Edición

Historia real que parece sacada de una novela

El ladrón de mapas de Andrés López Reilly refiere al saqueo de bibliotecas en Uruguay y otros acervos mundiales

Andrés López Reilly
Andrés López Reilly, un periodista con un gran tema. Foto: Mariana Malek

El ladrón de mapas de Andrés López Reilly, es un libro de no ficción que se lee como una novela. Revela la intimidad de una organización integrada por uruguayos que se dedicaba a robar documentos históricos en distintas bibliotecas del mundo, para traficarlos en el mercado negro internacional.

“Se trata de una trama de ladrones de guante blanco, que hace algo más de 10 años llegó a tener repercusiones en cuatro continentes”, dice López Reilly, que es periodista de El País. “Todo se destapó en 2007, cuando un uruguayo, César Gómez Rivero se llevó un serie de mapas incunables (impresos entre 1453 y 1500) de la Biblioteca Nacional de España, uno los acervos históricos más importantes de Europa. Dentro de un estuche de lentes escondía una pequeña navaja, con la que separaba documentos de los libros. Años antes, había robado en archivos de acá, como la Casa de Lavalleja y el Museo Giró de la Ciudad Vieja. Y junto a sus socios, robó en la Biblioteca Nacional, a la que ingresaban con acreditaciones del Vaticano”, dice López Reilly.

El robo a la Biblioteca Nacional de España le costó el cargo a su directora, la escritora Rosa Regàs, y terminó con dos uruguayos procesados en Argentina. También un librero de la Recoleta que estaba implicado, Daniel Guido Pastore, heredero de una fortuna farmacéutica.

Ficha​
Andrés López Reilly
El ladrón de mapas
AutorAndrés López Reilly
EditorialAlfaguara
Precio490 pesos

El cabecilla era Marino Massimo De Caro, dueño de una librería anticuaria en Verona, Italia, quien quedó libre de culpa y cargo. Pero años más tarde recibió una condena de siete años por desvalijar una de las más antiguas bibliotecas de Italia, que data de 1586, de la que terminó siendo su director gracias a la amistad que tenía con un senador, luego procesado por sus vínculos mafiosos, amigo íntimo de Silvio Berlusconi. Se calcula que de la biblioteca Girolamini de Nápoles, De Caro se llevó casi 3.000 libros del siglo XV al XVII, por un valor superior a los 10 millones de euros. Fue un escándalo en Italia y terminó, con procesados de varias nacionalidades.

Los mapas robados por Gómez Rivero terminaron en ciudades tan distantes como Nueva York y Sídney. Y la actuación de estos ladrones de guante blanco provocó daños invaluables en el patrimonio bibliográfico de países como España, Italia, Paraguay, Argentina y Uruguay.

El ladrón de mapas no es solo una historia de robos y negocios millonarios entre falsos investigadores, libreros y coleccionistas de documentos históricos. También es un libro sobre la intimidad de la actividad periodística y el manejo de las fuentes de información, en la que ocupa un papel preponderante un misterioso informante que, protegiéndose con distintos nombres falsos, aportó documentación para completar un rompecabezas cuyas piezas estaban dispersas y llevó años juntar en esta investigación periodística.

Mientras ello ocurría, Gómez Rivero vivió alejado de todo asedio periodístico, ya como ladrón confeso cumpliendo prisión domiciliaria en un lujoso country bonaerense, de la localidad de Pilar.

Los ecos de aquellos expolios a importantes archivos históricos de América y Europa no cesaron tras los procesamientos. En muchas ciudades aún se recuerda al famoso ladrón de mapas uruguayo y a los libreros que posaron sus manos en páginas irreemplazables de la historia, que se codeaban con coleccionistas con los que cerraban negocios millonarios, entre risas cómplices y choques de copas de champán. El paso a ritmo de depredador de personas como Gómez Rivero por los archivos históricos hizo que las instituciones se vieran obligadas a aumentar la vigilancia y a revisar sus protocolos de seguridad.

“Aunque los ladrones de guante blanco son especialistas en hallar fallas y vulnerabilidades en los sistemas. Y han demostrado que no se amedrentan ante misiones que, para otros, pueden parecer imposibles”, dice López Reilly.

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