Benedetti

La popularidad y la crítica en un escritor que construyó una posible identidad uruguaya

Desde la década de 1980, cierta zona crítica nacional ha mirado con recelo la obra de Mario Benedetti quien, sin embargo es uno de los grandes best sellers de la literatura hispanoamericana.

Mario Benedetti
Mario Benedetti

En 1986, el periodista rioplatense Elvio E. Gandolfo publicó en la revista El Malpensante, “El caso Benedetti”, un artículo que en formato serie negra, ponía a un investigador privado (Suárez) ante un caso difícil: “averiguar por qué Mario Benedetti, a pesar de sus ventas enormes y de la gran popularidad de algunos de sus poemas, rara vez es incluido en antologías de poesía latinoamericana”.

Suárez, un verdadero sabueso, llegaba a una conclusión funesta: “Es malo, querido amigo. Pocos buenos poemas en mucha hojarasca”.

Así de contundente era la crítica literaria (de la que “El caso Benedetti” es uno de sus ejemplos más excepcionales) a mediados de la década de 1980. El artículo marcó una manera en su momento novedosa, de ver a un escritor que, en su momento, parecía intocable.

Sobre el tema, igual, hay dos bibliotecas y hay un gran sector de la crítica que rescata, también con justicia, su obra.

“Lo que Benedetti logró es trascender, a través de sus personajes, al ser humano y a quien vive, sufre y tiene ideales”, dice Hortensia Campanella, presidenta de la Fundación Mario Benedetti.

Está claro, igual, que “si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo” podrá funcionar como canción pop o marcador de libros, pero como poesía es, por lo menos, discutible. Más allá de eso, versos así hicieron de Benedetti, uno de los escritores más reconocibles de la literatura hispanoamericana. Su obra encontró un público que se sintió representado con sus imágenes románticas y, es inevitable, sus ideas políticas vinculadas a una izquierda que en Uruguay lo tiene como uno de sus iconos culturales.

“Inventó lugares obvios”, dice el escritor Fernando Butazzoni. “Porque cuando dice “El sur también existe” es una obviedad que todo el mundo sabe, pero esas cuatro palabras se le ocurrieron a él y lo hizo una consigna”.

Con cosas como esa se volvió uno de los escasos best sellers de la poesía en español con una obra que inspiró películas, canciones, cartas de enamorados y declaraciones de matrimonio en muchos idiomas. En 1999 recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y sus versos han encontrado público en mercados tan alejados como Corea del Sur o Alemania.

“En el vasto conjunto escrito por más de medio siglo, Benedetti creó versos difíciles de olvidar, como muchos de Poemas de la oficina y versos -como los del hiperconocido poema “Te quiero”- que mejor sería olvidar”, dice Pablo Rocca, profesor titular de Literatura Uruguaya de la Facultad de Humanidades. “Se adopte o se rechace su tono, entre coloquial e ingenioso, siempre sometido a un control de la forma, su voz se identifica entre otras, sea neorromántica o militante (lo cual es otra forma del romanticismo), sea ácida o amable. Y ese reconocimiento es una prueba de su expresividad, que lo hace obtener un lugar en la poesía en lengua española”.

Mucha de su poesía y algunos de sus ensayos, eso sí, pueden resultar un tanto coyunturales. “El país de la cola de paja, su mayor best seller, es un libro que envejeció muy mal: muestra una mirada alejada de la realidad y hoy se lee como una obra acartonada y sesentista en el mal sentido”, dice a El País el director de la Biblioteca Nacional, Valentín Trujilo. “Pero toda su obra de la primera época se sostiene y tiene su vigencia”.

Así, el mejor Benedetti parecería anterior a su masividad: Poemas de la oficina se editó en 1956, Montevideanos en 1959, La Tregua, en 1960, y Gracias por el fuego, en 1965.

“En poesía solo rescato la primera etapa, la de Poemas de la oficina”, coincide Laszlo Erdelyi, editor de El País Cultural. “El problema vino después: bajó mucho el nivel de su poesía, apeló al sentimentalismo fácil. Si Onetti le habla al lector al oído, Benedetti siempre buscó el aplauso de la masa”

Más alla de valoraciones, la obra de Benedetti sigue, todo indica, interpelando a muchos lectores. La cantidad de eventos que saludan el centenario de su nacimiento, por ejemplo, es una prueba irrefutable de lo que aún genera. Y contra eso no hay quien pueda.

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