ENTREVISTA

Gustavo Sala: "Que Jaime Roos se ría de un chiste mío sería una consagración"

El dibujante argentino Gustavo Sala publicó "Casi uruguayo", un libro donde muestra a la cultura uruguaya desde un punto de vista que mezcla admiración con humor

Gustavo Sala. Foto: Francisco Flores.
Gustavo Sala. Foto: Francisco Flores.

Presentado como “historias irrespetuosas solo para adultos”, el dibujante argentino Gustavo Sala acaba de publicar Casi uruguayo (Penguin Random House), un libro de historietas que retrata varios aspectos de las costumbres y de la cultura uruguaya desde un punto de vista exagerado, rozando lo absurdo.

Desde Fernando Cabrera incendiando Uruguay mientras canta “Viveza” haciendo percusión con una caja de fósforos, hasta una discografía completa de Jaime Roos con 112 discos (que incluye a los ficticios Estamos rodeados de compilados y Rooscharch, homenaje murguero a Watchmen, entre otros), el libro de Sala mezcla creatividad con admiración.

“Casi uruguayo pretende ser un resumen humorístico de mi amor por el país de Levrero, de Jaime, de Maslíah, de Onetti, del Cuarteto, de Cabrera, de Mandrake, porque como sabemos de memoria los fans de Tiranos Temblad, Uruguay es el mejor país”, escribió el argentino en el prólogo del libro.

Sala, que colaboró con el diario Página/12 y las revistas Barcelona, Rolling Stone, Los Inrockuptibles, Orsai, Lento y Túnel, presentará Casi uruguayo mañana a las 19.00 en el Espacio Matriz (Juan Carlos Gómez 1420). Para la ocasión, estará acompañado de Ignacio Alcuri, Natalia Mardero, Riki Musso y Agustín Ferrando.

Pero antes, Sala habló con El País sobre el origen de su amor por Uruguay, las ganas de hacer reír a Jaime Roos —el personaje fetiche del libro—, la búsqueda del humor en lo cotidiano y cómo su obra admite la posibilidad de ofender al lector.

—Tu primera visita a Uruguay fue en 2011, donde participaste de Montevideo Cómics. ¿Cómo surgió tu interés por Uruguay?

—Yo tenía como fetiche el disco Repertorio, de Jaime Roos. Esa fue una puerta de entrada a Uruguay desde la música, la iconografía, la cultura y el universo montevideano. También me venían gustando artistas como Leo Maslíah. En 2011 pisé Uruguay por primera vez para el Montevideo Cómics y fue amor a primera vista. Así empezaron a aparecer los amigos, los bares, la cultura de la calle y la revista Lento (de La Diaria). Eso hizo que empezara a venir cada vez que podía.

—Jaime Roos es una figura recurrente en el libro. ¿Es porque su imagen es lo más cercana a la idea del uruguayo?

—En muchas de las cosas que hago vinculadas al rock en Argentina aparece la figura de Charly García como una especie de fetiche, o de inspirador de un universo que se puede agarrar desde un montón de lados: lo musical, lo político y cultural. La figura de Jaime acá representa un poco de eso; es un montón de música, de anécdotas y hasta de mitologías. Además, al tener un montón de cosas privadas, eso lo hace todavía más interesante porque quedan un montón de cosas por conocer. En el caso de que Jaime reciba el libro, espero que le guste; que Jaime Roos se ría de un chiste mío sería una consagración, y si le cae mal sería un absoluto fracaso moral.

—¿En qué momento sentiste que Casi uruguayo estaba empezando a gestarse?

—En la mayoría de mi laburo, que tiene que ver con publicar cosas de humor para diarios y revistas en forma periódica, cuando pasan algunos años, te das cuenta de que tenés un material para compilar que, con un laburo de edición y un material extra, te puede dar lugar a un libro. Cuando Marcos Morón me invitó a colaborar con Lento empecé a generar material pensando que lo iba a leer gente de Uruguay, e investigué más sobre el país para trabajar sobre lo que yo conocía. Luego, cuando empecé a venir con cierta regularidad empecé a prestar atención a las grandes cosas de la cultura, pero también a las pequeñeces: cómo era un servilletero en un bar, la temperatura del café en los restaurantes, el caminar de la gente y lo que pasa arriba de los colectivos. Me interesa la fauna de la calle de Montevideo comparada con la fauna de Buenos Aires. Es un laburo que a veces uno lo hace sin darse cuenta cuando hace humor: darte cuenta de cosas que la mayor parte de la gente pasa por alto.

—¿Se trata de buscar el detalle en lo cotidiano?

—Uno trata de hacer humor que puede ser mirar lo mismo que todo el mundo, pero con otra óptica, o tratar de busca un chiste o una opinión de algo que está en la vida a la luz de todo. Para la revista Lento empecé a buscar eso: hacer un humor antropológico. Hay mucho humor desde el lugar de fan, pero cuando trabajo con temas más políticos o sociales, hay como una lupa más dañina o un punto de vista más oscuro; incluso medio editorial.

—¿Cómo has visto la recepción del libro?

—Hasta ahora hubo mucho interés de gente. Hablando con temor a equivocarme, me parece que en Montevideo hay un humor más blanco; creo que el humor más salvaje es minoritario, o lo que se ve popularmente acá es un humor más costumbrista, apto para todo público. Yo estoy acostumbrado a hacer una cosa más salvaje y tratar de irme al carajo, aún con lo que me gusta, como pasa en este libro. Yo bardeo al Cuarteto de Nos pero soy fanático, bardeo a Drexler y a Maslíah y también soy fanático. Puede ser que alguien, como pasa con el humor, lo vea y piense que uno está haciendo las cosas con mala leche, pero son cosas que no buscaba. Estoy muy contento de que por lo menos tres personas se han reído con el libro. Igualmente, mi desafío es hacer reír al gran Jaime y que atrás de ese gran bigote aparezca esa sonrisa de hombre grave y profundo.

—¿En algún momento del proceso del libro te llegaste a marcar algún límite?

—El límite es el aburrimiento. En realidad es tu propia idea, porque a veces se te ocurren cosas y pensás que algo es muy salvaje o demasiado extremo. Pero mientras pensás esto, también te viene a la mente que es una idea legítima, que puede ser muy zarpada, pero funciona. En el humor entra todo: desde lo más pavote a hacer un juego de palabras familiar y hasta hacer algo completamente negro zarpado. Entran todas las posibilidades. No se puede hacer un humor inofensivo como si se tratara de un sobrecito de edulcorante.

—¿Por ejemplo?

—Por ejemplo, si voy a hablar de Hugo Fattoruso en una tira, no voy a hablar de lo gran músico que es porque es un slogan y es poner una obviedad. Lo difícil es hacer humor pegándole a alguien cuando una persona te gusta y sos fan, pero el humor que me gusta incluye la posibilidad de ofender. También tuve la suerte de haber trabajado en medios como Página/12, Revista Barcelona, Los Inrockuptibles y editoriales que me dejan irme al carajo y hacer lo que se me canta; es una libertad total. Pero si se ofenden, les prometo que soy una buena persona y que no maté a nadie. Amo a Uruguay y los amo a todos ustedes, malditos rioplatenses.

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