Obituario

John Le Carré, el espía que se hizo escritor y mostró la otra cara de la Guerra Fría

El autor de éxitos como "El espía que vino del frío" y "El topo" murió ayer a los 89 años y deja una obra vasta, popular y elogiada por la crítica

John Le Carre
John Le Carré

El escritor británico, John le Carré murió el sábado, a los 89 años, en Cornualles, Inglaterra. Sus thrillers de la Guerra Fría, exquisitamente contados y que elevaron la novela de espías al alto nivel de arte al presentar a espías occidentales y soviéticos como engranajes moralmente comprometidos en un sistema corrupto lleno de traición y tragedias personales.

Antes de que Le Carré publicara su exitosa novela de 1963 El espía que vino del frío, que Graham Greene calificó como “la mejor historia de espías que he leído”, el modelo ficticio para el espía británico moderno era James Bond de Ian Fleming: suave, urbano, devoto de la reina y de su país. Con su impecable talento para salir de problemas con tiempo como para llevar a las mujeres a su cama, Bond alimentó el mito de que el espionaje era una suerte de juego glamoroso y emocionante.

Le Carré, que era el seudónimo de David Cornwell, cambió esa noción con libros que describían las operaciones de inteligencia británica como pozos negros de ambigüedad en los que el bien y el mal estaban demasiado cerca como para diferenciarlos y en los que rara vez era obvio si los fines, incluso cuando los fines eran claros, justificaban los medios.

Liderados por su mayor creación, el regordete, mal vestido, infeliz, brillante e implacable George Smiley, los espías de le Carré son hombres solitarios y desilusionados cuyo trabajo está impulsado por problemas presupuestarios, juegos de poder burocráticos y las maquinaciones opacas de los políticos: eran, además, hombres propensos a ser traicionado tanto por colegas y amantes como por el enemigo.

Smiley tiene una contraparte en la maestra de espías rusa Karla, que era su opuesta en ideología pero que era igual en casi todo lo demás, una oponente que él estudia tan íntimamente como un amante estudia a su amada. El final de La gente de Smiley, la última de la serie conocida como la “Trilogía de Karla”, los une en un sorprendente desenlace que trata tanto de la fragilidad humana y la profunda pérdida que conlleva ganar como de cualquier otra cosa.

“Ya no es una guerra de disparos, George. Ese es el problema”, le dice Connie Sachs, miembro de la inteligencia británica a Smiley en la novela de 1979, La gente de Smiley.

“Es gris. Mitad ángeles luchando contra mitad demonios. Nadie sabe dónde están las líneas”, dice Sachs en la novela final de la trilogía.

Una descripción tan sombría de la Guerra Fría moldeó las percepciones populares occidentales de la rivalidad entre la Unión Soviética y Estados Unidos que dominó la segunda mitad del siglo XX hasta el colapso de la Unión Soviética en 1991.

La Guerra Fría, para le Carré, fue una guerra sin héroes y donde la moral de los espías en Moscú, Berlín, Washington y Londres estaba a la venta, o destinada a la traición.

Le Carré alcanzó el éxito internacional tras la publicación de su tercera novela, El espía que vino del frío que escribió con 30 años, “consumido por el aburrimiento” que le causaban sus actividades de diplomático en la embajada británica de Bonn, en Alemania.

La novela, de la que se vendieron más de 20 millones de ejemplares, cuenta la historia de Alec Leamas, un agente doble británico en Alemania del Este. Su adaptación a la gran pantalla, con Richard Burton en el papel protagónico, marca el comienzo de una larga colaboración con el cine y la televisión.

Es que sus novelas son un material puramente cinematográfico, tanto que ha sido fácil mantener su esencia en el salto a la gran y pequeña pantalla, con otras elogiadas adaptaciones como El jardinero fiel, El sastre de Panamá y El topo.

El propio Le Carré fue agente secreto pero su carrera se terminó cuando el agente doble británico Kim Philby, reveló al KGB la cobertura de numerosos de sus compatriotas. Le Carré dimitió entonces del MI6, los servicios secretos británicos.

Los espías británicos estaban enojados porque le Carré describió al MI6 como incompetente, despiadado y corrupto. Pero aún así leían sus novelas.

En Uruguay sus libros se siguen publicando a través de la colección De Bolsillo. Allí se pueden encontrar títulos como Un traidor como los nuestros, El peregrino secreto, El hombre más buscado, El sastre de Panamá y Una verdad delicada.

“Temáticamente, el verdadero tema de le Carré no es el espionaje”, escribió Timothy Garton Ash en The New Yorker en 1999. “Es el laberinto infinitamente engañoso de las relaciones humanas: la traición que es una especie de amor, la mentira que es una especie de verdad, hombres buenos que sirven a malas causas y hombres malos que sirven al bien”.

Algunos críticos tomaron el mensaje de Le Carré como que los dos sistemas, el Este y el Oeste, eran equivalentes morales, ambos igualmente malos. Pero él no creía en eso. “Hay una gran diferencia entre trabajar para Occidente y trabajar para un estado totalitario”, le dijo a un entrevistador, refiriéndose a su propio trabajo como espía en la década de 1950 y principios de la de 1960.

Le Carré rechazó que sus libros se presentaran a premios literarios pero muchos críticos consideraron su literatura de primer orden. “Creo que fácilmente dejó de ser un escritor de género y será recordado como quizás el novelista más importante de la segunda mitad del siglo XX en Gran Bretaña”, dijo Ian McEwan a The Telegraph en 2013.


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