AHÍ ESTUVE

Un juego de magia a pura risa e ingenio

El mago Daniel K reestrenó "Mentiras verdaderas" en el UnderMovie.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mago Daniel K. Foto: Andrés Ponce

Daniel K avisa que el 90 por ciento de lo que se verá en el espectáculo que está a punto de comenzar, otra función de Mentiras verdaderas que viene haciendo cada viernes a las 23:15 en UnderMovie (estrenó el año pasado y arrancó nueva temporada hace un mes), es mentira, y el público no sabe muy bien con qué se va a encontrar de ahí en más.

Sabe, sí, que es un show de magia porque Daniel K es uno de los magos uruguayos más reconocidos de la actualidad. ¿Pero es en realidad un show de magia? No hay galeras ni conejos ni personas cortadas a la mitad, ni ninguno de los lugares comunes que cualquiera puede asociar con este arte eterno. Hay un montón de trucos, pero de esos que apelan a poner en marcha el cerebro y la incredulidad, y no tanto a generar una ilusión.

De eso nos percatamos rápidamente los presentes, entre los que hay jóvenes y adultos por igual. Ver Mentiras verdaderas parece un buen plan de viernes, y eso aplica tanto para veinteañeros en grupo como para matrimonios que están festejando cumpleaños o simplemente pasando un buen rato. No hay margen para la decepción o el aburrimiento.

Nos percatamos todos, además, de que esto no es sólo "magia" sino que está bastante más cerca de un espectáculo teatral, con efectos especiales básicos, una pequeña puesta en escena bien utilizada, un guión que es prácticamente de stand up (y da resultado aún con los chistes más absurdos), y un ritmo feroz que no da tiempo para analizar demasiado.

Todo eso está estructurado en cinco ejes, en los que se mueve Daniel K para presentar sus diferentes trucos, contando siempre con la participación del público, que es espectador y cómplice de la rutina. Intuición, predicciones, rituales, supermemoria (sí, pasó una semana y todavía puedo recordar las 10 palabras que hubo que memorizar en un minuto) y suerte son los puntos alrededor de los que gira la función; estaciones que usa para mantener un recorrido dinámico y para hacer sentir que todo esto es, más allá de mentira o verdad, un momento de juego.

Y es imposible no divertirse, al margen del escepticismo de cada uno. Las situaciones pueden ser tan asombrosas —en una suerte de sketch muy gracioso, adivina la fecha de cumpleaños de una de las espectadoras— que da para terminar pensando que todo esto está guionado y ensayado, por más que los propios involucrados se sorprendan naturalmente (y son muchos, sería demasiado complejo articular tanto movimiento para cada show).

Ahora, cuando Daniel K hace jugar a toda la sala, ahí se produce la verdadera magia. Por un lado propone un truco de cartas con la baraja española que parece una locura y funciona (es el souvenir de la noche), y por otro, al final, da su gran golpe con una cuenta improvisada que termina teniendo un resultado imposible.

Entonces Daniel K le pide a todos que miren sus celulares, y la noche de mentiras y verdades termina con ojos abiertos de par en par, risas incómodas, miradas cómplices e incrédulas y un aplauso generalizado que da por cerrado el show y que confirma la efectividad del espectáculo presentado.

¿Lo que acaba de suceder fue un show de magia? Daniel K ya está afuera de la sala saludando al público, y en la cabeza quedan dando vueltas números, recursos, imágenes y risas que hacen darle vueltas a una obra redondita, que se pasa volando, a la que no le sobra nada y que tiene en su protagonista a un hombre con todo muy claro. Parece que la magia existe.

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