Entrevista a eduardo Milán

“Uruguay es la vida estricta”

Charla con una de las mayores voces de la poesía uruguaya de proyección internacional

Eduardo Milán
Eduardo Milán, de visita en Montevideo. Foto: Francisco Flores

Asomarse a la obra del escritor uruguayo Eduardo Milán (Rivera, 1952) implica recorrer toda una biblioteca, en la que se mezclan libros de poesía, ensayos y crítica literaria, que lo han ubicado entre los grandes autores nacionales que gravitan fuerte en el ámbito internacional. Radicado en México desde fines de los años 70, Milán se llevó de su país natal, cuando eran joven y tuvo que emigrar, todo un caudal de cultura uruguaya, que todavía parece estar presente en su modo de mirar el mundo. De hecho, no parece que hace tanto que vive en el exterior. Su manera de hablar, su mirada sobre Uruguay, es propia de un habitante de este país. Y sin embargo, tiene la perspectiva de la distancia. Y un juicio crítico directo y sin anestesia, que abarca tanto la literatura como la vida social. En charla con El País, Milán repasó aspectos de carrera.

-¿Editorial Hum está con planes de publicar tu poesía completa, o casi completa, acá en Uruguay?

-Sí, la idea era publicar conjuntamente en Uruguay y en España, cuatro libros que reúnen toda esa escritura. Pero después nos dimos cuenta que dada la escasa circulación que tiene acá lo que yo hago, por ahora preferimos seguir editando inéditos. Para mantener un poco al día lo que estoy escribiendo. O sea que no descartamos esa idea de reunir mi poesía ya publicada, pero también pensamos publicar un par de inéditos.

-Vos decís que en Uruguay tenés menos lectores que en el resto de América Latina.

-Creo que sí. Lo que yo hago tiene, y tuvo siempre, un cierto afán polémico. Tal vez por eso. Y también por un problema de circulación: en términos generales, la poesía no es algo que circule con facilidad, como sucede con la narrativa. En Montevideo, se hace mucha poesía y se reflexiona poco sobre ella. Y el sentido crítico que hay para abordar a la poesía que se va produciendo, es infinitamente menos que el que había hace, pongamos, 40 años. Cuantitativa y cualitativamente.

-Vos sos bastante detractor del boom de la literatura latinoamericana, ¿por qué?

-Porque el boom vendió una especie de imagen de América Latina para el mercado europeo. Y Emir Rodríguez Monegal tuvo un peso muy grande en la difusión del boom en Europa. Hay una parte del boom que a mí especialmente me molesta, que tiene que ver con lo real maravilloso cubano, de Alejo Carpentier. A mí me interesa la parte experimental del boom, como Julio Cortázar, un escritor que tantas veces ha sido descuidado. Sin embargo, la imagen que ofrece García Márquez es la más paradigmática del boom, y es la que me produce mayor alergia. Nosotros no tenemos, como cultura, una filiación en el Cono Sur tan surrealista, y tan armada de imaginarios improbables, como tienen colombianos, mexicanos.

-¿Ves que en el imaginario colectivo la poesía está todavía muy atada al romanticismo?

-Sí, y de un cierto romanticismo, ese que nos enseñaron en la educación media. Lo primero que transmiten los profesores de literatura, sigue siendo esa subjetividad desbordada, apasionamiento, hasta rodar por el piso. Tiene algo de ópera, de su relación con la tragedia, de simulacro. Hay una parte del romanticismo que es un montaje. Tiene mucho que ver con el legado del romanticismo de España y América Latina. Cuando Gustavo Adolfo Bécquer dice que poesía eres tú, hace una reivindicación del lector, con el cual ya se había peleado Charles Baudelaire en Las flores del mal, cuando en el prólogo llamaba hipócrita al lector, en 1848. Hay un abismo entre acusar al lector de hipócrita y decir que la poesía es el otro, amada, amado o lo que fuera.

-¿Cómo ves a Mario Benedetti, en el marco de la poesía uruguaya?

-Benedetti, por una cuestión de accesibilidad, y por todo su coqueteo con cierta poesía comunicativa, comprometida, como se llamaba en aquel momento, entreveró las aguas. Benedetti enrareció las aguas poéticas, en favor de una simplicidad comunicativa. Y nada en la poesía dice que tiene que ser simple. Tampoco nada dice que tiene que ser complicada.

-¿Y en el caso de Idea Vilariño?

-Idea es otra cosa. Es una muy buena poeta, incluso trabajando ese tipo de forma relativamente simple. Idea tiene una profundidad que la convierte en otra cosa. Las mujeres aquí en Uruguay han tenido otra profundidad de captación del problema poético. Marosa Di Giorgio, por ejemplo, que es un capítulo aparte en la historia de la literatura de Latinoamérica. 

-¿Y qué poetas uruguayos están más próximos a vos?

-Hay una generación actual, que fueron mis compañeros, Roberto Appratto, Roberto Echavarren. Enrique Bacci, que falleció no hace tanto. Y de la generación anterior: Salvador Puig, del que fui muy amigo, y prologué sus obras completas. Juan Carlos Macedo, otro desconocido, del que también prologué su obra. Y Jorge Medina Vidal, que es el maestro de todos, al que también le prologué el libro. Me he dedicado a prologar a todos.

-Jorge Medina Vidal tenía un perfil performático.

-Medina fue capital. Además, estaba en Facultad de Humanidades y tenía una captación de lo que era el fenómeno poético. Y el fenómeno parapoético. Hay un lenguaje y hay un diario del lenguaje. Uno escribe y escribe también el proceso de lo que escribe. Y los dos aspectos van. Medina era un hombre muy particular, muy raro. Fue un poeta marcante. Como fue Octavio Paz en México.

-¿Cómo ves a Uruguay cuando viene?

-Uruguay es el país más literal en la definición de economía. La economía entendida como administración de la precariedad, de la escasez. Uruguay es la vida estricta. Y paradójicamente, es el país que puede sobrevivir más, siendo uno de los más pobres del ámbito regional. Porque como no se mueve mucho. Y no veo muchas posibilidades de que cambie. Pero un país no sobrevive en la pasividad.

dos preguntas más

“El asunto es reivindicar el peso de la materialidad del lenguaje”

-¿Qué distancia hay de tu poesía a tu obra ensayística?

-Poca. Siempre intenté tratar al ensayo como una cuestión creativa, en términos de lenguaje. Claro que en el ensayo hay un aparte reflexivo, pero también la poesía lo tiene. Creo que hay matices de escritura diferentes: incluso tengo ensayos que empiezan de la misma manera que poemas.

-¿Y a su vez tu poesía es un poco ensayística?

-Sí, el enfoque poético tradicional es considerar a la poesía como un lenguaje aparte de la crítica. Como algo autoabastecido, subjetivo, donde uno dice lo que quiere, y como quiere. Pero después vienen los problemas. Porque si uno puebla el mundo de subjetividad, de ese lenguaje de la facilidad, a puro corazón, llega un momento en que la escritura, como materia, deja de interesar. Y el asunto es reivindicar el peso de la materialidad del lenguaje y de la escritura. Ahí es cuando la poesía, sobre todo en la primera parte del siglo XX, entró a jugar pesado. Y tuvo tanta influencia en la narrativa.

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