Entrevista

Darío Sztajnszrajber, un filósofo punk que se convirtió en una celebridad muy popular

El argentino vino a Uruguay a presentar su nuevo libro, el primer tomo de Filosofía a martillazos, donde recopila algunas de sus charlas que se convirtieron en un fenómeno de la televisión y YouTube

dario sztajnszrajber
Dario Sztajnszrajber, un filósofo con mucho público

Darío Sztajnszrajber estuvo en Uruguay presentando Filosofía a martillazos, (Paidós, 690 pesos)el libro que reúne alguna de esas charlas que llenan teatros o se ven en YouTube donde algunas llegan a las 750.000 visitas. En Uruguay charla un lunes por mes con su ciclo Filósofos lunáticos ante una Sala Zitarrosa repleta de un público ávido de escucharlo hablar del amor, Dios o la Democracia, entre otros temas para nada livianos pero que tiene muchos interesados.

—¿El título del libro refiere a la manera que nos entra la filosofía hoy?

—Ese es un concepto de Nietzsche porque entendía que la filosofía, para abrir el sentido común, lo tiene que hacer con cierta brusquedad porque suele presentarse cerrado, macizo, sólido. Si la filosofía intenta mostrar que todo puede ser de otra manera, lo que tiene que hacer es resquebrajar el lugar donde el poder se hace más presente, o sea en la naturalización de sus categorías. Naturalizar significa que convivimos con situaciones que creemos naturales, que no pueden ser de otro modo. Y la filosofía, al menos la que a mí me interesa hacer, entiende que esa es la estrategia más eficiente del poder. El principal martillazo que uno tiene que dar para este modo de pensar la filosofía es contra uno mismo, contra ese lugar donde uno se cree dueño de sus ideas, seguro de sus valores.

—¿Es un cuestionamiento...?

—(Continúa) Incesante, que comienza en el cuestionamiento de las que cosas que recibís y termina en un autocuestionamiento del lugar hasta en que uno piensa aquello que lo rodea.

—La filosofía, o al menos la divulgación de la filosofía como vos la hacer, no es una suerte de lo que solía ser la autoayuda.

—La filosofía es lo contrario a la autoayuda aunque, si querés, comparte un mismo lenguaje que tiene que ver con aquello de “conócete a ti mismo”. Si la autoayuda te brinda herramientas para maximizar eso, la filosofía te lleva a un lugar inverso: te inspira a darte cuenta que cuanto más te conocés a vos mismo, más conocés el profundo abismo que uno es y que ese “sí mismo” es una construcción, que ese conocimiento siempre es imperfecto y que cuánto más te conozcas a vos mismo, menos te conocés a vos mismo. Uno está en una deriva en la que nunca es idéntico a sí mismo. Con la autoayuda buscás recetas para la felicidad; con la filosofía cuestionás qué es una receta, qué es la felicidad. Te lleva a la deriva de sentido que lo que genera es angustia. La filosofía entiende que esas angustias existenciales te generan una reconciliación con tu aspecto más humano que es entender que en el fondo, no hay fondo que nacemos para morir y que no hay solución.

—Como frase publicitaria está brava, pero tus charlas, tus libros, tus presentaciones en televisión, tienen muchos seguidores. ¿Por qué si todo parece tan angustiante la gente te sigue?

—La cultura ha producido la idea de que la angustia es negativa. Tu misma pregunta supone que es algo malo y los que hacemos filosofía entendemos que la angustia es humana, ni buena, ni mala. Es algo genuino. Así, es una manera de reconciliarse con la finitud. El poder se aprovecha de esas angustias para utilizar tus miedos para su provecho, así que también es una forma de liberación.

—Tu público sale de tus charlas o de leer tus libros, sin embargo, con una sensación no necesariamente de angustia.

—Uno sale asumiendo la angustia y relacionándose con ella. Platón decía que la filosofía es una ejercicio de la muerte: elaborás que sos un ser que se va a morir. Es una angustia dulce, sentís que eso interpela tu ser y te vas dando cuenta que la mayoría de las cosas que hacemos en la vida cotidiana son de autoayuda. Creer que el amor existe para siempre, pensar que vas a conseguir la felicidad, son cosas de autoayuda. Y en ese sentido, la autoayuda es negación, casi de manera religiosa disuelve la contingencia de lo real.

—En Argentina, se ha dado un fenómeno de filosofía de divulgación. Pienso en José Pablo Feinmann, Tomás Abraham pero vos convertiste eso en un fenómeno de masas multiplataforma con libros, conferencias, programas de televisión. ¿A qué se debe que lo tuyo se haya vuelto muy popular?

—Me siento en una continuidad con ellos, pero sí hubo una transformación material, un cambio de época. Y está Canal Encuentro, que también se hacía cargo del cambio en las formas mediáticas de transmisión de contenidos. En Mentira la verdad, a veces el formato se comía al contenido. El formato era filosófico. Y eso nos acercó, sobre todo, a los jóvenes que se sentían identificados con el lenguaje que utilizábamos. Cuando planteé las primeras ideas del programa, la reacción de mis interlocutores era: “pará, no tirás una buena y en la tele a los chicos hay que tirarle buenas”. Y me planté y dije que en mis 18 años de docente, el “éxito” del trabajo en el aula fue, justo, no tirar ni una buena. Hacer de la pregunta, aunque genere vértigo, una modalidad con la que todos los pendejos se recontraenganchaban. Porque se hacen esas preguntas y se encuentran a la deriva. Hasta ahora la televisión ha sido lo contrario —sé feliz y olvidate de todo eso— y corrernos de eso, siempre me pareció una propuesta muy punk. La filosofía tiene algo de punk, por lo menos la que a mi me gusta hacer. Tiene eso de martillazo de cómo el punk descreyó del potencial utópico del rock y dijo: “si esto es en serio, esto es a fondo”. Y el punk es la evidencia de que ese punk, para muchos, es imposible. Si la filosofía no va a fondo, es edulcorada, pero la hace muy molesta.

—En Argentina, siempre está discutiéndose la coyuntura pero vos proponés otro debate...

—Volvés a la coyuntura, pero vista desde otro lugar. Es un error tratar a la coyuntura desde las mismas categorías que ella te propone. Quedás como encriptado en esa lógica y no podés ver el borde. Vos podés analizar las elecciones, pero tu diferencia específica como filósofo, es ir a otro lenguaje.

—¿Y hay una lectura política?

—Si algo trae la filosofía es que todo hecho social es político y por ello trae esta idea de no circunscribir la política a lo que hacen los políticos. Entender que un aula es un acontecimiento político, que un hogar es un acontecimiento político. Si uno hace ese planteo en un programa político, te acusan de irte por las ramas, pero la filosofía es irse por las ramas porque desde ahí puede visualizar una perspectiva distinta.

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