Entrevista

Crónicas históricas que reconstruyen familias y lugares

Soledad Gago charla sobre su libro, Relatos del 900. Lo presenta el domingo a las 18.00, en la mesa temática "El Patrimonio a través de sus símbolos", de la Feria del Libro de Montevideo. 

Soledad Gago. Foto: Fernando Ponzetto
Soledad Gago. Foto: Fernando Ponzetto

Soledad Gago es de Peñarol, hincha rabiosa. Pero antes que eso, es escritora y periodista, y eso pesó más a la hora de empezar Relatos del 900, su primer libro, con la historia de Abdón Porte, capitán del Club Nacional de Football de comienzos de siglo.

“Es romanticismo en estado puro. Cualquier persona que escribe no puede resistirse ante un tipo que porque no pudo defender más al cuadro de su vida, se pegó un tiro en el medio de la cancha, para quedarse por siempre ahí”, cuenta la escritora, que confiesa que a la hora de escribir se lo imaginaba como Diego Lugano. “Era de los que peleaban, pero también era respetuoso, el típico capitán de fútbol uruguayo. Eso era Abdón”.

La historia del capitán tricolor le sirvió a Gago para hablar del Parque Central, donde los pasionales dicen que habita su espíritu y que está presente en cada partido. Ese era el puntapié del libro -que presenta el domingo a las 18.00 en la Feria del Libro-: encontrar historias que permitan hablar de edificios emblemáticos de Montevideo.

Nacional inicia, pero Peñarol termina este libro de diez relatos. Gago no pudo dejar del todo de lado su amor y la eligió para el final porque siente que fue de las que mejor quedó. Además, esa es la única que dedica: “A mi abuelo y a mi papá, porque me hicieron de Peñarol”. Acá, la escritora no pudo hacerse de una única historia de vida, sino que tejió un entramado de muchos relatos que surgieron alrededor de la Estación Peñarol, hasta llegar a la creación del club de sus amores.

En el medio, Gago pasa por la historia del Palacio Salvo, del Museo Pedagógico, de la Capilla Jackson, de la Quinta Vaz Ferreira, el Blanes, el Solís, el Castillo Idiarte Borda y el Museo Zorrilla. La consigna era elegir edificios que permitieran al lector hacer un viaje por puntos diversos de la capital. El viaje lo hizo ella.

Joven, proveniente de Nueva Helvecia, de donde vino para estudiar Ciencias de la Comunicación, y nacida en Melo, Gago no conocía ni la mitad de esos lugares ni la mitad de esas historias. Incluso se sorprendió de lo que no sabía, de lo que aprendió.

La historia más difícil de reconstruir fue la de la familia Jackson. “Esta es la historia de una familia que quiso llegar al cielo. Que hizo cosas para encontrar la eternidad y, con ella, la felicidad eterna”, escribe Gago casi al inicio del tercer capítulo. De eso partió. Lo que la escritora sabía era que los Jackson, además de ser una de las familias más ricas del Uruguay del siglo XIX, también eran católicos, tan católicos que construyeron una capilla enorme en el fondo de su casa. De ellos no hay mucho más que documentos, así que a partir de ahí y de sus obras vinculadas a la religión, Gago se hizo con el relato.

Después estaba el sumarse a los muchos acercamientos que hay a Clara García Zuñiga. Su decisión fue nunca tratar a Clara de loca. “La encaré como una niña normal, vivaz, rebelde. Tenía una familia con todas las imposiciones que pueden existir en la vida, la despojaron de todo, la declararon incapaz”, describe y remarca: “Era la historia de una mujer que quería ser libre y no pudo”.

La otra dificultad estuvo al maridar datos y color narrativo. Es fiel seguidora de Josefina Licitra, Leila Guerriero, Eduardo Sacheri, esa generación de periodistas argentinos que defienden la crónica, y quería, lo buscó desde el principio, escribir con la gracia de sus referentes. Incluso, tenía dos textos a los que volvía cada vez que se trancaba. Uno era “Una sonrisa exactamente así”, de Sacheri, el otro, “El hombre del telón”, de Guerriero. De hecho, confiesa que la historia de Vaz Ferreira tiene una inspiración directa en ese segundo texto.

Para encontrar el equilibrio de la crónica, “borré mucho”, dice. Borró y volvió a escribir hasta sentir que su primer libro era una cruza perfecta entre las dos cosas que es: escritora y periodista.

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