Entrevista A PAUL AUSTER

"Estados Unidos no ha cambiado"

El País conversó con el escritor estadounidense, quien participó de la Feria del Libro de Buenos Aires

Paul Auster
Paul Auster. Foto: Difusión

Ante la mirada atenta de los medios presentes en el hotel Four Seasons de Buenos Aires, el escritor estadounidense Paul Auster -quien participó de la Feria Internacional del Libro de la capital argentina- solo pidió un favor antes de la entrevista. Cada periodista debía decir su nombre, ciudad y para dónde escriben.

“Solo quiero saber. Personas reales con vidas reales”, explicó Auster, quien tras publicar 4 3 2 1 -su novela más grande a la fecha en una celebrada carrera de cuatro décadas, aún mantiene el interés por las historias. 

¿Cuál fue el proceso interior que experimentó entre su última novela, "4 3 2 1", y la anterior?

Escribí tres libros después de Sunset Park: Diario de invierno; colaboré con J. M. Coetzee en un libro de letras que tardó unos años (Aquí y ahora) y finalmente publiqué Informe del interior, otro libro autobiográfico. Estuve ocupado. Esos dos libros autobiográficos fueron la primera vez en mi vida adulta en la que traté conscientemente en pensar en mi infancia, escarbar material que pensé que era inaccesible para mí. Encontré una cantidad sorprendente de cosas que pensé que no encontraría. Pero, como sabemos, la mayor parte de nuestra vida es olvidada. Algunos recuerdos se destacan por su significado emocional en ese entonces. Siento que estaba sembrando el terreno y eso es lo que hizo este libro (4 3 2 1) posible. Si no hubiese explorado mi propia infancia no habría estado tentado en escribir una novela con una versión ficticia de una niñez. Mi proceso de escritura es siempre el mismo. No cambia entre un libro y otro. Cuando escribo siempre es igual: oración, tras oración, tras oración. Es la misma cosa. Querés que cada frase sea tan buena como sea posible. Y sí no es posible, lo hacés de nuevo. Y si a la cuarta no está buena, pensás: “Capaz me estoy acercando a esto de forma equivocada”. Es, en verdad, tan básico como eso.

¿Aprendió algo después de la publicación del libro?

Lo que descubrí mientras escribía la novela, y esto fue una verdadera revelación, es que incluso mientras escribía sobre cosas que tuvieron lugar 50 o 60 años antes, Estados Unidos, mi país, no ha cambiado sustancialmente. Todavía estamos luchando con los mismos problemas inextricables que siempre hemos tenido. Este momento en la vida estadounidense es tan dividido como lo fue en la década de 1960, un tiempo de tremendo conflicto y desacuerdo, con dos lados opuestos más o menos iguales en fuerza. Estamos en ese tipo de situación ahora.

¿Cómo describe su método de escritura?

La forma en la que tengo que escribir es abrirme, estando muy relajado. Es como si te abrieras para que el mundo entre en ti, pero, al mismo tiempo, lo que está en ti puede salirse. Es como una cirugía a corazón abierto. La única forma en la que puedes escribir poesía o ficción es entrar en un estado en el que desaparecés. Te dejás a vos y a tu ego atrás. Vos no lo estás haciendo, sos un medio por el que está pasando. Y a menos que no entres en ese estado, no podés escribir literatura. Podés hacer periodismo, pero no podés hacer una novela. Tenés que abrirte tanto para entrar en la mente y el corazón de otras personas. Es bastante difícil. Pero cuando esas personas son imaginadas, de verdad tenés que usar tu inteligencia creativa, que va más allá de la inteligencia y hacia algo más profundo. Eso es el método, si es que hay uno.

"La vida es trágica y cómica a la vez; somos personas ridículas". Foto: Archivo El País
"Tengo que enseñarme a escribir cada uno de mis libros" dijo Auster. Foto: Archivo El País

Al hablar de 4 3 2 1 ha citado una frase del poeta George Oppen que habla sobre el envejecimiento: “Qué cosa tan extraña que le sucede a un niño”. ¿Qué tiene esta frase que le parece tan cautivante?

George Oppen era un amigo mío y un gran poeta. Se murió en la década de 1990. George siempre era muy fuerte físicamente pero padeció alzhéimer. A medida que perdía su memoria y descendía en esa zona de demencia que es tan dolorosa de ver, hablamos y me decía: “Mirame”. Tenía 70 años, y dijo esa frase. “Qué cosa tan extraña que le suceda a un niño”. Me di cuenta que tiene razón. No cambiamos de verdad. Creo que a la edad de 6 años, al menos para mí, tu mente empieza a cambiar. De repente sos capaz de lo que mi esposa Siri Hustvedt llama “conciencia reflexiva”. Es el momento en el que decís: “No solo estoy pensando que el cielo es azul, sino que puedo pensar en el hecho que estoy pensando”. Y eso es una forma de separarte, mentalmente y emocionalmente, de ti mismo y adquirir la habilidad de verte por afuera. Eso es el principio de una conversación larguísima que tenemos todos con nosotros mismos. Y nos contamos la historia de nuestras vidas. “Hoy hice esto, fui un chico malo, mañana me portaré mejor”. Creo que de eso hablaba George. Crecemos, envejecemos, pero tenemos la misma relación con nosotros mismos, cuando somos viejos y jóvenes. Es ese hilo de la vida lo que nos hace seres continuos. Cada instante están pasando cosas alrededor nuestro y las cosas pueden cambiar abruptamente y sin aviso. Si no tuviéramos ese hilo, no seríamos seres coherentes.

En el libro, cuando uno de los personajes está terminando su libro en París, se siente completamente vacío. ¿Usted se siente así cuando termina una obra?

Sí. Eso en verdad sale de mi propia experiencia. Esa descripción. Diste a luz y estás vacío. El libro está vivo para ti solo cuando trabajás en él. Cuando se termina, ya ni te pertenece. Hay un sensación de vacío dado que tenés que dar todo. No podés frenarte. Así que cuando terminás, no te queda nada. Pensás que es imposible y que no vas a poder hacerlo de nuevo pero pasa que, en mi caso y en otros escritores, el tanque se empieza a llenar después de semanas, meses o años. Es como tirar la cisterna y el tanque se llena de agua. Solo lleva un tiempo (se ríe). Perdón por usar una metáfora tan vulgar, pero es así.

¿Sobrepasa ese sentimiento escribiendo de nuevo o esperando?

No, tengo que esperar. No podés simplemente escribir. No podés escribir una idea, tiene que salir de acá (se señala el pecho) y si no está pasando, bueno... Esto es algo grande para mí. Nunca escribí algo de esta escala. Tengo una idea para una novela que se está formando. Algo diferente, con otra aproximación a las cosas. Pero tengo que esperar, sacarme este libro de mi sistema. Sé que si empiezo la próxima novela ahora, no va a funcionar. Tengo que darme más tiempo. Mientras tanto, estoy escribiendo algo que me apasiona. Pero no es de ficción. Es sobre un escritor estadounidense que admiro tremendamente: Stephen Crane. Es sobre la vida y trabajo de él. Quiero que lo lean más. Creo que es genial. Es el primer escritor estadounidense moderno y como murió tan joven, a los 28 y siendo tan productivo, nunca se vio lo que podría haber sido su carrera.

El escritor cubano Leonardo Padura se quejó en su ensayo, Yo quisiera ser Paul Auster, que siempre se le pedía que hablara de política. Con Trump al poder, ¿se siente como Padura?

No he leído esto que suena muy divertido. Siempre me he interesado en la política y he hablado sobre ella. Trump no me ha cambiado. Es una continuación. No he dedicado mi vida a escribir sobre esto, pero hay una pila de artículos que he escrito con los años sobre diferentes temas. No tengo problema en hablar, pero en Estados Unidos no ponen a los escritores en la televisión. Los escritores estamos afuera de la conversación nacional dentro de los grandes medios de comunicación. Las personas leen y hay grandes lectores y los escritores publican y son leídos, pero somos personas marginales. Lo que está bien; me gusta estar afuera, no adentro de algo. Pero fuera de Estados Unidos todos quieren preguntarle a los escritores. Cerca de las elecciones, mi hija vino, mi esposa estaba afuera, y yo estaba tan asustado que le pedí que mirara la votación conmigo. Ella me preguntó si me había visto a mí mismo en la BBC y le dije que no. Y me mostró y salí tan nervioso que tartamudeaba, y usualmente hablo bastante elocuentemente. Pero era un desastre mental y emocional porque dije que Trump iba a ganar. Dije que las encuestas se equivocaban. Y bueno, desafortunadamente tuve la razón. Después de las elecciones (la señal inglesa) Channel 4 me preguntó por mis opiniones, y se me ocurrió una metáfora para esa entrevista que creo que es buena. Hasta ahora los estadounidenses creían en la solidez de sus instituciones: la Constitución, el sistema de leyes y todo lo que nos ha sostenido excepto en ese período oscuro de la Guerra Civil. Nunca hemos tenido un golpe de estado en los Estados Unidos y siempre que tuvimos una elección hemos tenido una transición pacífica de poder, lo que en América del Sur no pasa muy seguido. Dije que estas instituciones eran edificios de granito. Pero qué pasa si todo este tiempo, estos edificios que pensábamos eran de granito estaban hechos de jabón. ¿Qué pasará cuando Trump y su equipo prendan sus mangueras sobre esos edificios de jabón? Se van a derretir y convertirse en barro esparciéndose por las alcantarillas de la calle. Bueno, jóvenes, las mangueras están abiertas y las paredes se están derritiendo.

Auster
El escritor estadounidense Paul Auster fue una de las figuras internacionales destacadas en la última Feria del Libro de Buenos Aires donde presentó "4321".Foto: Difusión

"Tengo que enseñarme a escribir cada uno de mis libros"

Paul Auster creyó que su última novela, 4 3 2 1, le podría llevar cerca de siete años debido a su tamaño. Finalmente, solo tardó tres. Según él, la propuesta del libro lo mantuvo “en trance” escribiendo.
4 3 2 1 tiene cuatro protagonistas que en realidad son uno. Es que el colosal libro narra las cuatro vidas posibles de Archie Ferguson, un joven apasionado por los deportes, el cine y sobre todo, la escritura, que nació en 1947 en Newark, Nueva Jersey.

La novela recorre los diferentes crecimientos de Ferguson mientras en paralelo explora algunos hechos determinantes en la historia de Estados Unidos en las décadas de 1960 y 1970.
Auster, que además de escritor ha sido traductor y hasta cineasta, continúa explorando un camino de rincones autobiográficos, pese a que ha dicho que esta novela, 4 3 2 1, no se trate sobre su vida.

Para el autor de La trilogía de Nueva York, El Palacio de la Luna y Leviatán, entre otros títulos, cada nuevo libro le implica volver a aprender el arte detrás de su oficio, incluso al día de hoy.
“Tengo que enseñarme a escribir cada libro mientras lo hago” dijo el escritor en su encuentro en Buenos Aires con medios argentinos y uruguayos. “Eso lo hace asustadizo y aventurero. Sé que hay escritores que planean. Yo improviso”, dijo Auster, considerado uno de los grandes escritores de Estados Unidos.

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