ENTREVISTA

Daniel Baldi:"Fue un golpe durísimo conocer el mundo real del fútbol"

El exfutbolista y autor del exitoso libro "Mi mundial", acaba de editar "Vacaciones con mi pelota", su nuevo trabajo. Sobre eso, habló con El País.

Daniel Baldi. Foto: Leonardo Mainé.
Daniel Baldi. Foto: Leonardo Mainé.

El exfutbolista y autor Daniel Baldi acaba de editar Vacaciones con mi pelota, un libro que presenta la historia de a vez la historia Leopoldo, una pelota y un perro de aspecto amenazador. Editado por Planeta, el nuevo título del autor de Mi Mundial se vende en un pack que incluye una pelota de los diez años de la Fundación Celeste —de donde el autor es gerente—, que incluye la firma de los jugadores de la selección uruguaya.

Sobre su nuevo libro, que se acompaña de la canción “La pelota de mis sueños”, Baldi habló con El País.

—En Vacaciones con mi pelota, la historia de Leopoldo muestra cómo el fútbol es una herramienta para fortalecer los vínculos sociales. ¿Sentís que el deporte ayuda a generar más intercambios?

—Sí. Creo que el fútbol, sobre todo la etapa del baby fútbol, es esencial para eso. Y lo digo porque, justamente, te permite socializar con tus pares. Eso pasa todavía más con aquellos equipos que han sumado a niñas, y creo que ni siquiera la educación logra generar ese tipo de misturas. El fútbol capta la atención, la locura y la pasión de pobres, ricos, cultos e incultos. Es más, el repartidor de garrafas y el abogado se reúnen el fin de semana para llevar a su hijo al mismo equipo del barrio. Siento que eso no se ve tanto en la educación de ahora; es como que la sociedad está más en una burbuja.

—Además, uno puede compartir en el salón de clases pero eso no quiere decir que se termine generando un vínculo. En el caso del baby fútbol, ya se parte de un interés en común.

—Totalmente. Acá estamos todos yendo para el gol. Estoy en contra de los padres que piensan que esa es una etapa para que su hijo empiece a transformarse en un futbolista profesional. La estadística marca que menos del 1% de toda una generación llegar a ser jugador profesional. Entonces, hay que pensar qué deja esa etapa, y ahí es donde entra la posibilidad de hacer amigos de distintas clases sociales y la unión para armar estrategias para ganar un partido. Pero también hay que entender que si no se gana no pasa nada. Ese es un elemento exquisito para educar en valores y aceptar las frustraciones.

—Fuiste futbolista durante años. ¿Qué estrategias fuiste adoptando para manejar las frustraciones?

—Si no sos Suárez, Cavani, Lugano ni Godin no sabés si el año que viene vas a tener trabajo, entonces tenés que tener una psicología de trabajo de disfrutar el momento; porque si no hacés goles o te lesionás no te renuevan el contrato. Eso te lleva a armarte de una fuerza mental que me sirve para toda la vida. Cuando la cosa se está complicando, como le pasó a todos en la pandemia, yo trato de buscarle el lado positivo. La gente que está en el mismo laburo desde hace 10 años, se deprime cuando están viendo que la empresa donde trabajan está por fundirse, pero el futbolista convive con la incertidumbre desde la adolescencia. Nunca sabés qué va a pasar.

—Vacaciones con mi pelota tiene varios momentos en los que Leopoldo se autocuestiona. ¿Sentís que este es tu libro de mayor mirada interna?

—Puede ser. Lo pondría junto a Mi Mundial, que es salado el mundo interno de Tito. En ciertas partes, los personajes se asemejan: Tito es un fenómeno en el fútbol y Leopoldo no, pero ambos tienen un mundo interno rico y cargan con un montón de inseguridades. En Mi mundial, Tito decía que el único momento en que podía brillar era cuando tenía una pelota en los pies. Entonces, como autor, le saqué esa posibilidad para mostrar que tenía que reinventarse. Leopoldo sentía que no era bueno y que a nivel social no encajaba, pero le tuvo que pasar algo en su vida para que se diera cuenta de que no era tan así. El fútbol es bastante ingrato, y a veces tenés 17 años y, cuando menos te lo esperás, te dicen: “hasta acá llegaste”. Así empezás a sentirte frustrado y eso también se traslada a la familia, porque a ese joven le hicieron creer que para lo único que va a servir en la vida es para jugar al fútbol. Ahí es donde entra ese entramado psicológico que me encanta.

—Te retirste del fútbol a los 29 años. ¿Qué te hizo tomar esa decisión?

—Para mí fue un golpe durísimo conocer el mundo real del fútbol. Tenía 21 años y me di cuenta de que había gente mezquina y muy adinerada que trataba de robarte y subestimarte. Te hacían creer que los jugadores son un objeto y no seres humanos. Cuando me di cuenta de eso, quería volver a los momentos en que jugaba en Colonia con mis amigos y volver a gritar los goles sin preocuparme por la gente que me estaba manejando y robando. Desde ese momento me empecé a desencantar, y cuando estaba cerca de los 30 ya tenía la cabeza quemada. Veía injusticias todo el tiempo en dirigentes, representantes y técnicos. Ya tenía a mi hijo y me di cuenta de que le enseñaba valores que eran muy distintos a los que veía día a día. Un día le dije a mi pareja de ese momento que no aguantaba más y me dijo que estaba bien dejar el fútbol. Me angustiaba la injusticia, el deber dinero, reclamar a los dirigentes y que te mintieran en la cara. Entonces terminé un campeonato con Bella Vista y me retiré.

—¿Crées que la literatura te ayudó a recuperar la inocencia de esos partidos en Colonia que tanto extrañabas?

—Sí, me ayuda y es lo quiero trasladar a los niños. Quiero que al leer mis libros piensen en que hay alguien que les está diciendo: “Aprovechen este momento que es único. Disfruten porque capaz esta sea la mejor etapa de tu vida futbolística”. Y no va solo por meter goles, sino por lo que estás viviendo y la sangre que tiene el fútbol amateur cuando está la pasión por el deporte.

—¿Cómo es el proceso para trasladar esas ideas a un lenguaje accesible? Es posible que tus libros sean unas de las primeras lecturas de esos jóvenes.

—Yo trato de ser fiel conmigo mismo y tengo que tratar de acercarme con la cabeza de ellos. Tengo la suerte de publicar en Argentina, Paraguay, México, Brasil y Perú. Si tengo que hablar de drogas y sexo, lo hago. Creo que muchas veces lo que escribo resulta como un refugio para los gurises que me siguen, porque pueden sentir que está bien jugar a la pelota y errar un gol, o sentir miedo y presión. También se puede estar triste porque te dejó tu novia y por eso no levantás las patas el fin de semana. Se los dice un loco que las vivió todas.

—¿Te sorprendió la recepción que generó Mi Mundial?

—Yo sabía que era una historia linda, redondita y fácil de entender, pero nunca imaginé el boom que iba a tener. Vendió 25 mil ejemplares, en Paraguay lo tomaron como libro de texto para los alumnos de cuarto de escuela, le fue bien en México y Argentina y hasta llegó a Brasil. Tampoco esperaba que se hiciera la película. Se ve que tocó cosas que nunca imaginé. Salió la segunda parte después de que fanáticos me insistieron y ahora están pidiendo la tercera parte, pero para mí es una historia que ya está cerrada.

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