Reconocimiento

El Cervantes para una poesía femenina, uruguaya y universal

A los 95 años, Ida Vitale ganó el más prestigioso premio de la literatura en español

Ida Vitale llegó a Maldonado para abrir la Feria del Libro. Foto: Ricardo Figueredo
Ida Vitale llegó ayer a Maldonado para abrir la Feria del Libro. Foto: Ricardo Figueredo

Ida Vitale se convirtió ayer en la segunda ganadora uruguaya del Premio Cervantes, considerado el Nobel de la literatura en español. Comparte ese honor con un cogeneracional del 45, Juan Carlos Onetti, que se hizo con el galardón en 1980.

Vitale, quien tiene 95 años, se enteró de la buena nueva en su apartamento de Malvín.

“Recibí la noticia en un horario muy discreto, a las nueve y media de la mañana”, le dijo a El País. “Nada que ver con el premio Reina Sofía, que me llegó a las seis de la mañana. Me llamó una señora, desde España, para ponerme en habla con el ministro de Cultura. Yo estaba regando las plantas”, relató.

El ministro de Cultura y Deporte de España, José Guirao, anunció el fallo del jurado del Premio Cervantes, el máximo galardón de las letras en castellano y dotado con 125.000 euros, que reconoce la trayectoria poética e intelectual de “primer orden” de esta uruguaya nacida en Montevideo en 1923.

Guirao generó cierta expectativa al leer un poema de la ganadora, sin revelar su nombre. El texto elegido fue “Gotas”, una pieza que dice: “¿Se hieren y se funden?/ Acaban de dejar de ser la lluvia/ Traviesas en recreo/ gatitos de un reino transparente/ Corren libres por vidrios y barandas/ umbrales de su limbo/ Se siguen se persiguen/ quizá van, de soledad a bodas/ a fundirse y amarse/ Trasueñan otra muerte”.

“¡Qué locura!”, dijo Vitale cuando el ministro la llamó y, tras hablar de los galardones que ha recibido en los últimos tiempos en España, insistió: “Los españoles siguen igual de locos que en la época de la conquista”.

En los últimos años, Vitale ha venido acumulando premios: además del Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, se hizo del Alfonso Reyes, el Max Jacob, el Federico García Lorca y el de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

En Uruguay, que nunca fue muy generoso en cuanto a reconocimientos con ella, recibió un doctorado Honoris Causa de la Universidad de la República, y un premio a la trayectoria en 2017 entregado por la Cámara Uruguaya del Libro.

La académica Carme Riera presidió el jurado del Cervantes que decidió conceder por unanimidad el premio, “por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía hodierna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.

El nicaragüense Sergio Ramírez, ganador del premio el año pasado y miembro del jurado, destacó la escritura de Ida Vitale y cómo representa a Uruguay, al que llamó una “verdadera potencia” en poesía de mujeres.

Vitale ingresó a la Facultad de Humanidades en 1946, donde tuvo de maestros a José Bergamín y Gervasio Guillot Muñoz. Otro de sus referentes fue el poeta español Juan Ramón Giménez.

Como muchos integrantes de la generación del 45 (una promoción que además incluyó a su primer esposo Ángel Rama, Carlos Martínez Moreno, Antonio Larreta, Mario Benedetti, Idea Vilariño y Homero Alsina Thevenet), escribió en las páginas culturales de Marcha, El País, y estuvo vinculada a diversas e influyentes revistas literarias. Vitale es la única sobreviviente de aquellos ilustres intelectuales

Sin embargo, no está de acuerdo del todo con eso de las generaciones. “Es un mecanismo para dar clase, para ubicar a la gente”, le dijo a la periodista Deborah Friedmann en una entrevista para Revista Domingo de El País. “Para ubicar una periodicidad de la literatura la tenían que meter, como sea, de alguna manera; eso ayuda”.

En todo caso, como muchos de sus cogeneracionales, además, vivía durante grandes períodos fuera del país. Estuvo dos años en París a mediados de la década de 1950 gracias a una beca del gobierno francés; pasó su exilio en México, donde se vinculó al círculo del poeta Octavio Paz y la revista Vuelta; y entre 1990 y 2017, cuando volvió al país y al apartamento de Malvín donde recibió la noticia, residió en Texas junto a su pareja, el también poeta Enrique Fierro.

Vitale editó su primera colección de poemas, La luz de esta memoria, en 1949. Su bibliografía incluye Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Oidor andante (1972), Jardín de Sílice (1980), Entresaca (1984), Jardines imaginarios (1996), Reason Enough (edición bilingüe, 2007), Fracción quinta (2009) y Mella y criba (2010).

En librerías uruguayas se encuentra su fundamental Obra poética y su libro más reciente, El ABC de Byobu, editado por Estuario.

“Ida Vitale ha escrito, a lo largo de más de 60 años, de manera indeclinable y con una autocrítica feroz, una de las pocas obras poéticas mayores en lengua española”, dijo el catedrático Pablo Rocca en 2010, en el Paraninfo de la Universidad de la República, cuando esa institución le entregó el título de Doctor Honoris Causa. Todos estos premios certifican el valor literario, humano y ético de una obra que sigue en continuo movimiento. A Vitale aún le quedan versos por escribir, y premios por recibir.

En esa oratoria, Rocca destacó un fragmento de “Fortuna”, uno de sus poemas. “Por años, disfrutar del error/ y de su enmienda/ haber podido hablar, caminar libre/ no existir mutilada/ no entrar o sí en iglesias/ leer, oír la música querida/ ser en la noche un ser como en el día”. No hay mejor biografía de un poeta que su propia obra.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)