JULIO MARÍA SANGUINETTI

"A nadie le aconsejan leer un libro y eso me preocupa"

Entrevista con un Best Seller particular que va por la segunda edición de El cronista y la historia

Julio María Sanguinetti. Foto: Ariel Colmegna
Julio María Sanguinetti. Foto: Ariel Colmegna

El expresidente es un best seller: El cronista y la historia ya va por su segunda edición, y allí Sanguinetti compila una parte chica de una vida como periodista que lo ha tenido escribiendo todos los días. Eso le ha servido para reflexionar sobre temas históricos, algunos de los cuales ha vivido (y eso incluye conocer la Corea del Norte de “el padre de este engendro”, dice). Sobre el libro, la cultura de la clase politica, cómo se enseña historia en Uruguay e Isabel Sarli, habló con El País.

– Acá en su casa, recibe gente todo el tiempo...

– Uno tiene mucha experiencia y por eso hay mucha gente que me procura, lo que me reconforta espiritualmente. Y tengo bandadas de estudiantes. El otro día recibí a una niña de sexto que me preguntaba sobre los presos políticos y me hizo pensar sobre que en Primaria estemos enseñando esa historia de tanta fractura. La historia que debemos dar en la escuela no es una historia heroica falsificada, pero sí una historia que haga fortalecer la pertenencia al país y a un proyecto histórico. El tema no es ilustrar fracturas, es mostrar eslabones.

– ¿Usted está al tanto de lo que se enseña de Historia?

– Más o menos sé pero hay mucho apunte, mucha fotocopia: a nadie le aconsejan leer un libro y me preocupa. La enseñanza no solo es la alfabetización e información, es la socialización, el mecanismo de transmisión de los valores de una sociedad. Y con una familia debilitada como célula social, la escuela no es solo formación intelectual, hoy es también socialización.

– ¿No había una ideología en los viejos textos escolares?

– Había una ideología que era la de la Constitución. El país tiene una ideología -la liberal republicana- que trata de conciliar las libertades individuales con los valores de una democracia con estado de derecho y un Estado que legisla y regula esos derechos. Eso es lo que se transmitía.

– El cronista y la historia es, precisamente, un libro de historia.

-Es una selección de los miles de artículos que escribí sobre temas históricos. Y cuando empecé a juntar esos artículos, encontré que en mi labor de periodista había cubierto episodios que entonces eran periodismo de actualidad y hoy son historia. Estuve en 1959 en Cuba, en 1962 en Corea del Norte y en la Primavera de Praga. Era una manera de entablar un diálogo con la historia a partir del periodismo.

– Es interesante, a partir de sus textos de la década de 1970, ver cómo se decían cosas en esos años.

– Se aprovechaba una fecha histórica y uno escribía un artículo histórico, pero también tratando de mostrar el camino de la reconciliación. Cuando hablábamos del patriotismo, por ejemplo, lo hacíamos para contrarrestar una versión patriotera que quería instalar la dictadura. Ese era nuestro subrepticio combate.

– ¿La clase política es culta?

– Muchos se reían de mi porque no entendían cómo un político militante y activo estaba en esas cosas de la cultura. Pero sí había gente con buen gusto. Wilson, por ejemplo, cuando asumió en el Senado, me llamó y me dijo: “vos que entendés, ¿por qué no me elegís un buen cuadro para mi despacho?”. Le dije que tenía justo el cuadro para él y me fui al depósito del Palacio Legislativo y le traje un cuadro de la estación de ferrocarriles de Barcala. El había pintado una serie de cuadros fantásticos que después fue comprando y rompiendo, pero este se preservó porque quedó en poder del Palacio Legislativo.

– ¿Está atento al mundo de la plástica? ¿Va a exposiciones?

– Sigo atento y voy a todas las exposiciones. Hace una semana participé de un evento por la reedición de dos de los libros de Raquel Pereda, el de Sáez y el de Figari, que tenían prólogos míos.

– ¿Sigue comprando obra?

– Menos. Lo último que compré fue un retrato de Torres García por Menchi Sábat. Tengo un conjunto lindo de cuadros, pero no es una gran colección...

– Usted siempre dice eso pero tiene una gran colección...

– No tengo los best sellers. No tengo una luna de Cúneo, no tengo un “Candombe” de mi admirado y biografiado Figari, de quien sí tengo un “Entierro de negros”.

– ¿Cuál es su cuadro preferido?

– Los quiero a todos porque cada uno tiene una historia. Ese (señala una “Claraboya” de Nelson Ramos), me lo regaló Nelson Ramos que fue un queridísimo amigo, con quien compartimos un montón de historias. Tengo un retrato de Matilde Pacheco hecho por Cúneo que me lo regaló el maestro diciéndome: “Esto debió haber tenido otro destino, pero como el Estado batllista no sé adónde va a a ir a parar, lléveselo usted que es un batllista que me va a sobrevivir”. Otro cuadro que adoro es uno de Barcala. Tengo dos o tres pero este es uno pequeño que son unas manzanitas en tela. Tiene una linda historia. Barcala era tremendo en su rigor: vivía rompiendo lo que hacía. Hizo una exposición en el Instituto General Electric, y yo veía que miraba un cuadro más que los demás, así que cuando se descuelga la colección le digo a Angel Kalenberg: “Ese cuadro me lo voy a llevar porque estoy seguro que Barcala lo quiere romper”. Cuando vi que andaba buscando, lo llamo a Barcala y le digo: “Ese cuadro fue robado, lo robé yo”. Y él me insistía en que yo se lo devolviera, que quería volver a mirarlo. A los días viene envuelto en papel de diario un cuadrito chiquito, divino y me dice: “quiero cambiarle aquel cuadro por este que me parece que está bastante bien”. Se lo cambié y él rompió el que yo me había quedado.

–¿Cuál es la personalidad de la cultura más importante que conoció?

– Fui muy amigo del profesor Pivel Devoto, a quien le debo el impulso para hacer la biografía de Figari; Onetti con quien fui compañero de redacción y amigo en el diario Acción. Los dos son figuras muy representativas de sus mundos. Y en plano plástico basta mencionar a Cúneo que es la figura más representativa de la época, más allá de otros que hoy van adquiriendo ese lugar de magisterio, como es el caso de María Freire y Costigliolo.

– Todo muy interesante, pero una foto en el libro despertó mi curiosidad. ¿Cómo fue entrevistar a Isabel Sarli?

– Era preciosa, muy linda y no era esa belleza recauchutada como las de ahora. Era una preciosa mujer.

UN LIBRO QUE RECOPILA ARTÍCULOS E IDEAS

El cronista y la historia (Taurus, 490 pesos) reúne una mínima pero contundente parte de lo mucho que ha escrito el expresidente Sanguinetti en casi 60 años de periodista. Acaba de salir su segunda edición y se presenta el 8 de enero a las 19.00 en la Fundación Pablo Atchugarry, ruta 104 kilómetro 4,5, El Chorro, allá por Manantiales. Es con entrada libre.

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