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Mujercitas: una historia eterna

Se cumplen 150 años de la primera edición del clásico de Louisa May Alcott

Portada de la edición de Mujercitas, de Louisa May Alcott, de Good Tone Library, de 1880 (del libro 1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer, de Julia Eccleshare, Grijalbo).
Portada de la edición de "Mujercitas", de Louisa May Alcott, de Good Tone Library, de 1880. Imagen: Difusión

Pese a que el ejemplar más antiguo de Mujercitas que hay en la Bibiloteca Nacional es de 1991, esta novela escrita por Louisa May Alcott, que el 30 de setiembre cumplió 150 años, fue el referente para varias generaciones de jóvenes lectores. Un libro que sigue presente en las librerías, hay ediciones comentadas y también ilustradas. Y se sigue vendiendo, según afirmaron algunas librerías consultadas por El País.

Seguramente cuando Alcott terminó de escribir la última frase de Mujercitas, nunca habría creído que esta obra de ficción, semiautobiográfica, permanecería en la memoria colectiva de tantas generaciones. Es que esta obra maestra de Alcott es una cápsula del tiempo donde se permite conocer cómo era la vida diaria de las mujeres a mediados del siglo XIX en Estados Unidos.

En realidad, mucho de su atractivo se ha mantenido gracias a varias versiones cinematográficas (el año próximo se estrena una nueva, dirigida por Greta Gerwig, la de Lady Bird), nuevas adaptaciones para la televisión, musicales, una ópera y un montón de productos derivados que se construyen sobre los personajes centrales.

Winona Ryder en Mujercitas
Tráiler de la película "Mujercitas" con Susan Sarandon y Winona Ryder

También se han escrito ensayos sobre esta obra. En setiembre se editó en Argentina El legado de Mujercitas: construcción de un clásico en disputa de Anne Boyd Rioux, donde la profesora de la Universidad de Nueva Orleans cuenta cómo la novela influyó a mujeres de la política y la cultura, además de ser inspiración a obras posteriores.

Parece que nunca se va a agotar el interés por conocer las aventuras de las cuatro hermanas March y su madre, “Marmee”, que viven en circunstancias un tanto empobrecidas en una pequeña ciudad de Massachusetts mientras su padre está fuera, en tiempos de la Guerra de Secesión estadounidense.

Las jóvenes retratadas en esta novela son sencillas, verdaderas, y con un fuerte espíritu feminista, y quizás por ahí pase el poderío de esta obra: es un intento logrado por representar a la mujer de su tiempo. Eso se debe a la formación de la autora, educada por su padre, Amos Bronson Alcott, quien le enseñó (a ella y a sus hermanas) para que disfruten del aprendizaje.

El personaje más extravagante de esta obra es la ambiciosa Jo March, una aspirante a escritora y alma independiente, muy similar a la imagen de Alcott. Por su feminismo y el desafiar las normas sociales y patriarcales de la época.

Mujercitas también es una historia autorreferencial, ya que al igual que las mañanas de las niñas March, las cuatro niñas Alcott, cuando vivieron en la comunidad Fruitlands, en Concorde, Connecticut, comenzaban su jornada a las cinco de la madrugada con baños fríos, desayunaban avena a medio cocinar y terminaban con lecturas de Platón al anochecer. Tanto la leche, manteca, huevos, lana, café, azúcar y arroz estaban prohibidos por la guerra. Y Alcott usó ese y otros datos de eso en su novela.

La historia de Alcott se ha traducido a más de 50 idiomas, con ventas continuas, como suele pasar con los verdaderos clásicos de la literatura. En 2016, la revista Time lo ubicó entre los 100 mejores libros para adultos jóvenes de todos los tiempos.

Y el público quedó cautivado con esta historia desde su primera edición, que vendió 2.000 ejemplares en pocos días, todo un best seller.

“Haciendo girar sus fantasías en papel, Louisa fue transportada y liberada. Su imaginación la liberó para escapar de los confines de la vida cotidiana para ser coqueta, intrigante, materialista, violenta, rica, mundana o de un género diferente”, escribió la biógrafa de Alcott, Harriet Reisen.

Y pese a que las ventas han continuado en este tiempo, la importancia de esta novela parece haberse perdido en los tiempos actuales. Por ejemplo, en la Facultad de Humanidades no hay un curso a partir del aniversario redondo de Mujercitas, aunque sí lo hay sobre Frankenstein, la novela de Mary Shelley, que este año celebró sus 200 años.

El sábado, en el Centro Cultural de España, se realizó el panel Mujercitas en el país de las maravillas, sobre los 150 años de esta novela.

“Mi visión es que es una novela vigente”, le dijo a El País Virginia Mórtola, una de las panelistas de ese encuentro. “El libro en sí es como un testimonio de un momento histórico, y en su momento fue disruptiva por su discurso del lugar de la mujer. A mí me gustó el primer libro, pero me pareció que cuando la escritora siguió escribiendo, las terminó casando a todas y terminó consolidando algo que en el discurso del primer libro, fue desvaneceiendo en términos ideológicos su frescura y su poder. Pero es vigente como un clásico y es un testimonio de una época y fue el primer libro pensado como literatura infantil y juvenil escrito por una mujer. Que también es importante”.

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