"El gran Gatsby", una novela inmortal que ahora es de todo el mundo

El libro de Francis Scott Fitzgerald, publicado hace 95 años, ha entrado al dominio público en un momento en el que parece estar hablando de estos tiempos

Leonardo Di Caprio
Leonardo Di Caprio, un gran Jay Gatsby

Casi un siglo después de su publicación, El Gran Gatsby, una de las grandes novelas estadounidenses, pasó a dominio público en un momento de creciente apreciación por el libro, un relato fascinante sobre la pasión por el “dinero rápido” de la desenfrenada década de 1920 y la evolución del “sueño americano”.

Los derechos de autor expiraron tras 95 años, debido a las proteccionistas leyes estadounidenses.

Publicada en 1925, apenas vendió 25.000 copias antes de la muerte en 1940 de su autor, Francis Scott Fitzgerald.

Desde entonces, se han vendido más de 30 millones de ejemplares, y se ha convertido en uno de los grandes clásicos de la literatura estadounidense, fuente de continuas versiones cinematográficas y teatrales, lectura obligada en los colegios e incluso inspiración para artistas pop actuales como Taylor Swift.

“El sueño americano estaba en un momento de transición durante la época de Scott Fitzgerald”, explica David S. Brown, profesor de Historia del Elizabethtown College de Pensilvania y autor de la biografía sobre el escritor, Paradise Lost.

El personaje de Jay Gatsby es ya un símbolo en Estados Unidos, el del multimillonario derrochador incapaz de rellenar su vacío existencial.

La novela sigue el vínculo entre Jay Gatsby, un millonario con una fortuna de origen misterioso, y Nick Carraway, el vecino pobretón del barrio. A medida que avanza empezamos a comprender que a pesar de los oropeles y las fiestas de Gatsby, hay una profunda tristeza por la razón más universal de todas: el amor no correspondido.

A esa permanencia también ayudó el cine, donde Gatsby fue interpretado por dos de los grandes galanes de su tiempo, Warner Baxter, Alan Ladd, Robert Redford y Leonardo Di Caprio.

En Uruguay, está editada en una edición de bolsillo (410 pesos) y una edición de Alfaguara, que sale 490 pesos.

La novela define un momento de transición en Estados Unidos. “En 1920 se empieza a hablar del hacerse rico de manera rápida, es el comienzo de la especulación financiera. No era una cuestión de conservadurismo. Scott Fitzgerald se hacía una pregunta acerca de qué tipo de sociedad se estaba construyendo y sus efectos negativos sobre el carácter estadounidense".

Algunas de las páginas más reconocidas de la obra reflejan las lujosas fiestas de la clase alta estadounidense, cargadas de frivolidad y opulencia con bailes desenfrenados a ritmo de swing, pero exponen con crueldad la soledad del día después.

El expresidente Barack Obama recomendó recientemente El Gran Gatsby como un libro que va más allá del retrato de una época, y la consideró una novela clave para entender “las complejidades” del alma de Estados Unidos.

En los últimos años, bajo la convulsa presidencia de Donald Trump, defensor de la cultura del éxito y el dinero, se vuelve a leer El Gran Gatsby con renovado interés y en busca de ciertos paralelismos.

“La noción del consumo vistoso, de que las cosas brillantes, las más rápidas, son las más valiosas. Las compulsiones del mundo digital, esa noción está ya ahí. Esto es el comienzo del siglo XX, en los años 1920, es la época del automóvil, en la que Scott Fitzgerald ve una aceleración del tiempo histórico”, dice Brown.

La novela también refleja el creciente distanciamiento entre las metrópolis cosmopolitas y el interior de Estados Unidos, una de las bases sobre las que se sostiene la brutal polarización política que vive actualmente el país.

Más allá de disquisiciones académicas, la novela sigue siendo una de las grandes de la literatura universal. La melancolía de Gatsby que choca contra esa opulencia, está hablando de asuntos mucho menos coyunturales y más existenciales.

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