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Mirando el futuro en un mundo lleno de imprevistos

Yuval Noah Harari, el pensador israelí que es un best seller y una sensación de las redes

Harari
Yuval Noah Harari, un fenómeno literario. Foto: Penguin Random House

Estamos desnudos ante tantos cambios: nunca fue fácil para ninguna especie dar el paso de convertirnos en otra cosa. A percatarnos de esa intemperie social, emocional, tecnológica y política en la que andamos por la vida, nos ayudó el futurista del momento, el israelí Yuval Noah Harari.

Le han bastado tres libros, un montón de artículos académicos, cientos de entrevistas y otras tantas columnas, para alertarnos de hacia dónde vamos si los síntomas son, entre otros, la creciente tercerización en Inteligencia Artificial (que no sé por qué uno tiende a poner en mayúsculas) y el fin del liberalismo como, entre todas, la mejor de las opciones.

Algunos de esos puntos están más que claros en “Los cerebros ‘hackeados’ votan”, una columna que el domingo publicó El País de Madrid y que se ha convertido en uno de los disparadores culturales de la semana, según el standard que aporta la repercusión en las redes sociales.

En la nota, el autor de De Animales a Dioses, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI, plantea que “el liberalismo ha logrado sobrevivir, desde hace siglos, a numerosos demagogos y autócratas que han intentado estrangular la libertad desde fuera. Pero ha tenido escasa experiencia, hasta ahora, con tecnologías capaces de corroer la libertad humana desde dentro”.

En un país en el que 1.500 ejemplares vendidos es considerado un éxito alentador, Yuval Noah Harari lleva vendidos unos 15.000 libros en Uruguay, según fuentes de Penguin Random House. Pocos escritores extranjeros pueden alardear de tantas ventas en un mercado local pequeño y, en general, volcado a los autores nacionales. En Uruguay, el más vendido de sus tres libros es De animales a dioses (2014); los otros dos son Homo Deus (2018) y 21 lecciones para el siglo XXI. Los editó Debate y salen 790 pesos.

En la columna, desmitifica el libre albedrío y traza un panorama aterrador, sobre el que nadie parece estar hablando (o por lo menos, no con el grado de atención que le aporta Harari. al ser uno de los grandes best sellers de nuestro tiempo).

“Para conseguir piratear a los seres humanos, hacen falta tres cosas: sólidos conocimientos de biología, muchos datos, y una gran capacidad informática”, escribió Harari, quien es profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. “La Inquisición y el KGB nunca lograron penetrar en los seres humanos porque carecían de esos conocimientos de biología, de ese arsenal de datos y esa capacidad informática. Ahora, en cambio, es posible que tanto las empresas como los Gobiernos cuenten pronto con todo ello y, cuando logren piratearnos, no solo podrán predecir nuestras decisiones, sino también manipular nuestros sentimientos”.

Comparado con ese panorama, el mundo que plantea la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman -otro pensador de moda de hace unos años, pero que aún es mencionado como certero- es un mundo casi ideal.

La trascendencia global de cualquier cosa que diga Harari es bastante inusual para un académico apenas cuarentón, que escribe en hebreo y que se especializó en historia medieval y militar. De allí derivó en contar el mundo hacia atrás y hacia adelante, previendo el final del Homo Sapiens y la amenaza del cambio climático como temas prioritarios. El Brexit, los nacionalismos y otros tópicos habituales entre políticos y periodistas son, de acuerdo a Harari, meras distracciones.

Y diciendo esas cosas es que se ha vuelto uno de los hombres más ocupados del mundo, y cualquier pedido de una entrevista, por ejemplo, desde hace años se choca con una agenda que, aunque se lo suele definir como un gurú, es más propia de una estrella de rock: siempre está girando por el mundo dando conferencias. Recientemente se quejaba en el programa de radio de Russell Brand, de que su nuevo status de celebridad universal le ha sacado tiempo para pensar e investigar, dos tareas a las que estaba dedicado en exclusividad antes de convertirse en un best seller. No le roba espacio para sus dos horas diarias de meditación Vipassana, una costumbre que adquirió en Oxford en el año 2000. Es, además, vegano, y hace un retiro anual de 60 días en silencio y sin conexión con el mundo. Su carrera la maneja su esposo, Itzik Yahav, con quien vive en una cooperativa de granjas cerca de Jerusalén, y a quien definió, precisamente en la entrevista con Brand, como el pilar de su éxito literario.

Fue Yahav el que lo alentó a escribir De animales a dioses, su primer libro subtitulado ambiciosamente “Breve historia de la humanidad”, que se editó en hebreo en 2011 y en inglés y en español en 2014. En su edición en inglés vendió más de un millón de ejemplares, fue incluido por Mark Zuckerberg entre sus libros de 2015 y recomendado por Barack Obama (“es interesante y provocador”, le dijo a CNN). Algunas opiniones académicas han sido menos generosas, pero son cosas que pasan.

Desde entonces, aunque no ha repetido el éxito de aquel primer libro (aunque tanto Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI han sido formidablemente exitosos), Harari se ha vuelto un solicitado orador y columnista. Algunas de sus ponencias en el circuito de charlas TED, son las más vistas de la plataforma.

“Como historiador, me gusta hablar más sobre el pasado, pero la mayoría de la gente quiere escuchar sobre el futuro”, le dijo en octubre a la revista Business Insider. “Me molesta un poco cuando la gente me ve como una especie de gurú-profeta, como si supiera lo que sucederá en 50 años o lo que deberíamos hacer. Es obvio que nadie tiene idea de cómo se verá el mundo en 2050. Esta es probablemente la primera vez en la historia de la humanidad en que no tenemos ni idea de las cosas más básicas”.

Si llega a estar en lo cierto sobre algunas de las cosas que está previendo, nos espera un mundo lleno de aventuras: algunas buenas, algunas malas. Porque, como decía otro pensador contemporáneo, el futuro llegó hace rato. Y Harari está acá para contárnoslo.

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