Entrevista

"No tengo por qué soñar porque puedo escribir"

Una charla con Haruki Murakami, uno de los grandes escritores actuales, sobre La muerte del comendador

El escritor japonés Haruki Murakami
El escritor japonés Haruki Murakami

La nueva novela del prestigioso autor japonés Haruki Murakami, La muerte del comendador (que acaba de ser publicada en Uruguay a través de Tusquets, 620 pesos), incluye, para empezar, una campana misteriosa que repica sola, una idea abstracta que se roba el cuerpo de un hombre de 60 centímetros de alto que está en una pintura y un viaje extraño a un mundo subterráneo poblado por atemorizantes “dobles metáforas”. El escritor incluso escribe en determinado momento que “varias cosas no tenían sentido”.

Pero se trata de Murakami, cuya ficción popular siempre juega con los límites entre lo real y lo surreal, lo mundano y lo fantástico, la vida rutinaria y sucesos lejos de cualquier rutina. Es difícil describir La muerte del comendador: es demasiado expansiva y compleja, pero presenta varios de los temas ya conocidos en otras novelas de Murakami. Aquí están, por ejemplo, el misterio del amor romántico, el peso de la historia, la trascendencia del arte y la búsqueda de algo que nos elude pero que parece estar ahí nomás.

La literatura de Murakami está traducidas a 50 idiomas; además de novelas, escribe cuentos cortos y novela sin ficción, además de que él mismo traduce libros del inglés al japonés. Durante una reciente visita a Nueva York, Murakami, de 69 años, se sentó conmigo para una entrevista después de haber salido a correr por Central Park (se sabe bien que correr es una de sus grandes pasiones). Mientras tomaba un café de Starbucks, habló sobre los misterios del proceso creativo, su amor por planchar ropa y cómo su adherencia estricta a una programación diaria para escribir lo ayuda a liberar su imaginación. Este es un resumen de esa conversación.

—¿De dónde surgió la idea para La muerte del comendador?

—No sé; la debo haber recogido de algún rincón de mi mente. De repente me puse escribir el primero o los primeros párrafos sin saber lo que sucedería después. Lo puse en un cajón en mi escritorio y después solo fue cuestión de ponerse a esperar.

—¿Y cómo se dio el resto del libro?

—Un día tuve la idea de que quizá podía escribirlo y entonces empecé y no paré de hacerlo. Hay que esperar para el momento correcto y sin duda llegará. Debes tener confianza en que las ideas fluirán y yo tengo confianza porque ya llevo escribiendo cuarenta años y sé cómo hacerlo.

—¿Es complicado para usted el proceso de la escritura?

—Cuando no estoy escribiendo mis propias cosas, estoy traduciendo que es una cosa muy buena para hacer mientras uno está esperando: estoy escribiendo pero no es una novela mía. Así que es como una especie de entrenamiento o trabajo manual. También estoy corriendo y escuchando discos y haciendo las rutinas de la casa, como planchar. Me gusta planchar. No es como que tengo una mente turbulenta cuando escribo. Básicamente, es divertido.

—¿Lee las reseñas de tus obras?

—No las leo. Muchos escritores dicen eso y es mentira, pero yo no estoy mintiendo. Mi esposa lee todas y cada una, aunque solo me lee en voz alta las que son malas. Dice que tengo que aceptar esas malas reseñas. Pero las buenas, olvídalo.

—Sus libros tienen muchos elementos surreales y fantásticos. ¿Hasta qué punto su vida es así?

—Soy una persona realista, una persona práctica, pero cuando escribo ficción me dirijo a las partes raras y secretas de mí mismo. Lo que hago es una autoexploración dentro de mí. Si cierras los ojos y te sumerges dentro de ti mismo puedes ver un mundo distinto. Es como explorar el cosmos, excepto que es el tuyo; viajas a otro lugar donde hay peligros y miedo, es muy importante saber cómo regresar.

—Parece que es difícil para usted hablar mucho de los significados detrás de sus obras.

—La gente siempre me pregunta sobre los libros: “¿Qué quieres decir con esto, qué quieres decir con aquello?”. Pero no puedo explicarlo para nada. Hablo de mí mismo y hablo del mundo, de manera metafórica, y no es posible explicar o analizar las metáforas; hay que aceptar esa forma. Un libro es una metáfora.

—Ha dicho que La muerte del comendador es un homenaje a El gran Gatsby, novela que justamente tradujo al japonés hace unos 10 años. Gatsby habitualmente es pensada como una tragedia sobre los límites del llamado sueño americano. ¿Cómo se relaciona a su nuevo libro?

El gran Gatsby es mi libro favorito. Lo leí a los 17 o 18 años, saliendo del colegio, y me impresionó la historia porque es un libro sobre un sueño y sobre cómo la gente se comporta cuando ese sueño le es interrumpido. Es un tema de mucha importancia para mí. No lo veo necesariamente como un sueño americano, sino como el sueño de un joven, un sueño en general.

—¿Sobre qué sueña?

—No lo hago; quizá solo una o dos veces al mes. O tal vez sueño más pero no recuerdo qué soñé. Pero no tengo por qué soñar, porque puedo escribir.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)