptura estructural de la trama, que intercala escenas de los personajes con descripciones de obras de arte, es un desafío para los esquemas narrativos. “Quería que llegase y dijera ‘de dónde salió esto, qué pasó’, y que 300 páginas después descubriera el sentido”, explica Alberte a El País.

Lo que le gusta de esa forma de escribir es la exigencia que implica al descodificar. Dice que no es una novela para pasar el rato sin pensar demasiado, “para eso está la televisión, para agarrarte medio dormido y contarte un cuentito”. Así que si hay algo que debe saber el lector, es que para leer Te odio, eternidad, hay que trabajar y eso se da hasta en el final. Aunque, una advertencia válida, llegar a ese punto vale la pena.

Así, en un momento el hilo conductor nos lleva por la vida y las emociones de Juan Kobler, el protagonista y artista, y de repente nos enfrenta a una especie de fragmento de una Biblia escrita como si Dios fuera el Capital.

Esa Biblia es una de las obras de arte contemporáneas que Alberte dispone de a cuenta gotas. “Me importaba hacer obras que hicieran los artistas de ahora, este tipo de obras que ya no son un elemento decorativo sino que ocupan lugares raros o no ocupan lugares”, dice.

En cuanto a la elección de un Museo del Accidente como escenario, hay varios motivos. El primordial, cuenta el escritor, es que la inspiración para esta novela nació cuando leyó al urbanista Paul Virilio, que propone ese museo.

“Virilio habla de la importancia de la creación de un Museo del Accidente para una sociedad que vive en una velocidad tan vertiginosa, donde todo va tan rápido. El Museo permitiría ver los riesgos a los que estamos sometidos a esta velocidad”, explica.

Por eso, las ciudades que elige retratar el escritor son cosmopolitas, como las grandes urbes actuales donde todas las nacionalidades se entremezclan entre turismo, trabajo y vida cotidiana. “Hay una profundización en esa globalización absurda”, dice el escritor.

Kobler, por ejemplo, es uruguayo hijo de austríacos, que se fue hace años y trabaja en el museo. Es un artista que se siente frustrado y que lucha a lo largo de las casi 600 páginas contra una depresión notable. Otro síntoma de la velocidad de estos tiempos.

El personaje terminó por dominar a Alberte: “Kobler tomó una decisión que no estaba en los planes y yo la seguí. Se fue a la India a hacer su viaje espiritual, donde trata de cambiar su lado oscuro”. Lo que indica que en la trama hay un poco de esperanza.

Pero Kobler no es el único frustrado. En Te odio, eternidad, Alberte dedica unas cuantas páginas a presentarnos a sus colegas en el museo y son, salvo dos más esperanzados, víctimas posibles de un suicidio. Todos posibles creadores exitosos que no llegaron a donde hubieran querido y ven en la apertura de este museo una oportunidad.

Sus depresiones tienen que ver con que viven en el limbo de saber que van a morir sin dejar una obra que los trascienda. Y eso, la muerte y el arte, la eternidad frustrada, el miedo a caer en lo mediocre o quedar a la sombra de otros -males que pueden ir más allá del artista- es, al final de cuentas, el tema central de esta novela sin estructuras concretas, pero con algo para decir.

Ficha
Nicolas Alberte
Te odio, eternidad
Autor:
Nicolás Alberte
EditorialPlaneta
Páginas608

Precio: 750 pesos.

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