Lanzamiento

Sebastián Panzl presenta una crónica de un río, su paisaje y un crimen atroz centenario

"Muñecas en el río" es una historia policial que ocurrió en Villa Soriano y que el autor reconstruye tras una investigación periodística

Sebastián Panzl
Sebastián Panzl. Fotografía: Leonardo Mainé

Después de tres libros sobre asuntos así de universales como la Primera Guerra Mundial (Cartas desde las trincheras), la segunda (¡Tiren cobardes!) y la pena de muerte en Uruguay (Fusilados y verdugos), ahora Sebastián Panzl se dedica a un caso policial en el Oeste uruguayo. Es un cambio de tono y profundiza en un género en el que se siente cada vez más cómodo.

Muñecas en el río reconstruye el llamado “crimen de la Isla del Infante”, un asunto de crónica roja ocurrido en Villa Soriano en 1920. Y para hacerlo recurre a la crónica, un género que combina lo narrativo y la no ficción. Se nota que Panzl conoce el formato; la edición literaria es de Carlos María Domínguez.

“Desde el comienzo supe que esta historia debía ser contada como una crónica pero a diferencia de mis otros libros traté de no recurrir tanto a las citas de la prensa o los documentos que tienen esa cosa de la prosa que le da frescura pero esta vez decidí quitarle citas. Fue un trabajo más de leer y que el narrador se anime a llevar la historia”.

—¿Y cómo lo trató la crónica?

—Me costó mucho encontrarle el ritmo ágil al libro y que no sobre información y así concentrarme en las historias que se querían contar: la de un crimen y su investigación en dos líneas de tiempo. En el camino hubo algunas distracciones. Santo Domingo Soriano, por ejemplo. Hubo un momento en el que había una tensión entre si lo que iba a contar era su historia o la de un crimen que ocurrió allí. Opté por esto último.

Muñecas en el río cuenta la historia de un crimen ocurrido en el pueblo más viejo del país hace 101 años. Dos cadáveres mutilados que aparecen en una isla del Río Uruguay, disparan un relato histórico y una investigación actual. Desde el comienzo, con un timbó que saluda a los forasteros, el lector se va metiendo en un mundo que parece fantasmal y en un tiempo viejo que aún hace muescas en el presente.

“Me enteré de esta historia a comienzos de 2019, a través de Alejo Cordero, un funcionario de la Comisión de Patrimonio que es un personaje del libro”, dice Panzl. “Me llamó y me contó que estaba ayudando a unos investigadores que buscaban pistas de un crimen que había quedado a medio resolver”. La llamada bastó para intrigarlo y seducirlo. Los buenos cronistas saben dónde hay una buena historia.

—¿Qué le tentó del tema?

—Tuvo que ver con el desprecio que ha habido en este país hacia los ríos interiores. Tienen un montón de historias, de personajes que nos puede acercar a un mundo que la mayoría de los citadinos desconocemos. Por ejemplo, las de ese lugar donde confluyen los ríos Negro, Uruguay y San Salvador. Desde los tiempos de la conquista, allí ocurrieron los primeros movimientos habitacionales del país con la fundación en 1624 de Santo Domingo Soriano; 50 años después allí estuvo Juan Ortiz de Zárate y fundó la ciudad zaratina y eso confluyó con Hernandarias porque si venían las vacas era porque alguien las podría cuidar. Hay un proceso fundacional de nuestra historia y los vestigios están allí.

Ese interés se revela en que más allá de que hay un crimen oscuro con su investigación y sus personajes, a Panzl le interesa contar la historia de esos ríos interiores. Así, el paisaje de Muñecas en el río es un personaje.

“Villa Soriano es un universo muy hermoso y muy particular al que traté de investigar con mirada lenta”, cuenta el autor. “Fui muchas veces porque cuando se llega a un pueblo con 400 años de historia, la información te abruma. Todo el mundo tiene cosas para contar”.

Panzl, nacido en 1986 en Montevideo pero criado en Las Piedras, viene, y eso se nota del periodismo. Trabajó en El País y en El Observador.

—Los periodistas en general solemos ser muy celosos de los datos e intentamos poner todo lo que sabemos. La crónica exige una selección y de dejar mucho afuera. ¿Cómo se llevó con eso?

—Me costó enormemente porque los periodistas tenemos obsesión en explicar y eso, en general, suele enlentecer y decidí firmemente que quería un libro de ritmo ágil y que cada párrafo tenía que tener la información que tenía que tener. Por eso en el camino quedaron datos valiosísimos y a los que le tuve mucho cariño. Algunas las usé en las notas.

La crónica periodística en Uruguay tiene una larga tradición y es inevitable pensar en gente como Carlos María Gutiérrez o Ramón Mérica.

—¿Cómo ve el género hoy?

—La crónica en Uruguay está pasando por un buen momento. Pienso en el último libro de Fernando Butazzoni, Los que nunca olvidarán sobre el asesinato de Cukurs y cómo conjuga la historia con su propia historia. Y hay un montón de narradores tal vez más volcados a la ficción que da gusto sentirlos tan cercanos como Inés Bortagaray. Y están las argentinas Mariana Enríquez, Leila Guerriero o Tamara Tenenbaum haciendo crónica más dura.

Así de cómodo como se siente en el género, Panzl ya está pensando en la próxima historia. Va por el lado del mar y podría centrarse en el Agamenón, el buque de Nelson que terminó en el fondo del Río de la Plata.

—Lo conocí como periodista pero ¿hoy se siente más escritor que periodista?

—Esa pregunta siempre me la hice. Hoy me alcanza con sentirme un escritor que como otros está atento a lo que está sucediendo.

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