ENTREVISTA

Carmen Posadas habló con El País sobre su nueva novela

De paso por Punta del Este, la autora uruguaya charló con El País sobre su novela La maestra de títeres.

Carmen Posadas habló con El País sobre su novela La maestra de títeres. Foto: Ricardo Figueredo
Carmen Posadas habló con El País sobre su novela La maestra de títeres. Foto: Ricardo Figueredo

La historia contemporánea española es muy rica en cambios sociales y políticos, muchos de ellos dramáticos. Constituye, en el caso de los escritores, todo un desafío. Algunos la han abordado poniendo el foco sólo en los últimos años de Francisco Franco, el dictador autodesingado como caudillo de España por la gracia de Dios. Otros lo han hecho con el foco en el proceso de transición liderado por don Juan Carlos y Alfonso Suárez, o en el Pacto de la Moncloa, los años de Felipe González como presidente, o en José María Aznar.

En medio está el proceso social que vivió España, una apertura que comenzó con la muerte de Franco y sigue hasta ahora; el famoso destape que puso en blanco sobre negro una serie de formas de vivir, que durante el régimen estaban escondidas en la más pura hipocresía.

La escritora Carmen Posadas se anima ahora a describir seis décadas de la historia de la alta sociedad española, de la mano de los personajes de su última novela, La maestra de títeres. La crítica española asegura que la novela es una cruda y humorística visión de la alta clase española a la que no se duda en emparentar con La feria de las vanidades, del británico William Thackeray.

El libro tiene varios guiños autobiográficos de la autora uruguaya, que llegó a España a mediados de la década de 1960 acompañando a su padre, Luis de Posadas, designado embajador en el reino español. Por ejemplo, la protagonista de La maestra de títeres estuvo, en uno de sus cuatro matrimonios, casada con un banquero; la autora, por su parte, fue esposa del gobernador del Banco de España, el banquero Mariano Rubio. Su condición de hija de diplomático y de esposa de un alto funcionario la transformó en una privilegiada testigo de los cambios registrados en España.

Portada del libro La maestra de títeres de Carmen Posadas. Foto: Editorial Planeta
Portada del libro La maestra de títeres de Carmen Posadas. Foto: Editorial Planeta

La escritora recibió a El País entre varias conferencias y entrevistas que concedió en Punta del Este para hablar sobre su último libro. Punta del Este es uno de sus lugares en el mundo.

—¿Cómo construyó el personaje de Beatriz Canalda, la protagonista?

—Está hecho como una suerte de patchwork, porque por un lado habla de la historia de su madre, que llegó a España a mediados de los años cincuenta. Esa señora se va a vivir a Inglaterra, donde se casa y tiene una hija. Su hija regresa a España en los setenta porque en Londres tenía un novio inconveniente.

—¿Qué España recibe a esta joven?

—Ella llega a Madrid para encontrar la transición. A mi me pareció interesante contar esas dos épocas tan importantes, el período de Franco y luego cómo eso cambió de un día para otro con la transición. Estas mujeres van entrelazando su vida hasta llegar al final de la obra, donde se devela un misterio importante.

—Es todo un desafío contar la época de Franco, lo que siguió después con la apertura, el “destape español”.

—Son como historias que se van entrelazando. Una es la que pasaba en esa España muy dura de los años cincuenta; otra, la que pasó en los setenta. Ambas historias van convergiendo.

—A usted le pasó algo parecido cuando llegó a España. Para empezar, la imagen de la mujer era la de la esposa de Franco, Carmen Polo.

—Eso es un poco autobiográfico. El personaje de mi obra se va a vivir a un edificio en el Paseo de la Castellano. En la novela, en el piso de abajo, vive un ministro de Francisco Franco, que su señora es muy amiga de Carmen Polo. Y eso es muy autobiográfico porque cuando llegamos a España fuimos a un apartamento en el mismo edificio que vivía un ministro de Franco, cuya esposa era muy amiga de Carmen Polo, a quien me crucé varias veces en el ascensor. Este libro tiene retazos muy autobiográficos.

—Usted es hija de una familia liberal uruguaya que llega a Madrid en medio de la dictadura conservadora franquista. ¿Qué fue lo primero que le impactó?

—Llegamos en 1965. Para mi aquello fue muy sorprendente. Fuimos a vivir cerca del estadio del Real Madrid, por ahí pasaban las ovejas. Había un barrio muy cerca, muy pituco, que tenía luz de gas a farol. En ese momento Uruguay era más avanzado que España en muchos aspectos. Después me encontré con el peso de la religión.

—De todas formas esa sociedad tan dura, tan clerical, escondía los escándalos que luego del destape pasaron a ocupar lugares en las revistas del corazón.

—Para empezar no existía el divorcio y todo lo demás. Pero, por debajo de ese manto de respetabilidad, pasaba absolutamente de todo. A su manera, era bastante liberal. Los matrimonios no es que estaban arreglados, pero era como que te teledirigían en tal sentido. Había que casarse con el que tenías que casarte. Un matrimonio tenía dos hijos, pero luego cada uno hacía su vida. Mientras no existía algún escándalo y no te dieras a la fuga con el chofer, no pasaba nada.

—También el régimen tenía algunos personajes increíbles, como la propia hermana de Franco.

—Aparece también en el libro. Era muy graciosa y muy simpática.

—Menudo trabajo le debe haber llevado escribir esta novela.

—La historia no sólo la van contando los personajes. También es un poco lo que sucedía en España. Hay mucha música en la novela, aquella que escuchábamos por aquellos años; las películas que veíamos por aquellos años. Es una novela que me sorprendió porque en un primer momento pensé que solo le atraería a las personas de mi edad. Ante mi sorpresa le interesa a mucha gente joven.

—¿Le encuentra alguna explicación?

—Me pregunto cómo es posible. Pero no lo sé. No tengo respuesta. En España hay muchas series de televisión que recuerdan los años cincuenta. A la gente le divierte cómo vivía su madre, su abuela. Es la explicación que le encuentro.

—Tocó elementos que están ahí, a flor de piel.

—El desafío más grande era que la gente recordara cómo se vivía en esa época, pero escribirlo con sentido de humor. Y fue un desafío porque en España existe cierto prejuicio de que una novela con humor es algo de segunda categoría. Todo lo que está contado es con muchísimo sentido del humor.

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