Entrevista

Hervé Le Tellier, la estrella literaria que ganó el Goncourt y se hizo best seller en pandemia

El País charló con el escritor francés sobre su novela premiada, "La anomalía" y sobre qué se siente pasar de vender 10.000 ejemplares a un millón y medio

Hervé Le Tellier
Hervé Le Tellier. Foto: Francesca Mantovani, Editions Gallimard

En metálico, el Goncourt, el premio literario francófono más importante del mundo, son apenas 10 euros. Pero el prestigio que le da a su ganador no tiene precio.

El autor del libro elegido como el mejor del año por la Academia Goncourt se convierte instantáneamente en una celebridad literaria, una categoría que Francia mantiene vigente. Y recibe una membresía a un club selecto de ganadores en el que también están Michel Houellebecq, Marguerite Duras, Michel Tournier, Simone de Beauvoir y Marcel Proust.

O Romain Gary (quien lo ganó en 1956 y en 1975, con el seudónimo Émile Ajar) y que sería el autor del que se siente más cercano Hervé Le Tellier, el último ganador del Prix Goncourt.

“Yo estoy muy orgulloso de compartirlo con Gary”, le dijo Le Tellier a El País en una charla por Zoom intermediada por una intérprete. “Es un escritor fundamental, lo leí mucho y en La anomalía le hago homenajes”.

La anomalía que menciona es su nueva novela y que acaba de editarse en español a través de Seix Barral (690 pesos) y es, justamente la que le dio el último Goncourt. Y que además se convirtió en un best seller con más de un millón y medio de ejemplares vendidos en Francia y en tiempos de pandemia.

Así, Le Tellier -que lleva escritas una veintena de novelas, además de tener con su firma artículos periodísticos, poesía, teatro y cuentos breves- es la actual sensación de las letras francesas.

La anomalía cuenta una historia donde se mezcla lo fantástico, el thriller y hasta la aventura y que, a pesar de una estructura no lineal, se lee con la avidez de un best seller. Hay dos aviones idénticos con la misma tripulación y pasajeros y las mismas turbulencias que vuelven a verse en el cielo con tres meses de diferencia, como si hubieran atravesado un puente entre dos realidades.

El asunto se vuelve religioso, científico y, como suele pasar, político. Le Tellier se detiene en las historias de ocho pasajeros entre los que hay un asesino a sueldo, una estrella pop nigeriana y un arquitecto famoso.

Cómo se le ocurrió algo así, qué significa el Goncourt en su carrera y los vínculos de la novela con la pandemia, fue de lo que Le Tellier habló con El País. Este es un resumen de la charla.

—La anomalía fue escrita antes de la pandemia pero, más allá de que usted la menciona, esta situación atravesó mi lectura de la novela. ¿Cómo va a marcar esta situación global nuestra experiencia como lectores o espectadores?

—No tengo aún respuesta para esa pregunta. Mi impresión es que los manuscritos que hoy le llegan a las editoriales están escritos por personas traumatizadas por la pandemia. Es, de alguna manera, una escritura catártica. También veo que hay un deseo creciente de evasión, de salirse del universo carcelario del confinamiento. Es algo lógico: el mundo quiere otra cosa. No sé si habrá una reacción similar a la de la década de 1920, del tipo “los años locos” pero lo que veo ahora es gente, saliendo, sentada en los bares. En la creación vamos a ver dos fenómenos paralelos y contradictorios. Por un lado, la gente va a querer hablar de esta experiencia pero también va a querer hablar de otra cosa. O sea olvidar o recordarlo.

—La novela, más allá de su contenido, maneja la extrañeza en su forma. Es coral, contempla varios géneros, es una novela escrita por usted pero a la vez contiene una novela ficticia. ¿Cómo surgió la idea de encararla así?

—Nació en 2018 desde una idea de escribir sobre la confrontación con uno mismo. Decidí tratar muchas situaciones individuales en una novela y al principio tenía la idea de 12 situaciones de las que elegí ocho que iban desde la supresión sobre sí mismo hasta el sacrificio. Y en el medio toda una graduación que pasa por la colaboración o la indiferencia. Trencé estas historias para crear una novela que fuera como un coro aunque no hablan entre sí, porque no quería esa complicidad. Luego se dio lo de publicarla durante una pandemia y tiene una dimensión planetaria que se cruzó con esta situación de confinamiento. Así que el título que al principio podía ser insípido, se convirtió en algo interesante.

—En ese mundo coral, decidió que el primer capítulo se centrara en Blake, un sicario internacional. ¿Por qué?

—Podía empezar con otro personaje que no fuera Blake. La novela plantea el tema de la virtualidad del mundo y muestra una situación sin individualidades y también plantea la virtualidad de los personajes de novela. Si no existimos como personas no importa matar y si en la novela matamos personajes, tampoco cuenta.

—En ese sentido, la primera oración es muy reveladora: “Matar a alguien no es nada del otro mundo”...

—Esa frase corta resume bien la novela. Siempre me ha gustado esa idea de que en unas palabras podemos decir mucho de un texto. Me pareció muy atractivo empezar una novela blanca con una frase de una novela negra.

—¿Cómo lidia con la popularidad que le trajo el Goncourt?

—Vendía unos 10.000 ejemplares así que para mucha gente este es mi primer libro. Esa visibilidad es algo nuevo, pero el aspecto social del Goncourt no lo vivo mucho. Tengo un pasado muy grande como para que este premio influya lo que viene. Capaz que sí influye mi trabajo pasado. Me gustaría, porque tengo libros que me gustan mucho y que ahora sí van a ser leídos. En el éxito, eso sí, se vive mucho mejor que en el fracaso.

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