Entrevista

Gabriel Rolón: “En Montevideo estoy en casa”

El escritor argentino habló sobre su octavo libro, La voz ausente, ya disponible en librerías

Gabriel Rolón. El best seller argentino estuvo en Montevideo para hablar de su nuevo libro, La voz ausente. Foto: Darwin Borrelli
Gabriel Rolón. El best seller argentino estuvo en Montevideo para hablar acerca de su nuevo libro, "La voz ausente". Foto: Darwin Borrelli

Gabriel Rolón es uno de los autores más vendidos en nuestro país. Un best seller que, como demuestra su última novela, La voz ausente, a menos de una semana de su lanzamiento, ya se posiciona en los rankings de los libros más vendidos en este lado del río.

Y Uruguay tiene una fascinación por este psicoanalista que pasó del consultorio a las librerías, primero contando Historias de Diván, para luego entrar en el mundo policial. Siempre relacionando sus dos pasiones, la escritura y el psicoanálisis, Gabriel Rolón parece haber encontrado la clave del éxito.

En un hotel céntrico me encuentro con el autor, con quien comparto un café, mientras hablamos de la creación de esta nueva novela, una en la que cuenta sobre lo consciente, lo inconsciente, lo que se expresa y se reprime, haciendo desesperar al lector con cada capítulo, que se lee con más ansiedad que el anterior.

Para su octavo libro, Gabriel Rolón decide retomar un conocido personaje, el psicoanalista Pablo Rouvit, protagonista de Los padecientes, quien ahora tendrá que investigar el aparente suicidio de su colega y amigo, José “el Gitano”, quien aparece con un balazo en la cabeza dentro de su consultorio. Como sucede en el psicoanálisis, no todo lo que se aparenta es la verdad, y ese “suicidio cantado” como se sospecha, esconde varios misterios.

De esta forma es Rouvit quien comenzará a investigar lo que le sucedió a su amigo, llegará al borde de la obsesión para conocer lo que le sucedió al Gitano. Con la ayuda de su mente ágil, un vasto conocimiento de literatura universal y algunas herramientas del psicoanálisis, Rouvit se adentrará en un mundo lleno de peligros para intentar resolver este misterio que comienza a atormentarlo.

—En La voz ausente retoma un personaje de Los Padecientes, Pablo Rouviot.

—Sí, vuelve este psicoanalista obligado a transformarse en detective de algún modo, por una circunstancia externa.

Gabriel Rolón junto a un ejemplar de su nueva novela. Foto: Darwin Borrelli
Gabriel Rolón junto a un ejemplar de su nueva novela. Foto: Darwin Borrelli

—¿Defina al protagonista?

—Rouviot es alguien un poco atormentado, un poco oscuro en su vida pero muy buen profesional. Alguien dedicado a lo suyo que de repente se encuentra en una situación que lo saca de su zona de confort, del mundo que él maneja, el psicoanálisis, pacientes y consultorio. Y se ve arrojado a un mundo que tiene que ver con la muerte, abusos, incesto, crimen, locura en su estado más desatado. Que es capaz de llegar al crimen.

—Usted también salió de su zona de confort al escribir una ficción policial.

—Sí, porque escribir La voz ausente me llevó cuatro años. Escribir Cara a cara me llevó un año, Historias inconscientes o los libros de ensayo o que tengan más que ver con el psicoanálisis con casos basados en hechos reales, me llevan menos tiempo que la ficción.

—La novela necesita un desarrollo más complejo.

—Tengo que inventar otras cosas, es más trabajoso, pero tiene un costado tan bello, poder jugar con mundos inventados, que me da una cierta felicidad dejarle cometer errores al protagonista. Porque como es ficción, en algunas cosas puede mancarse y eso me permite jugar al extremo. Porque cuando escribo historias basadas en hechos reales cuido a ese protagonista, porque sé que lo va a leer. Aquí no existe un Pablo Rouviot, un Gitano o un Dante Santana, los personajes que juegan por este libro no existen. Entonces los puedo llevar a extremos, los puedo invitar a tener acciones que no podría contar en un caso real.

—No cuenta un caso real aquí, pero da la impresión que algunos casos ayudaron de base para algunas tramas.

—He escuchado acerca de la tortura del encierro, el abuso, relaciones incestuosas, sé los traumas que generan, y usé mi conocimiento en el consultorio para poner todas esas emociones a jugar en una trama policial.

—¿Qué lo hizo volver a escribir sobre este personaje?

—Tenía ganas de volver con Rouviot. Esto surge en Francia, cuando firmamos el contrato con los franceses para publicar Los padecientes, les gustó mucho el personaje y me pidieron una trilogía. Entonces me comprometí a entregarles tres libros y me quedé esperando este tiempo hasta que se me ocurriera una historia para presentar. Así que esta es la segunda entrega de esta saga sobre Pablo Rouviot, que tiene la característica que quienes leyeron Los padecientes, les gustará reencontrarse con este psicoanalista, pero que también se puede leer de manera independiente, porque la historia se cuenta sola, sin necesidad de lo anterior.

—La historia es como una madeja de la que va tirando y del que salen distintas pulsiones.

—Fue la idea. La intención era que el libro tuviera un in crescendo permanente hasta que las últimas 50 o 60 páginas tuvieran que ser leídas de un tirón. Hay un momento en particular a partir del cual, comienzan a caer los granos del reloj de arena de un modo inevitable.

—También es un libro con una intertextualidad fuerte, con conexiones a textos clásicos.

—Considero que un libro tiene que cumplir tres funciones, la primordial es atrapar al lector y que él disfrute de la lectura, eso es lo primero.

—¿Cuáles son las otras?

—El segundo es que te lleves algún conocimiento que no tenías. Por eso en La voz ausente se explican o se explayan algunos conceptos del psicoanálisis, para que el lector lo entienda. El tercer desafío que puede tener un libro es que dé la llave de la biblioteca, invitarte a que si te gustó este libro, te ofrezco estos otros que también te van a gustar. Entonces en La voz ausente hay una intertextualidad muy fuerte, como decís, como Romeo y Julieta, El lazarillo de Tormes, Sherlock Holmes, Diario de un seductor, la Biblia, El conde de Montecristo. Todo el tiempo hay una intertextualidad que no es azarosa, es parte de la trama, y ese fue el desafío.

Imagen del booktrailer de La voz ausente
Booktrailer de la novela de Gabriel Rolón, "La Voz Ausente"

—Imagino que no habrá sido sencillo armar la compleja trama de La voz ausente.

—Sí, fue muy complejo, porque hubo que buscar hasta libros cuyos protagonistas tuvieran el nombre relacionado con los de mi historia. Fue un desafío hermoso que llevó mucho tiempo.

—Un escritor no deja de poner algo de su personalidad en sus libros, ¿qué tanto hay de Rolón en Rouviot?

—Hay bastante. Porque pensamos parecido, él tiene una mente analítica, como la mía, está atravesado por la pasión por la búsqueda de la verdad, escucha cosas que otros no escuchan, tiene mucho que ver con mi mundo psicoanalítico. Eso es lo importante para mí, que me permita transitarlo con seguridad, porque la cabeza de Rouviot se parece a la mía. Lo que hago es llevarlo a los extremos. Si me entristezco, él se desespera, lo hago más extremo y, sin negarlo, mucho más buen mozo, esa parte se la envidio. Eso me permite también llevarlo a angustias que él vive y yo solo me animo a temer. Y hasta de un modo sublimatorio, me permite a mí dar cuenta de ciertos temores y pasiones que puedo poner a jugar al personaje.

—Si bien no se dice en ningún momento, La voz ausente es la de José, ¿no?

-Claro, la voz ausente es la de José, que sabe toda la verdad pero no puede hablar. Pero también me di cuenta que la voz ausente era una voz ausente de cuerpo, esa voz que Pablo podía escuchar en las grabaciones y cuyo cuerpo no podía hacerlo. Entonces por un lado tenés un cuerpo ausente de voz y por otro lado una voz ausente de cuerpo. Me pareció un título para jugar.

Gabriel Rolón: "Es un libro donde me permití jugar con mi espíritu rioplantense". Foto: Darwin Borrelli
Gabriel Rolón: "Es un libro donde me permití jugar con mi espíritu rioplantense". Foto: Darwin Borrelli

—También es un libro muy montevideano.

—Sí, tiene escenas que trascurren en Montevideo. En un momento los personajes caminan por la Ciudad Vieja, comen en el Mercado del Puerto y toman medio y medio. Es un libro donde me permití jugar mi espíritu rioplantense, no solo porteño, también montevideano en la pasión y el discurrir de estos personajes. Me di cuenta de eso cuando vine acá, es que siento a Uruguay y Montevideo tan mío, que me encantó que mis personajes discurrieran por estos lugares que amo tanto. Siento que los uruguayos se van a sorprender que uno de mis libros tiene una gran cantidad de escenas que transitan por el paisito, como le decimos los que lo queremos.

—¿Cuándo sintió que traspasó fronteras?

—La primera vez que viajé a España con Los padecientes. Después llegó un libro en alemán, en italiano y hasta en búlgaro. Fue muy extraño porque mi nombre suena muy distinto, pero ahí sentí que mi literatura va llegando.

—¿Cuando llegó a Uruguay no?

—Cuando salí a Uruguay no me sentí un autor internacional, porque siento que somos parte de lo mismo. En una radio española me hicieron una nota y el periodista me preguntó si era argentino o uruguayo y le dije: elija, porque es lo mismo. Es una locura histórica que seamos dos países. No tendría problema que Uruguay nos anexe a todo nuestro país como una provincia. Por eso no puedo verlo como un logro internacional, porque en Montevideo estoy en casa. Me niego a asumirme como un autor extranjero en Uruguay. Me gusta llegar acá y sentirme en mi lugar, y que me quieren. Es una emoción muy fuerte el sentirte querido.

—Si bien es ficción, hay una crítica a Mauricio Macri cuando Rouviot dice que el único bastión que viene quedando es la salud pública.

—Sí, Rouviot es muy crítico de la gestión de Macri.

—¿Solo Rouviot?

—No, claramente. A Rouviot le molesta que hayan enrejado las plazas, esta tendencia que los jóvenes son peligrosos porque él fue un chico pobre. Rouviot es un hombre más cercano a las clases populares, como yo. Tenía ganas de decirlo y es solo una postura porque soy producto de la educación y salud pública. Si no fuera por la salud pública, estaría muerto porque de chico estaba enfermo y mis viejos no podían pagar la salud privada. Si no fuera por la educación pública, estaría trabajando de otra cosa, no hubiera podido ser un profesional, por eso defiendo esto.

La música en la vida de Rolón

—Leí que si no fuera psicoanalista, sería músico, ¿qué peso tiene en su vida?

—Cuando voy a descansar, que no es mucho, pero me puedo tomar 10 días, lo primero que selecciono es qué música me llevo. Si puedo cargo mi pianito eléctrico para ponerme auriculares y tocar, o la guitarra. Creo que hasta en un momento podría dejar de escribir, de ser psicoanalista o tener pacientes, lo que no podría es dejar de estar cerca de la música. Nací con la música y es lo último que me voy a llevar.

—En la novela, los personajes juegan con cuál es la última melodía que quisieran escuchar en su vida, ¿cuál sería la suya?

-Esta semana, tal vez porque he estado muy conectado con La voz ausente, es la Sinfonía N° 3 de Brahms. Es una melodía que tengo en el teléfono y escucho en el taxi. A veces aparece un “Oblivion” de Piazzolla, el Concierto en Mi Menor de Mendelssohn. A veces me gana el folcklore y aparece Yupanqui. Siempre hay música recorriéndome el alma.

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