Entrevista a ida vitale

"Es un peso más llevar el Premio Cervantes"

La consagrada poeta uruguaya habló con El País a pocas horas de enterarse que había ganado el mayor premio de las letras del mundo hispano

Ida Vitale
Ida Vitale, una figura de primer orden de las letras locales. Foto: Fernando Ponzetto

Desde que ayer se enteró que era la ganadora del Premio Cervantes 2018, su teléfono no ha parado prácticamente de sonar. “Este premio tenía la rutina de ser un año para un español, y al año siguiente para un latinoamericano. Y ahora me dicen que se rompió la rutina, porque el año pasado se lo habían dado a Sergio Ramírez. Y bueno”, dice Vitale con humor, al recibir en su casa a El País, a pocas horas de la noticia que está recorriendo el mundo. El galardón significa mucho para ella, pero también para la cultura uruguaya y para el Uruguay todo. Para evaluar este nuevo hito de su larga trayectoria, Vitale conversó sobre los distintos aspectos del premio

-El premio Cervantes lo recibió Juan Carlos Onetti, en 1980. Ahora su nombre y el de usted quedan asociados a este galardón.

-Sí, lo recibió una lista larga de gente, aunque tampoco es un premio muy antiguo. Onetti siempre fue una de mis admiraciones. Entre Onetti y Felisberto Hernández, nunca supe elegir cuál me gustaba más. Felisberto tenía una personalidad más curiosa. Onetti tenía esa sagacidad del silencio. Se quedaba callado, y después decía algo exacto. Pero yo siempre lo veo a Onetti abandonado, lleno de cenizas, despreocupado de todas la contingencias de la vida social. Una estupenda persona.

-No tengo la menor idea qué voy a decir. Tengo que hacer dos discursos, porque primero voy a ir a Guadalajara. Hay que tener mucha parla. Me lo imagino a Onetti, dando su discurso, brillante. Y claro que voy a viajar a España, si puedo. Ahora voy a hacer un viaje más corto, el viaje a España es un poco más complicado. Y creo que además trae cola con un viaje a Francia.

-Premio Cervantes: ¿qué influencia ha tenido el autor del Quijote en su obra?

-Es un peso más llevar el premio Cervantes. En el fondo, la literatura española es mi literatura. Todos los latinoamericanos nos alimentamos de ella. También leí italianos, y hubo una época en la que leí muchos autores franceses, pero mis primeras lecturas fueron españoles. No puedo decir cuánto pesó Cervantes en mi obra. Como tampoco puedo medir el peso de Beethoven, o Mozart. Son cosas que a uno lo nutren desde toda la vida. Y no solo Cervantes. Quizá yo empecé con la poesía de Garcilaso de la Vega antes que con Cervantes. Curiosamente: porque soy más lectora de novela que de poesía. Uno se acuerda de la Madre Patria cuando se siente heredera de todo lo que nos ofrece la literatura española, a los que podemos leer en español. Yo creo que la cultura es universal, que recibimos de todos lados. Pero lo que viene de la lengua de uno, obviamente tiene más peso.

-Y, la lengua me vino de España, pero a través del Uruguay. Bueno, he tratado de no ser muy localista, en cuanto a lengua, por lo menos. Con todos sus problemas, Uruguay es el país de uno. Yo soy heredera, sobre todo, de una escuela que fue excepcional. Mi marido, Enrique Fierro, siempre decía que lo que él era se lo debía a la escuela. Era una escuela modelo. Esa era la base del Uruguay. Quizá los maestros estaban mal pagados, hasta peor que hoy. Eran maestros realmente sacrificados. De pronto hacían doble horario, y sonaba el timbre, y se iban con un paquete de cuadernos a las casas, a corregirlos. Hoy no sé si lo harán. 

-Aquel Uruguay del 45 le debía mucho a sus escuelas.

-Sí, aquel Uruguay estaba formado por una escuela ejemplar: yo no separo las dos cosas. Y esa es una de las tareas pendientes de los gobiernos, actuales y los que vengan: volver a jerarquizar la escuela. Hoy hay escuelas en todos lados: pero eso no alcanza. No alcanzan los edificios. Lo importante es lo que se pone adentro: los maestros. Y yo tengo la sensación que eso, como otras cosas del Uruguay, está en baja. Y eso es gravísimo.

-Creo que sí. Bueno, ha habido muchos escritores que colocaron a Uruguay en el mundo. Pienso que todavía el mundo tiene cierto respeto por el Uruguay. Fue muy especial el Uruguay: el menor analfabetismo, y muchas otras cosas. Hasta la paz, que más o menos se conserva. Aunque yo soy un poco escéptica. Creo que el Uruguay ha crecido en cosas que de repente no son las más importantes. Es un país agradable, pero hay mucho problema por resolver. Toda mi generación prácticamente ha desaparecido. Pero encuentro gente joven muy simpática. No sé si es simplemente gentileza, o hay una formación cuidada.

-¿Cómo tomó la noticia del premio Cervantes, ayer de mañana?

-Primero que nada, fue una sorpresa. Antes que nada, eso. Yo en una época estaba medio enterada de los premios y cuándo se otorgan, pero ahora, ya ni diarios leo. O sea que no sabía que hoy se hacía público quién ganaría el Premio Cervantes. Y lo que me asombra mucho también es la difusión tan rápida que tuvo. Me han llamado gente de los más distintos países: recién me llamaron desde Ecuador. Como sea, habrá muchos sorprendidos, y yo la primera. Y todo es tan agitado que todavía no me ha dado tanto para alegría. Son los riesgos de la edad. Porque supongo que uno de los motivos del premio es mi edad. Es una especie de compensación.

-¿Se siente agasajada?

-Me siento agasajada, imprevista. De pronto injustamente agasajada. Pienso en toda la gente, los que viven y los que están muertos, sin recibir un premio. Tampoco es que un premio justifique la vida, pero es una alegría que muchos no han tenido. Esa es la parte injusta de todos los premios. Los que ignora. Y sobre todo este premio español, que yo me lo hacía hecho para la novela. Y es un premio que han recibido pocas mujeres, cosa que obviamente ha sido injusta”.

-El premio comporta también una suma en metálico. ¿Qué va a hacer con el dinero?

-Supongo que sí, pero no tengo idea. Me viene bien. Siempre hay muchas cosas que hacer con el dinero.

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