ENTREVISTA

Diego Fischer: "En mis libros busco darle herramientas al lector para que dude"

A finales de diciembre, Diego Fischer publicó "Cuando todo pase", su debut para Editorial Planeta, y el autor habló con El País para analizar su obra

Diego Fischer publicó "Cuando todo pase". Foto: Federico Miguez.
Diego Fischer publicó "Cuando todo pase". Foto: Federico Miguez.

Con su nuevo libro, Cuando todo pase (Editorial Planeta), Diego Fischer se prepara para llegar a Latinoamérica y Estados Unidos. Es la concreción de un trabajo de años que ha dejado unos cuantos best-sellers en Uruguay. Es más, su último trabajo —editado a finales de diciembre— fue el libro más vendido de enero y febrero en la categoría de ficción. Sin embargo, la historia parte de hechos reales. 

Basándose en la vida de Daniel Cibils y de las hermanas Consuelo y Dolores Aguiar-Mella, el autor de Qué tupé y El robo de la historia construye una historia de la caída del imperio español. Sobre su obra, habló con El País.

—Tu nueva novela, Cuando todo pase, marca tu debut en la editorial Planeta. En los próximos meses se va a editar en América del Sur y Estados Unidos. ¿Cómo lo tomaste?

—Sí, va a publicarse en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Estados Unidos. Es la concreción de algo que hace 10 años venía bregando para que sucediera. Quería salir de fronteras y cuando Planeta me propuso trabajar con ellos, una de las cosas en las que más énfasis hizo, además de potenciar el mercado local, fue publicar en el exterior.

—El punto de partida es la violación y el asesinato de dos mujeres uruguayas en Madrid, que te permite relatar la caída del imperio español. ¿Sentís que la historia puede atraer a los lectores del exterior?

—Entiendo que sí. Cuando todo pase cuenta las experiencias de vida de las hermanas Consuelo y Dolores Aguiar-Mella, y de Daniel Cibils. Es una historia absolutamente real y desconocida en el Uruguay, y el telón de fondo es una España que un día amanece siendo una República. Se habla de la caída de Alfonso XIII en el momento de mayor brillo de la generación de intelectuales, encabezados por Miguel de Unamuno, que son la voz de la conciencia de una España que lo tuvo todo y que luego Unamuno definió con la frase: "Me duele España”. Los intelectuales estaban dolidos por lo que veían y con su voz dieron batalla. Sus armas eran el papel y el lápiz. A través de sus palabras, trataron de incidir para cambiar la situación.

—Obviamente los contextos son totalmente distintos, pero si nos vamos al Uruguay actual, ¿cuál considerás que es el rol de los intelectuales en cuestionar la realidad? En tu caso, los sábados publicás una columna de opinión en El País.

—En el diario El País, donde nací como periodista hace 40 años, tengo esa columna de opinión en la página editorial donde me presento como un periodista que opina sobre la realidad del país. La apuesta es a reflexionar sobre determinados temas y poner en evidencia algunas situaciones. He sido muy crítico a las administraciones gubernamentales pasadas y quiero invitar a la gente a pensar. Obviamente, algunos coinciden y otros no. Quiero aclarar que no me estoy comparando con la generación del 98 español, porque son situaciones distintas y fueron figuras de lo más prestigioso que ha dado la literatura.

—Tus columnas hacen foco en la falta de autocrítica del Frente Amplio. ¿Sentís que hace falta un mayor cuestionamiento desde la intelectualidad?

—Estamos en un proceso de transición. Tuvimos 15 años de gobierno de izquierda, donde figuras notorias del mundo universitario y académico se alinearon con el gobierno y apuntalaron a esos tres gobiernos de izquierda desde sus funciones en la universidad. Eso no es novedad y viene de personas que fueron muy nefastas, pero no te voy a decir el nombre porque la gente los conoce. No son más de cinco.

—Tus libros siempre han sido un éxito de ventas. Pero, ¿sentís que tu mirada crítica te ha cerrado algunas puertas?

—En lo personal lo he sentido, pero creo que lo que a uno lo hace ver que va por el camino correcto es la respuesta del público. El público compra y lee mis libros, y eso hace que desde hace varios años reciba el Libro de Oro. Entonces, los argumentos de los contrarios son minoritarios en relación a las personas que me leen. Está la idea de porque tú producís mucho o publicás mucho, entonces lo que hacés es malo. Quienes quieren banalizar mi trabajo, creo que lo hacen de mala de fe o desconocen por completo la investigación detrás de cada libro.

—Tus libros parten de una investigación para mostrar otra cara de los hechos que marcaron la historia. Hay un interés especial en lo que sucedió entre finales del siglo XIX y principios del XX. ¿Cómo surge?

—En Uruguay siempre hubo un gran interés por todos los temas históricos, pero hay un particular interés, y lo demuestra cómo han sido recibidos mis libros, por episodios o personalidades muy conocidas de las épocas que mencionás y que han sido estudiadas desde el mito, la leyenda o de la historia deliberadamente mal contada. Un ejemplo es Mejor callar, que habla de una mujer de 19 años, Celia Rodríguez Larreta, que fue asesinada por su marido y cuyo amante era Luis Alberto de Herrera. Hay una trampa política y es un crimen que toca al patriciado uruguayo. Me llevó muchísimo trabajo desenmarañar un tema que en su momento fue mejor callar.

—¿Considerás que tu obra se alimenta de la búsqueda por problematizar la historia que creemos conocer?

—Los hechos me fueron comprobando que gran parte de la historia que conocemos nos fue contada desde un interés político partidario o desde dar por cierto lo que alguien escribió hace 100 años. Cuando comencé la investigación por Doña Cándida Saravia, me fui a Melo a buscar la partida de nacimiento de Aparicio Saravia y me llevé la sorpresa de que no nació en 1856, sino en 1857. Es una nota de precisión que confirma hechos más profundos.

—Entonces, ¿la esencia de tu obra es la búsqueda por desmitificar hechos históricos?

—Totalmente. Es analizar los mitos y desmitificarlos, pero sin destruirlos. En mis libros, busco darle herramientas al lector para que dude. Yo no tengo la verdad absoluta, pero siempre voy a los documentos y eso me permite trasladarle la duda al lector.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados