un escritor y su mundo

Literatura sobre la otra cara de Punta del Este

Damián González Bertolino, una historia de vida tan singular como su propia literatura

Damián González Bertolino
Damián González Bertolino, con nuevo libro. Foto: Marcelo Bonjour

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Damián González Bertolino nació en 1980 en la Punta del Este que no está en el circuito turístico: el barrio Kennedy, un lugar de fuertes contrastes económicos y sociales, que él ha reflejado a través de una prosa intensa y vigorosa. Desde allí, ha ganado reconocimiento internacional: en 2016 fue parte del catálogo Ochenteros de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, como una de las 20 promesas de la narrativa latinoamericana y en 2017 integró la lista de los 39 mejores escritores de ficción de América Latina seleccionados en el Festival Hay de Bogotá (el otro uruguayo mencionado también es fernandino, Valentín Trujillo).

Por el 2000, con 20 años, González Bertolino estaba interesado por escribir literatura fantástica, hasta que descubrió que su entorno tenía mucho para hacer crecer una novela.

“Comencé a notar que a mi alrededor también había ‘narraciones extraordinarias’”, dice, “y que se trataba de cosas que solamente ocurrían en el eje San Carlos, Maldonado y Punta del Este, como consecuencia de todas las variables sociales que se producían entre los lugareños y quienes llegaban todo el tiempo del extranjero”.

Fue así que barrio Kennedy pasó, poco a poco, de ser su lugar en el mundo, a ser un asunto literario. “Es un lugar muy peculiar, con interacciones que a veces no se perciben en otros lugares”, dice González Bertolino que acaba de publicar por Estuario Editora, Herodes. “Estamos rodeados por un paisaje hermoso, pero muchísima gente vive en una marginación y un olvido muy grandes. Hay personas con una fuerza vital y un talento enormes que merecen ser canalizados. Lamentablemente cuando no se encuentra cómo hacerlo eso lleva a la frustración. Y ahí se vive un verdadero drama”, dice.

González Bertolino en barrio Kennedy
González Bertolino en su centro cultural de barrio Kénnedy. Foto: Fernando Ponzetto

“Tengo un gran cariño y hasta admiración por mis vecinos”, dice. “Aprendí mucho de ellos y gran parte de lo que soy como persona y hasta como escritor se lo debo a ellos. Por otra parte, a veces siento que una parte obligada de las entrevistas que me hacen es hablar del barrio Kennedy. Y eso me abruma un poco, porque me gustaría hablar más de literatura o de lo que estoy escribiendo”.

El barrio ha ido cambiando mucho en las últimas décadas. “Empecé a escribir con cierta conciencia de seriedad a fines de los 90”, cuenta. “Ya en esa época el barrio se había transformado. Las últimas islas de eucaliptos que había en su interior desaparecieron debido a la fuerte afluencia de gente desde otras partes del Interior que llegaban escapando de la necesidad. Fue la época del apogeo cultural del barrio. Luego vino la crisis y, como sabemos, eso causó o pronunció una fractura que ya existía. También la droga, la droga que consumen los pobres, que es la peor, trastocó algunas dinámicas y le hizo mal a mucha gente”.

“En el barrio el arte de hablar todavía se cultiva en las calles”, dice. “Siempre ves gente sentada conversando. Me encanta cuando llego del trabajo y voy al almacén y me encuentro con la gente que también llega de sus trabajos. Es un lío de comentarios y bromas que te ofrece además la sensación de que formás parte de algo”.

González Bertolino instaló en su barrio un centro que ha potenciado la actividad cultural: el proyecto Kennedy Cultura Feliz. Su núcleo es una biblioteca pública que empezó a funcionar hace unos cuatro años.

“Dedicar dos días de la semana a atender la biblioteca, recomendarles y prestarles libros a mis vecinos es uno de los grandes placeres de mi vida”, dice. “De a poco, tanto vecinos como amigos de otras partes de Maldonado se han sumado colaborando, ya sea entregando horas de trabajo en la biblioteca así como brindando talleres, charlas o espectáculos a la gente de acá, principalmente los niños y adolescentes”.

-¿Cómo ha jugado ser escritor en ese proyecto?

—Trato de desligarlo de toda mi otra actividad como escritor, aunque al final siempre termina saltando el dato. Pero tampoco me engaño: el haberme dedicado a escribir, conocer gente o tener contactos también me ha servido para conseguir ciertas cosas para la biblioteca o para el centro cultural adyacente.

A González Bertolino no le interesa ser solamente el portavoz de un lugar en el mapa. “Siempre hubo y habrá mucha buena literatura a partir de supuestas microgeografías. ¿No es Montevideo, de alguna manera, otra microgeografía a los ojos de alguien más allá de nuestro país? Lo importante es otra cosa. Una buena historia puede estar en cualquier parte, y el lenguaje que convoca para ser contada es lo que desafía a quien escribe. Y eso no se mide en kilómetros cuadrados”.

“Lo que sí me ha incomodado últimamente es esa cuestión extra literaria que me pegaron encima debido al lugar del que provengo. No sé cómo, pero de repente eso me explotó en la cara. Una noche salí a ver un espectáculo y alguien se me acercó y me dijo ‘Sos un fenómeno. No leí ningún libro tuyo, pero tu historia de vida me impactó. O hace unos días en la Feria del Libro de Maldonado, cuando un señor, con la mejor buena voluntad, me dijo ‘Me comentaron que tuviste una vida dura. Y yo le respondí: ‘¡Al contrario! ¡No pude haber tenido una vida más privilegiada’. Hay gente que sí ha estado mal de verdad. Los tragos amargos pasan y no hay que lloriquear de gusto, me enseñaron mis padres. Así que me gustaría ser más leído y mucho menos compadecido”.

Ficha
González Bertolino
Herodes
AutorDamián González Bertolino
EditorialEstuario
Precio470 pesos

“Herodes es una novela distinta: la secuencia argumental está todo el tiempo intervenida. Más que capítulos, pensé en momentos de la vida del protagonista, su hija y su esposa difunta. Existe un hilo entre todos esos momentos, y a veces el hilo parece perdido, como en nuestra querida vida”, dice González Bertolino.

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