Entrevista

Hugo Burel, un escritor tras el misterio de una canción de los Beatles

Mañana se publica "La misteriosa muerte de Eleanor Rigby, una novela policial sobre qué le pasó al personaje creado por los cuatro de Liverpool

Hugo Burel
Hugo Burel tiene nueva novela que intenta llenar los huecos de una canción de los Beatles. Foto: Darwin Borrelli

Fanático confeso de los Beatles, Hugo Burel publica mañana La misteriosa muerte de Eleanor Rigby (Alfaguara) que imagina, en formato de novela de detectives británica, por qué murió el personaje inventado por los Beatles y qué papel jugó el padre McKenzie. La investigación está a cargo de Pinkerton, un personaje que bien podría integrarse al universo de Burel, uno de los escritores más premiados y más constantes de la literatura uruguaya. En esa carrera llena de reconocimientos, además, es miembro de número de la Academia de Letras. Sobre su beatlemanía, sus rutinas de escritor, sobre quiénes son sus lectores y el lenguaje inclusivo, Burel charló con El País.

—Mañana sale La misteriosa muerte de Eleanor Rigby y uno tiene la sensación de que usted se pasa escribiendo. ¿Es así?

—Tengo una rutina que es escribir temprano. El biorritmo mío con la escritura empieza a las siete de la mañana y puedo escribir hasta las nueve. Escribo directamente en el procesador (jamás a mano) y hago un promedio de tres a cinco páginas por día. Lo hago hasta los domingos porque escribir es mi rutina y mi necesidad. Y eso me da 30 a 35 páginas semanales, que es mucho. También empiezo muchas cosas que después abandono. La escritura exige una concentración y un espacio que es el del pensamiento. A mí siempre se me ocurren ideas cuando me estoy bañando o muchas veces las sueño.

¿Corrige mucho?

—Tengo la condición de que lo que escribo ya está. Es una cosa rara. Voy repasando pero el corpus del magma siempre está y como la estructura la tengo en la cabeza eso me ayuda mucho. Lo que tengo que descubrir son los detalles pero tengo la idea clara. Escribir es como un viaje: tenés que saber a dónde querés ir.

—¿Y parte de ideas o de historias?

—A veces pienso en cómo se ha sobrevalorado la inspiración. La gente cree que a uno lo inspira algo o se le ocurre algo. El proceso es muy misterioso: ¿por qué algo se te impone y lo tenés que escribir? Siempre sostuve que el escritor escribe porque necesita resolver un problema personal que de otra manera no puede hacerlo. El escritor primero escribe para sí mismo. Es un proceso muy solitario.

—Una cosa que sorprende es, en tiempos en que todos parecen estar buscando la novedad, usted recurre a fórmulas clásicas. El noir en la saga de Gabriel Keller, la novela policial británica en La misteriosa muerte de Eleanor Rigby. ¿Qué encuentra allí?

—Ya está todo hecho en literatura, así que lo mejor es hacer lo que se sabe hacer bien. Ahora voy a presentar la edición de la RAE de Rayuela que es un libro muy complejo y que nos deslumbró a todos. Pero uno como autor no se puede plantear escribir Rayuela, ser rupturista. Yo lo intenté hacer pero para mí el experimento no es lo primordial. Yo tengo algo que decir y lo digo.

—¿Y qué es lo que quería decir en esta nueva novela?

—Desde que escuché el tema de los Beatles cuando tenía 15, 16 años, me di cuenta que era tan distinto que me dediqué a saber cómo llegaron a esa letra que es como un cuento brevísimo de una temática absolutamente despegada de lo que cantaban. Y así estuve casi 50 años con “Eleanor Rigby” en la cabeza, la escuché miles de veces y siempre me fascinó. Y en 2016 me puse a escribir la novela partiendo de la letra de la canción y convirtiéndola en un policial. Siempre tuve la duda de por qué muere Eleanor Rigby, por qué muere en una iglesia, quién era el padre McKenzie y necesitaba escribirlo. Y lo disfruté muchísimo, tanto que hasta llegué a escribir cuatro o cinco horas por día durante dos meses.

—Es un homenaje doble: a un tipo de literatura y a los Beatles, claro.

—La novela de detectives inglesa es un formato que me es grato y jugué con algunas guiñadas a los Beatlemaníacos atentos que no afectan a quien no conoce las referencias. Hay un personaje, el Dr. Robert que es obviamente Bob Dylan, hay una referencia a Michelle y a la adorable Rita que están metidas por ahí para juguetear.

—La  novela está ambientada en 1939...

—Existió una verdadera Eleanor Rigby que no tiene nada que ver con la canción. Yo tomé el día verdadero en que muere aquella Eleanor Rigby real que fue el 10 de octubre de 1939.

—¿Va a haber más novelas con Pinkerton, el detective de esta novela?

—Es un buen personaje pero ese tipo de proyectos implica tirar para adelante un montón de cosas. Esta novela tiene una posibilidad de agradar y me dejó muy contento de haberla podido hacer.

—¿Qué tipo de lector tiene?

—No sé cuántos son pero sí que son fieles: si saco algo lo van a leer. Tengo la impresión de que hay un público maduro que me ha seguido desde hace años que quizás incorporó a sus hijos. Hay escritores que tienen hinchas, yo tengo lectores. Y hay una formidable masa lectora que uno tiene que compartir con muchos autores más. Y la ficción en Uruguay es muy difícil. Acá se venden más ficción de autores internacionales y más ensayos nacionales. Pensar en lectores equivale a suponer que el beneficio de la venta de un libro te va a aumentar si te aumentan los lectores y hay que agradarlos. Yo no escribo lo que quiero, escribo lo que puedo.

—Usted es miembro de la Academia de Letras. ¿Qué opina del debate sobre el lenguaje inclusivo?

—Hay una actitud que maneja el lenguaje como un escenario de poder para imponer ciertas cosas. En el lenguaje no está la discriminación y no hay que andar toqueteándolo y cambiar una “e” por una “o” o una”a"

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