ENTREVISTA

Isabel Allende habla de su nueva novela y de literatura, política, feminismo e identidad

Entrevista exclusiva con la escritora que tiene nueva novela, Largo pétalo de mar

Isabel Allende. Foto: Lori Barra
Isabel Allende. “Necesito silencio y soledad para escribir”, dice la escritora Foto: Lori Barra

Isabel Allende lleva los 76 años con la serenidad de quien ha vivido bien. Tiene un anillo de serpiente que se enreda en el dedo mayor de unas manos tan pequeñas como ella toda, los ojos grandes y curiosos, la sonrisa moderada. Vista de espaldas, solo su caminar revela algo de una edad que no se adivina por ningún lado: pocas arrugas, sobrada elegancia y una energía vital que a mí, con dolor en el cuello por las almohadas demasiado altas, me avergüenza.

Allende es la escritora más exitosa de habla hispana y es una celebridad, pero ella, afirma, no lo sabe; dice que nunca se siente así, que no es famosa para su nuera, su hijo o su pareja. Solo es una mujer que trabaja, una madre, una suegra, una futura esposa. Y ya. No le llegan comentarios como el que me hizo el taxista la noche anterior, del tipo: “Esperemos que la señora Isabel Allende esté a la altura de su nombre”. El desconcierto cuando escucha la anécdota, parece afirmar lo dicho.

El lunes, cuando presentaba su última novela Largo pétalo de mar en una sala abarrotada de Santiago, Allende cortó los elogios de su interlocutora, la periodista Mónica Rincón, como si tanta palabrería la pusiera incómoda. “No se me han ido los humos a la cabeza ni se me irán, creo yo, porque ya es un poco tarde”, diría al otro día, en entrevista con El País.

Portada del libro Largo pétalo de mar de Isabel Allende. Foto: Difusión
Portada del libro Largo pétalo de mar de Isabel Allende. Foto: Difusión

“Yo creo que soy la misma persona de siempre. Yo no me siento famosa, pa’ empezar, y acarreo con el mismo cuerpo, la misma mentalidad, las mismas amistades, con la misma persona que siempre fui”, dice. “Y a la hora del calzoncillo, como decía mi mamá, cuando estás a solas contigo misma, eres tú, y eso no cambia. Yo siento que hago una labor que llega a mucha gente, pero yo no soy una celebridad. Una celebridad es un cantante de rock. Los escritores no son celebridades”.

Refugio y política

“El tema de los refugiados está en el aire. Cuando empezaron a llegar masas de refugiados a Europa, es que comenzamos a hablar de esto, porque refugiados ha habido siempre”, explica Allende a El País, para justificar por qué contó ahora esta historia que conoce hace tanto tiempo, y que conforma su flamante novela, Largo pétalo de mar, ya en librerías locales. “Y como yo también he tenido que irme de mi país por razones políticas, y después fui inmigrante en los Estados Unidos, conozco lo que significa. Yo soy una inmigrante privilegiada, porque no me toca limpiar baños ni fui indocumentada en Estados Unidos, pero soy una más de los latinos que, según Trump, venimos a quitarle el trabajo a los americanos”.

—Pero esa mirada está, más allá de Trump. A Uruguay están llegando una cantidad de migrantes, y un sector grande de la sociedad tiene ese “discurso” de que vienen a quedarse con el trabajo.

—Yo creo que eso se utiliza mucho políticamente. Es muy fácil meterle miedo a la gente, y cuando tú tienes a la gente asustada, la controlas. Entonces toda la campaña de Trump era basada en esa cosa contra inmigrantes; había que tener a alguien que pagara el pato, como fueron los judíos en tiempos de los alemanes. Este sentimiento nacionalista, populista, xenófobo, que hay en tantas partes ahora, vamos a tener que resolverlo de una manera más lógica que haciendo muros para separar a la gente. Porque con el cambio climático vamos a tener masas de refugiados, gente que va a escapar de las inundaciones, las sequías, los incendios, porque no van a tener qué comer, y el mundo va a tener que asimilarlo.

—¿A corto plazo?

—Creo que es un proceso más bien largo, y va a haber dos extremos: la gente que trata de ayudar, y la asustada que tiende a encerrarse. Hay una teoría inclusiva y una exclusiva; yo estoy entre los que incluyen. Porque si tu incluyes al inmigrante y no lo marginalizas, aporta.

Horas antes de la entrevista, en la presentación de su libro, Allende le dijo a su interlocutora: “Mira, no me hables de Trump, porque me dan ganas de vomitar”, y el auditorio le devolvió una carcajada que devino en un aplauso cerrado. “Trump, a mi modo de ver, representa la América profunda, lo que siempre ha existido. Hay que estar alerta”, advirtió.

Isabel Allende. Foto: Lori Barra
Isabel Allende: "Yo no me siento famosa, pa’ empezar, y acarreo con el mismo cuerpo, la misma mentalidad, las mismas amistades" Foto: Lori Barra

El segundo exilio los protagonistas de Largo pétalo de mar es a Venezuela, misma tierra que recibió a la escritora cuando se exilió de Chile durante la dictadura. La Venezuela de este libro es generosa, democrática, rica, bendecida, exuberante, privilegiada. “Se vivía alegremente, de parranda en parranda, con gran libertad y un profundo sentido igualitario”, escribe Allende en la ficción. De más está decir que la imagen es muy distinta a la Venezuela de hoy.

“Yo creo que va a haber una salida negociada”, dice Allende a El País, sobre la actualidad venezolana. “Maduro no se va a poder sostener por mucho tiempo más; el país está roto, quebrado, y lo que hay es una especie de dictadura. Pero hay una parte sustancial de la población que lo apoya, y que no se puede ignorar. Esto que dice Trump de que va a invadir militarmente Venezuela, es una locura. Hay mucha presión internacional e interna: ¿qué vas a hacer con esa tremenda oposición?”.

Feminismo e identidad

Allende no cree en Dios y menos en la religión organizada, aunque una vez, cuando su hija Paula -sobre la que escribió una de sus novelas más exitosas- estaba internada, se acercó a la fe y pidió ayuda. El año pasado se enteró de su propia muerte a través de las redes sociales (uno de esos fakes que aparecen cada tanto) y aunque hoy se ríe, en el momento hubo que montar una estrategia para que la noticia no llegara a su madre, de noventa y tantos años,

Isabel Allende. Foto: Lori Barra
Isabel Allende: "si una mujer hubiera escrito 'El amor en los tiempos del cólera', la hubieran acusado de sentimental y qué se yo". Foto: Lori Barra

La última carta que su mamá, con quien se escribía a diario, le mandó, fue a las 19.00 de un día cualquiera; dos horas después tuvo una crisis, y seis días después murió. La Ofelia del Mar de su última novela tiene cosas de su madre, dice, porque para escribir, Allende necesita del otro: usa como modelos a las personas que la rodean, y nunca pierde de vista al interlocutor para desarrollar sus historias.

“Ahora le escribo mucho a mi hermano. Porque para mí siempre se trata de una conversación. Cuando escribo, le estoy contando un cuento a alguien. Muchas veces me imagino que estoy sentada en la cocina -imagínate la tontería-, estamos tomando el té, y le estoy contando esta historia que a mí me apasiona a una persona”, comenta.

“Necesito silencio y soledad para escribir”, dice la best seller, “pero nunca me siento sola”. Sin embargo, Allende no fue siempre así. El recuerdo de su infancia es poco feliz y podía pasar meses “en casi total silencio”; por eso su literatura tiene tantos personajes que eligen no hablar. Pero si la niñez fue callada, la adolescencia fue furiosa: le indignaban la injusticia, la pobreza y el machismo, en una época en que el término ni siquiera estaba socialmente instalado.

—¿Cuándo o cómo reconociste el machismo?

—De muy chica. Mi padre abandonó a mi madre con tres niños; el último no había nacido, y ella se tuvo que ir a vivir a una casa de hombres, a la casa de su padre. Mi mamá había sido educada pa’ señorita, no pa’ ganarse la vida; vivía de la caridad de su padre y su hermano mayor. Tenía casa y comida, pero no autonomía ni libertad. Y era preciosa, mi mamá; linda y frágil. Se enfermaba mucho, y creo que se enfermaba porque era el único momento en que alguien la protegía y le prestaba atención. Una vez le dio tifus y se quedó ciega por 20 días; esas cosas graves le pasaban todo el tiempo. Entonces yo la veía como una víctima, y a mi abuelo como un ser formidable. Yo quería ser como él. Entonces de muy chica, para proteger a mi mamá, me rebelé contra la autoridad masculina. Y después a mi padrastro, que era encantador, lo detestaba; me daba una rabia tremenda. Yo siempre dije que le hice la vida imposible los primeros años, pero era un tipo tan generoso que dice que yo me lo inventé, que no es verdad. Pero sí se la hice, como hasta los 20. Ya a los veintitantos, cuando empecé a trabajar como periodista en una revista feminista, la rabia se transformó en acción.

Isabel Allende en la presentación de "Largo pétalo de mar". Foto: Lorena Palavecino/PRH
Isabel Allende en la presentación de "Largo pétalo de mar". Foto: Lorena Palavecino/PRH

—Sin embargo, algunas de las críticas más duras que se te hacen, tildan tu obra como “literatura femenina”, en tono despectivo.

—Sí, como si eso fuera algo malo. Mira: si una mujer hubiera escrito El amor en los tiempos del cólera, la hubieran acusado de sentimental y qué se yo. Si lo escribe un hombre es perfectamente aceptable. A las mujeres nos cargan la mano mucho, y la crítica es despiadada con las mujeres, a menos que escribas literatura hermética que nadie entiende. Y si vendes libros, mucho menos te perdonan. Mucho menos (se ríe).

Una novela que va de España a Chile y más

Largo pétalo de mar, la nueva novela de Isabel Allende, ya en librerías locales y editada por el sello Sudamericana, tiene a Víctor Dalmau, un personaje inspirado en un par de amigos de la escritora, como centro de esta historia. Durante la Guerra Civil española, Víctor deberá exiliarse y será uno de los que abordará el Winnipeg, el barco que tuvo a la cabeza al poeta Pablo Neruda, quien fue artífice de esta expedición que se transformaría en el comienzo de una nueva vida en Chile para más de 2.000 españoles. Él cruzará el océano con Roser Bruguera, que está embarazada de su hermano pero se casará con Víctor para poder treparse a esa “nave de la esperanza”, como el personaje la llama a lo largo de la novela. Y la vida comenzará de nuevo, y el amor se meterá en el medio, hasta que el golpe de estado de Pinochet obligará a los protagonistas a un nuevo exilio.

“El tema de los refugiados está en el aire”, dice Allende, que en parte se vio afectada por eso para contar ahora esta historia que conocía de primera mano hace años, y que entretiene con cierta crudeza.

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