Entrevista

Eduardo Barreneche: “Los cronistas policiales ya no vamos a los boliches”

El periodista de El País publicó un libro con sus notas, ampliadas y actualizadas, sobre casos impactantes como el asesinato de Lola Chomnalez, los crímenes de Pablo Goncalvez y el arsenal de Samuel Feldman

Eduardo Barreneche
Eduardo Barreneche, periodista de raza con libro. Foto: Darwin Borrelli

“Son casos de los que la gente aún se acuerda”, cuenta Eduardo Barreneche sobre los artículos que, publicados en El País, ahora, ampliados y actualizados, se recopilan en un libro, Historias policiales que marcaron la crónica roja uruguaya (Ediciones de la Banda Oriental). Sobre la evolución de la crónica roja, la empatía con la víctima y el arte de narrar, Barreneche charló con El País.

—¿Cómo surgió la idea de recopilar sus crónicas para El País en un libro?

—Yo los venía publicando como informes especiales y me llamo Alcides Abella de Banda Oriental quien pensó que se verían bien en un libro. Me pidió, eso sí, actualizarlos y darle otra profundidad y otra extensión. Así le fui incluyendo los expedientes judiciales en cada caso.

—Es que muchas de las notas habían sido publicadas en la inmediatez de un diario.

—Exacto y el expediente es la verdad. Ahí, uno ve que hay informaciones reservadas de todas las dependencias, a las que en la vorágine de la crónica policial nunca se accede. Y cuando decanta el caso y uno puede ir a los juzgados, descubre que solo vimos la punta del iceberg y abajo hay una serie de ramificaciones insospechadas. Y ahí está la historia porque se ve el sufrir de la víctima, por ejemplo. Está todo ahí.

Ficha
Barreneche
Historias policiales...
AutorEduardo Barreneche
Editorial Banda Oriental 
Precio480 pesos

—La crónica roja tiene una larga tradición literaria. ¿Puede jugar con lo narrativo en la urgencia del cierre?

—Yo pasé por varias áreas del diario y siempre vuelvo a la crónica roja porque permite pintar a los personajes más que otras áreas en donde hay poco margen para contar historias. Eso no pasa en la crónica policial: todos los días hay historias. Un viejo editor mío, Hugo Ocampo, decía que la noticia está siempre a 40 centímetros de profundidad, y en la crónica roja cuando se pasan esos 40 centímetros, te permite ver la historia y te da la libertad para narrar la peripecia de los protagonistas y pintar la escena. Pocas áreas te permiten presentar un escenario a través de lo que viste y de lo que te contaron. Eso exige pasar horas con vecinos y tratar que el testigo de la policía sea también mi testigo. Y ahí estamos llegando a lo más de lo que pasó porque si no tenemos un relato hecho por un policía de lo que le dijo un testigo y luego que tenemos el expediente ahí podemos sintonizar mejor.

—Usted empezó en 1988 en la crónica policial. ¿Cómo ha cambiado el trabajo?

—Ha cambiado muchisimo. Ahora la rigurosidad es total y ya no podemos quedarnos con la versión de un policía. El nuevo Código de Proceso Penal favoreció la tarea porque ante era todo reservado y ahora voy con un pendrive y me traigo la acusación de la fiscalía, me voy al barrio y puedo reconstruir lo que pasa. Como el trabajo de la Justicia es más transparente, se hace más transparente al público. Cuando arranqué la policía usaba a la prensa como globos sonda para que el tipo pensara que iba para un lado y ellos iban por otro.

—¿Hay más empatía con la víctima ahora?

—Sin duda. Antes había cero empatía y se la cosificaba con una jerga fría de muchos cronistas policiales. Los periodistas se mimetizaban con los policías y eran íntimos amigos. Yo no viví eso pero acompañaba a otros periodistas que sí.

—¿Esa falta de empatía fue lo que le dio mala fama a la crónica roja?

—Antes mucha crónica roja era ficción porque los periodistas habían estado todo el día en el boliche, llamó un amigo, le pasó un dato y con eso hacía una crónica. Hoy eso es impensable: los cronistas policiales ya no vamos a los bares.

—De las crónicas que recopila en el libro, ¿cuál es la que más lo impactó?

—La de Lola Chomnalez porque tengo una hija de esa edad que tiene un perfil muy parecido al de Lola. Me pareció una injusticia lo que le pasó a esa chiquilina que salió a caminar a la playa y se encontró con dos tipos que la intentaron violar y luego la mataron. Yo no puedo mirar la foto de Lola. Siempre tengo empatía con la víctima y eso es parte de mi evolución personal y profesional.

—Un riesgo es perder la sensibilidad con lo que está contando.

—Ahí ya no podés ser más cronista porque sos un cínico. Yo no miro las fotos de los expedientes, me causan dolor.

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