Entrevista con Fernanda Trías

“Hoy hay menos comunidad”

La escritora uruguaya radicada en el exterior y su libro de relatos No soñarás flores

Fernanda Trías
Fernanda Trías. Foto: Ariel Colmegna

Es una escritora uruguaya que vive hace años fuera del país, y eso se nota en su creación. También traductora, Fernanda Trías (Montevideo, 1976) realizó, entre otros estudios, un máster en Escritura Creativa de la Universidad de Nueva York. No soñarás flores (editado ahora por Hum) es su primer libro de cuentos, y ya había sido publicado en Colombia, Chile y Bolivia. Estuvo nominado al Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, como uno de los 13 mejores libros de cuentos en habla hispana de 2016.

—Vos sos uruguaya, has vivido en muchos países, y eso se nota en No soñarás flores, ¿verdad?

—Hace dos años y medio que me fui a vivir a Colombia, pero pasé por muchos lados antes. Me fui de Uruguay en 2004 para hacer una residencia para escritores en Francia. Luego estuve un año en Berlín, dos en Buenos Aires, y luego fui becada a Nueva York. Todas esas paradas aparecen en los cuentos como telón de fondo. Está muy presente el tema de la extranjería, del no pertenecer, y asuntos vinculados con la identidad. Aunque son historias muy distintas.

—¿Se puede correr el riesgo, en esa enseñanza del quehacer literario, de que la literatura se torne más académica?

—En las maestrías de escritura creativa, no. Porque es un trabajo muy libre y los profesores te impulsan que a busques tu voz personal. Lo que sí noto es que las personas que siguen un doctorado, ahí sí hacen un trabajo académico, y su escritura puede volverse muy racional. Como está tan reflexionada, puede volverse un poco fría, muy consciente de sus materiales. Por eso yo intento, lógicamente, reflexionar sobre mis materiales, pero manteniendo una parte de todo eso en el plano de lo misterioso.

—¿Vos estudiaste con Levrero?

—Mario Levrero era el otro extremo absoluto: no quería ni siquiera reflexionar sobre el asunto. A mí me hizo bien reflexionar sobre las formas, pero siempre tratando que los materiales estén frescos.

—¿Se popularizó el lugar social del escritor? Ahora miles de personas quieren ser escritores.

—Lo que pasó es que se abrieron espacios formales para una transmisión de conocimiento, que siempre existió, pero de maneras informales. Antes, un escritor, cuando veía un muchacho con talento, a veces lo apadrinaba, y le decía qué leer, o le leía y criticaba los textos. O se hacían tertulias, y se criticaban entre ellos, en una dinámica que podía ser similar a la del taller. O se aglutinaban junto a una revista literaria. La idea de leer, compartir, criticarse entre los escritores, siempre estuvo. Ahora, obviamente por influencia de Estados Unidos, todo eso se lo ha integrado a un sistema formal.

—Por influencia de Estados Unidos…

—Sí, porque tiene una larga tradición de este tipo de programas de escritura creativa. Y luego se fue importando desde distintos lugares. Quizá todo esto tenga que ver con esta cosa más individualista de hoy, que hay menos comunidad, por la manera en que vivimos. Hoy se vuelve más difícil para los jóvenes encontrar esas comunidades literarias de antes. Y algunas personas van a buscarlas, incluso a los talleres más informales. Igual nada de eso es garantía de que te vas a volver escritor. Yo eso lo he notado. De 20 compañeros de curso, muy poquitos han seguido publicando. En eso es como vos decís: el escritor no se puede construir en ningún lugar. Es o no es.

—Vos decís que hoy hay menos comunidad.

—Es una consecuencia natural de cómo estamos viviendo. El otro día fui a la presentación de un libro de un escritor uruguayo, y no había otros escritores (yo estaba, pero como quien dice, de casualidad). Falta esa cosa comunitaria que antes había más. Pero eso es por el ritmo de locura en que vivimos. Por eso en los talleres y demás, más que lo que vayas a aprender sobre la escritura, está ese valor que te genera formar parte de una comunidad. Esa red rompe un poco el aislamiento. Yo empecé a escribir muy joven, y esa soledad la sufrí mucho. Y fue gracias a Levrero, que me dijo que tenía que ir al taller, a conocer pares. Y ahí conocí a Inés Bortagaray, Mariana Casares. Y ahí me dije: "no estoy loca, hay otros como yo". Sentir eso es una gran diferencia, en eso de esta locura que es escribir. Que además, no es que tus padres estén felices de que te dediques a todo el día estar escribiendo.

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