ENTREVISTA

El misterio de la escritura y todo lo demás: Daniel Mella habla de "Visiones para Emma"

El autor publicó su nueva novela y habla de una trilogía autobiográfica y de los misterios de su relación con el oficio del escritor

Daniel Mella. Foto: Darwin Borrelli
Daniel Mella. Foto: Darwin Borrelli

"Escribo vestido y en ayunas, con un mate o un café y con tabaco y la casa tiene que estar en orden: los platos lavados, el baño limpio, la cama tendida”, dijo meses atrás a la Revista Domingo para contar sobre cómo escribe. Así está, un lunes a la tarde, el apartamento de Daniel Mella: prolijo, ordenado y con cada elemento dispuesto como en un set de película. Las flores siemprevivas, las bibliotecas, las tazas de té, las galletas, el cenicero, todo tiene un lugar específico.

Mella escribe vestido pero su literatura es, se repite, descarnada, despojada, desnuda. Escribe entre el olor a palo santo o a incienso pero sus novelas huelen a tabaco espeso; escribe entre paredes blancas y pisos barridos pero en su prosa hay barro y oscuridad.

Es parte de la ceremonia, es parte del ritual: hay que preparar el terreno para recibir a los demonios, hay que ofrendar cierta belleza para que la musa quiera venir.

Es parte, además, de la vida recorrida. Con más de 40 años, y confirmado como un autor que hay que atender; después de haber vomitado tres novelas a una juventud muy temprana, después de haber dejado de ecribir por una década y de haber retomado para ganar dos premios Bartolomé Hidalgo (el último por su aclamada El hermano mayor) Daniel Mella ya no le teme a la oscuridad.

¿A qué le teme, entonces? “A no haber vivido realmente. A estar muerto en vida”, dice en charla con El País. De chico lo persigue la fantasía de estar en el lecho de muerte y darse cuenta de todo lo que hizo para no vivir, “porque vivir da miedo”. “A eso le tengo miedo, a vivir en el cálculo. Porque la vida es un juego al que no podés jugar si no apostás todo”.

la novela

"Visiones para Emma"

Las páginas de La novela luminosa de Mario Levrero “están escritas como deberían escribirse todos los libros, como se debería vivir: con la energía de un condenado a muerte”, escribe Mella en Visiones para Emma (HUM), su última novela y la excusa para esta nota. El tabaco, la noche, el caos y los fantasmas rondan un libro autobiográfico en el que la religión, el padre, Levrero, Nueva York y el eterno dilema de la escritura completan el cuadro.

ficha
Visiones para Emma, de Daniel Mella. Foto: HUM.
Visiones para Emma
DeDaniel Mella
Edita HUM
Precio550 pesos

Es una historia con varios comienzos. Uno, el que se cuenta en la novela, es el encuentro con la Emma del título, una editora de Planeta que en 2006 lo convocó para que escribiera la versión local de Mujeres asesinas, y el reencuentro cuatro años después en el que le dijo al autor que lo que realmente funcionaba en Uruguay eran los libros de espiritualidad. Otro es, en 2014, el llamado de Gabriel Lagos para publicarlo en la revista Lento y la necesidad de Mella de contar sobre el último período de sus años en Nueva York, adonde huyó en 2002. El último es, en 2018, el impulso de unos alumnos de su taller literario, que habían leído la primera entrega de estos relatos neoyorquinos.

“Me empezaron a romper las pelotas, empecé a leer los archivos y me empezó a caer la ficha de eso con Levrero, la religión, mi padre. Entré como por un tubo, y ahí no paré”, resume.

Es un relato con varias puntas en el que Mella problematiza sobre su yo escritor, ese al que le ha costado asumir. Ya no se pregunta para qué o por qué escribe. Las interrogantes ahora son otras, más intrincadas.

“Es muy lindo estar escribiendo un libro, es una compañía hermosa. Siento además que, en un punto, escribir me protege. De muchas maneras”, asegura. “Y me intriga un montón el lugar que tiene la escritura en mi vida. ¿Por qué me ha resultado tan problemática? ¿Qué me produce que me ha puesto en jaque tantas veces?”.

Para las mismas preguntas el sujeto omitido puede ser Dios, puede ser el amor. “Miro para atrás y veo que mi relación con pila de las cosas fundamentales ha tenido tantas maneras que me parecen totalmente extrañas. Es realmente para cagarse de la risa o te deja como atónito, porque entonces nunca sabés realmente en qué estás metido. Si solo te das cuenta mirando para atrás, ¿qué es el presente?”, dice. “Me obsesiona un poco esta cuestión de que miro para atrás y he atravesado estados que hoy me parecen de locura. El amor es uno de esos estados. Los momentos en los que he experimentado el amor, me parece que estuve loco”.

¿Qué piensa hoy de la literatura uruguaya?

"Las opiniones que aparecen en Visiones para Emma son opiniones que tenía en aquella época; son opiniones de alguien que terminó dejando de escribir", explica Mella sobre lo que se puede leer en su nueva novela. "Entonces lo que cambió de mi percepción sobre la literatura uruguaya, de ese entonces hasta ahora, es que no es un foco principal de atención o preocupación, ni para quejarme. Lo que ocurre acá con los libros o no, la calidad de los escritores o no, la influencia que pueda tener Uruguay sobre la producción literaria, todo eso no me importa mucho. Sí me pasa que de un tiempo a esta parte hay un montón de escritores que me interesan".

interrogantes

El presente

Hoy, Mella trata de desentrañar y de encontrar posibles respuestas a esos misterios de su historia, y es lo que se refleja en su obra. El hermano mayor y Visiones para Emma se conectan a través de esta relación con la escritura y también lo hará la tercera pata de, digamos, una trilogía autobiográfica, pata sobre la que aún no quiere teorizar demasiado. Sí es probable que en ese próximo libro pese más la cuestión de qué fueron aquellos años en los que no escribió, y es probable que se incluya “Volver a volver” que es parte del flamante fanzine Flamenco, que editó con uno de sus grupos de taller.

Antes, casi inmediato, publicará un relato sobre su primer amor y una serie de poemas sobre el último de la mano de Fardo, la editorial de aquellos alumnos que le dijeron que había que hacer algo con sus escritos sobre Nueva York.

Los talleres literarios en los que incursionó en 2014 y de los que en su momento renegó —“yo no creía en los talleres”, afirma— se le han vuelto un espacio creativo, un lugar para hablar de literatura y donde volcar las obsesiones de turno. “Pero lo que más miedo me da es esa cuestión de ser lapidario. Odiaría que se generara conmigo lo que odié en aquel momento, de jovencito, cuando veía a mis amigos endiosando a sus profes”.

Hace tiempo que Mella trabaja hacia adentro para juzgarse y juzgar menos y quizás ahí está el conflicto religioso: en que su nombre, Daniel, significa “Dios es mi juez”.

Hace tiempo, también, que escondió ciertos juicios tras un pacto que también es una trampa al solitario. “Yo hago un acto de confianza en la literatura”, admite. “Si cabe en el libro, quiere decir que no puede ofender. Y si ofende, entonces el problema es del otro”.

Después de todo, sigue, nos vamos a morir y en todo caso los libros vivirán solo un poco más que nosotros mismos. Pero eso, la muerte, no le preocupa. Le preocupa estar muerto en vida, y escribir es la pulsión vital.

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