Entrevista

Almudena Grandes, la best seller que cuenta la historia de España desde los márgenes

El País charló con la autora española sobre "La madre de Frankestein"

Almudena Grandes
Almudena Grandes escribiendo

Tal como anunció en su última columna de El País español, Almudena Grandes está de vacaciones. Descansa en la playa pero, igual le dedica un tiempo a un grupo de medios latinoamericanos, entre los que está El País uruguayo, para hablar de La madre de Frankestein (Tusquets, 850 pesos) su última novela. Lo que iba a ser una charla rutinariamente corta, se extendió por una hora, en la que Grandes habló de feminismo, de la España en los tiempos de Franco, de influencias, cine y literatura.

La madre de Frankestein es la quinta parte de una saga de seis capítulos, Episodios de una guerra interminable, que inauguró en 2010 con Inés y la alegría. Repasa historias de 20 años de franquismo, y la confirmó como una gran narradora y, además, como best seller. Su carrera había empezado como ganadora del Premio La Sonrisa Vertical en 1989 con Las edades de Lulú y, desde entonces, acumula premios y lectores.

La novela está centrado en Aurora Rodríguez Caballeira, una parricida internada en el manicomio de mujeres de Ciempozuelos a mediados de la década de 1950. Alrededor de ella está la historia del psiquiatra Germán Velázquez, la enfermera María Castrejón y la familia Goldstein.

“He estado pensando en Aurora durante 30 años”, dice Grandes. “Era una mujer a la que yo no podía odiar porque me fascinaba demasiado: era inteligentísima, culta, era rica y por lo que no tuvo que casarse y pudo emprender sus propias iniciativa, daba charlas. Y esa mujer que podría haberse convertido en un símbolo femenino, era una enferma mental”. Al final, el personaje “la poseyó” y fue inevitable volverla novela.

“Este libro cuenta la historia de España desde el margen del margen, es ultramarginal”, dice. “Primero son mujeres y además son enfermas mentales. Y hay un homosexual y un personaje que representa lo que significó para las mujeres, el nacional-catolicismo español. “Eso es lo que quería que se viera: en los años 50 en España, todo era pecado y, además, un delito y todo estaba prohibido. Por eso quería situarme al margen”, dice. “Pero en una novela lo que hay que lograr es que todo lo que pareciera marginal no lo sea tanto y que todas las piezas encajen”, dice. Eso funciona en esta historia de exiliados, familias rotas, locuras y mujeres castigadas.

“A lo largo de todo el franquismo, las mujeres fueron las grandes víctimas”, dice. “Las mujeres perdieron la guerra dos veces porque el franquismo las retrotajo al siglo XIX”. En la novela, María Castejón hace la cosa “más peligrosa” para una mujer pobre: “enamorarse”. “O te enamorabas del hombre que la sociedad considerara apto para tí o te conviertes en un despojo social que va a estar sola toda la vida”, dice Grandes.

La novela tiene también un lectura más contemporánea y universal, “Aún hay mucho “machismo residual”, dice. “El movimiento feminista fue la única revolución social que venció en el siglo XX y aún hoy sigue mejorando la vida de las personas pero en los últimos tiempos se ha desarrollado tan extraordinariamente que ha dado miedo, a ser temible en el buen sentido de la palabra”.

La película, sirve, además como un fresco de una época, documentado y preciso en usos y costumbres. “No podría escribir estas novelas sin el apoyo de los historiadores”, dice. “Pero un historiador y un novelista son como dos coches que se cruzan en dirección contraria: un historiador tiene que documentar exhaustivamente una historia verdadera y el novelista se inventa una historia de mentira que tiene que parecer verdadera. La norma de la historia es la verdad, de la ficción, la verosimilitud”.

—En eso de la documentación, usted también ha hablado de ver cine para escribir sus novelas. ¿Cómo usa ese recurso y qué películas vio para La madre de Frankestein?

—El cine tiene una virtud para documentar una época que no tiene otra disciplina: la instantaneidad. El cine es fabuloso para una escritora como yo porque las películas cuentan mucho más cosas de los que creen los guionistas. En una película española de la década de 1950 se ve cómo iban vestidas las mujeres, cómo se sentaban, cómo se trataba a los camareros, qué es lo que se entendía por una persona agradable o desagradable, un montón de cosas. Vi, por ejemplo, Calle mayor de Bardem, sobre una mujer soltera de la que se burlan unos muchachos. Y está el cine de Manuel Mur Oti o Fernando Fernán Gómez. A veces me dicen que escribo como si lo hubiera vivido y yo lo vi en el cine.

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