Entrevista

Daniel Mazzone: “Vivimos en la inestabilidad y vamos a vivir más inestables en el futuro”

Periodista y actual Coordinador Académico de Periodismo de la ORT habla de su nuevo libro

Daniel Mazzone
Daniel Mazzone reflexiona sobre temas cruciales. Foto: Marcelo Bonjour

El periodista y actual Coordinador Académico de la carrera de Periodismo de la ORT, Mazzone reflexiona en Máquinas de mentir (Crujía, colección Futuribles) sobre cuestiones bien urgentes. Por ejemplo, el futuro de los medios tradicionales en tiempos de “noticias falsas” (un concepto que rechaza) y “posverdad”.

—En Máquinas de mentir, usted habla de un “agotamiento del contrato de comunicación establecido en el seno del ecosistema industrial de medios”. ¿Cuándo empezó a notar los primeros síntomas de ese cambio de paradigma?

—Se dio como en etapas. Con el surgimiento de internet aparecen un montón de preguntas. En 1996 participo de la etapa fundacional de El País digital y en ese momento, las preguntas que me hacía eran “¿dónde diablos va todo esto?” y “¿cómo se organiza esto?”. La primera respuesta empezó con las plataformas: Napster, después Facebook, Twitter. Ahí empieza a orejearse una salida: se iba a organizar a través de grandes estructuras que a su vez iban a contener grandes estructuras. En el momento en el que empezamos a ver todo caotizado fue cuando los medios empezaron a naufragar.

—¿En qué sentido?

—Los medios desde la revolución industrial hasta fines del siglo XX ordenaban la circulación de textos. Todo lo que se publicaba en un diario o salía por la radio o la televisión tenía un responsable. Podía ser una marca, un periodista, un directorio pero alguien decidía qué publicar y qué desechar. Podía haber errores, mal intención pero todo se resolvía a través de un contrato de comunicación que se fue haciendo de hecho. Suelo decir que el periodismo no es consciente de todo lo que ayudó a gestar en el siglo XVIII. El primer diario, el Times es de 1785 y El espíritu de las leyes es de 1750 y además estaban naciendo las ciudades y la democracia. Eso está agonizando ahora.

—En el libro dice que uno de los pilares de la civilización es la verdad y su intermediario los diarios.

—El periodismo no solo era controlador del poder también era facilitador de la circulación de textos. Y el periodismo está demasiado abocado a producir textos y se olvida que hay que pensar hacia dónde vamos. Si no, el agotamiento del modelo de negocios que se está llevando puestas a un montón de empresas, los toma por sorpresa por no haberlo previsto.

—Porque no es solo un modelo de negocio lo que está cambiando.

—Es un modelo de producción, de distribución y de consumo.

—¿Qué otro producto ha pasado por un cambio de paradigma tan radical?

—Marshall McLuhan dijo “la electricidad volvió todo simultáneo”. La electricidad aparece en el siglo XIX, McLuhan dijo eso en la década de 1960 y nosotros nos seguimos asombrando de que todo sea inestable, cuando la inestabilidad nos sigue hace 120 años.

—Esa frase ubica esta inestabilidad como parte de un proceso más largo.

—Vivimos en la inestabilidad y vamos a vivir más inestables en el futuro.

—Aquellos tiempos de incertidumbre por internet eran a su vez tiempos de optimismo

—Era un optimismo ingenuo. Aquello de que iba a democratizar y todo eso. También trajo opiniones negativas como la de Umberto Eco. Siempre digo y le cae mal a mucha gente que Eco no entendió internet, que se quedó en el siglo XX. La mejor definición de internet la dio Manuel Castells: “internet es el tejido de comunicación de nuestras vidas”. O sea nuestras vidas ahora se juegan ahí. La teoría de la ecología de los medios dice que tenemos claro que vivimos en las plataformas —ahí hacemos negocios, nos vinculamos con gente, tenemos nuestras redes— pero esto ya lo hacíamos en los medios pero hacíamos menos cosas. Tanto las plataformas como los medios son ámbitos en los que nos estamos moviendo sin darnos cuenta. Y ahí se procesa nuestra vida.

—Lo que cambió, parecería, es el contrato con la verdad.

—Lo que trato es calmar las ansiedades y entender que es tamos en una nueva sociedad, con sus reglas y sus nuevas estructuras. En medio de ese caos, los perversos, los jodidos suelen revolver el río para obtener ganancia. Eso es inevitable pero no ocurre porque haya un fin de las concepciones acerca de la verdad: nada ha cambiado en Occidente, de Aristóteles a la fecha en cuanto a los formatos para establecer la verdad. Le seguimos dando total importancia a la forma en que se establece la verdad, la forma en que se la interpela y se la polemiza. La verdad periodística, como la verdad jurídica es apelable.

—La verdad periodística se atomizó.

—Siempre hubo muchas verdades. Lo que los medios efectúan es una propuesta de verdad. Eso que algunos señalan como debilidad del sistema democrático es su fortaleza. Todas las voces se escuchan, absolutamente todas. Y después por mecanismos que son milagrosos o difíciles de entender, se produce una síntesis colectiva por la que decidimos quedarnos con esta perspectiva de la verdad. Es lo que Patrick Charadeau denomina la “verdad civil” que no pertenece a nadie en particular pero representa a la mayoría. La verdad es una construcción social.

—La idea central del libro es que se necesita un nuevo contrato de comunicación. ¿Cómo se hace eso?

—Ese nuevo contrato es complejísimo. Ya no se va a poder hacer como se hizo en los siglos XVIII o XIX que se fue haciendo en la marcha. Acá van a tener que sentarse la sociedad, o sea la política sobre todo su Poder Legislativo; los medios que están de capa caída esperando qué pasa pero van a tener que tomar cartas en el asunto, y las plataformas.

—Pero esa capa caída ¿no es porque se cedió espacios a otros actores como las redes sociales o el manejo de la verdad?

—Tal cual. Es un problema de los medios. ¿Por qué dejaron que Google les afanara el mercado? ¿Por qué no hicieron un Google ellos? ¿Por qué no hacen un plataforma? No sigan esperando. Si bien las plataformas conectan y viralizan, la construcción de la visibilidad sigue siendo periodística. Y eso el periodismo no lo tiene que perder de vista. El periodismo es decisivo en esta sociedad y lo va a seguir siendo.

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