Entrevista a Jaime clara

“El ambiente cultural tiene que unirse”

El reconocido periodista y comunicador acaba de publicar el libro Otra forma de silencio

Jaime Clara
Jaime Clara, un gran comunicador con nuevo libro. Foto: Darwin Borrelli

Su perfil público más conocido es el de comunicador y periodista, principalmente a través de su trabajo en Radio Sarandí, donde conduce Sábado Sarandí, programa que el próximo 8 de diciembre está cumpliendo 17 años al aire. Pero hay otro perfil de Jaime Clara que tiene que ver con su vocación poética. De esto último da cuenta el libro Otra forma de silencio, que acaba de editar Seix Barral, y que reúne prácticamente toda su poesía. “Salvo los pecados de adolescencia, está toda mi poesía en este libro”, comenta con humor Clara, quien considera que desde la poesía a la comunicación periodística no hay una distancia tan grande como se podría creer.

-¿Los políticos van poco al teatro, o a otras actividades culturales?

-No lo sé. Que me los cruzo poco, es verdad. Pero más relevante que vayan, es importante que estén conscientes del papel que juegan. Una firma de ellos puede ser fundamental para desarrollar un emprendimiento cultural.

-¿Qué balance hacés de las políticas culturales que viene llevando adelante la izquierda desde el gobierno?

-Hay cosas muy buenas que se han generado en estas administraciones de gobierno desde 2005. Ha habido generación de oportunidades muy buenas, desde los Fondos Concursables a la Ley de Incentivo Cultural. Y se le han dado posibilidades a géneros que antes no tuvieron tanto desarrollo. Por poner un ejemplo, el relato gráfico: se ha permitido que se desarrollara un sector. Creo, sin embargo, que había mucha más expectativa por parte de quienes estamos en la cultura. Había una expectativa de que el ambiente cultural iba a tener otro desarrollo, que no lo tuvo. 

-¿Hay una gran fragmentación en el ambiente cultural?

-Creo que el ambiente cultural, como otros ámbitos, padece de una gran defensa de las chacras. De amiguismos, que pueden ser políticos, o artísticos, o lo que fuere. Creo que hay muchas chacras, con muy poca capacidad de interacción entre ellas. Y eso hace que el ambiente cultural esté muy fragmentado. Casos como el episodio de Franklin Rodríguez con El Galpón, que tuvo lugar este año, aunque es una anécdota, muestra la fragmentación del ambiente cultural. Creo que el ambiente cultural tiene que unirse, y tener capacidad de respuesta, en un momento en que están cambiando las formas de entretenimiento. Hoy Netflix parece que es el gran competidor de ciertas tradiciones, como las salidas al teatro y al cine. La tecnología está poniendo en una encrucijada al ambiente cultural, y si éste sigue tan fragmentado, y enfrentado por intereses menores, es muy difícil salir adelante.

-¿En qué sentís que pueden mejorar las gestiones del Teatro Solís y del Sodre?

-Me gustaría que tuvieran mayor coordinación, o complementación. El Teatro Solís fue la casa de la Comedia Nacional, y hoy ya no lo es como antes. El Solís tendría que destacar como un escenario más teatral. Que sea el templo del teatro uruguayo. Hoy el Sodre tiene sus óperas, y el Solís también. Y a veces ha pasado que ambas salas que casi que han competido entre sí. Me pregunto si no es necesario que haya una cabeza que diseñe desde los sectores oficiales, las programaciones. Estamos librados a que cada sala dependa de la impronta personal de cada director. Tendría que haber una cabeza que piense eso globalmente, junto con las otras salas públicas.

-Vos sos del Interior, de San José de Mayo. ¿Te sentiste discriminado cuando te viniste a vivir a Montevideo?

-Sí, me sentí discriminado. De ambas partes: en San José, cuando me mudé para acá, me acusaban de que se me estaba pegando el tono de Montevideo. Se me discriminaba porque me estaba ‘montevideanizando’. Cosa que me dolía muchísimo, porque nada había más alejado de la realidad. Y acá en Montevideo era el canario, ese típico apodo. Ojo, nunca lo viví desde el trauma. Todo lo contrario. En Montevideo terminé haciendo de mi defensa de San José, y de mi condición de ser del Interior, una fortaleza. No a los extremos públicos de Omar Gutiérrez, pero sí, un escalón más abajo que él, reivindicando mi condición de maragato de forma permanente. Lo que en Montevideo podría parecer una debilidad, lo que hice fue ponerlo como una seña de identidad.

-El centralismo montevideano sigue siendo fuerte.

-Uruguay padece de un centralismo montevideano muy negativo. Ahora las tecnologías y las redes sociales han permitido que el Interior tenga otra visibilidad, pero en 1979, cuando yo me vine a Montevideo, parecía que lo que no pasaba por la capital, no existía. De todos modos, hoy en Montevideo no conocemos una cantidad de músicos que son estrellas en los festivales del Interior. Por ejemplo, Carlos Malo, que viene una vez al año a la Sala Zitarrosa, y en el Interior actúa ante miles y miles de personas. Hoy da la sensación de que lo que no pasa por Montevideo, no existe.

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