CECILIA CURBELO

"El ida y vuelta con los chicos está bueno"

El sábado, en la feria del libro infantil, presenta su nueva novela.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cecilia Curbelo. Foto: Marcelo Bonjour

Es una escritora superventas de nuestro país, como lo demuestran cuatro premios Libro de Oro que recibió de la Cámara Uruguaya del Libro por sus éxitos La decisión de Camila (2012), La confesión de Micaela (2013), La otra vida de Belén (2014) y La búsqueda de Lucía (2015). Aunque Curbelo reconoce que el camino al éxito no fue sencillo, ya que estuvo 10 años para que una editorial le aceptara un manuscrito. Convencida de que su material tenía posibilidades, decidió autopublicar su primer trabajo, que vendió puerta por puerta "y ponía una manta en el piso en una feria con mi hija chiquita y trataba de venderlos así", dice. Por eso Curbelo afirma que "hay todo un proceso hasta llegar a donde estoy. No es algo de un día para el otro".

Luego de 10 años intentando, logró su primera presentación. "Tenía todas las chances de que no fuera nadie" reconoce, ya que fue un sábado con lluvia y encima con Uruguay jugando a esa hora. "Llamé a mis tías pidiéndoles que fueran para hacer bulto. Increíblemente fueron más de 500 personas al salón" que había contratado la editorial, y así comenzó a gestarse una relación con sus seguidores, que a esta altura, son fieles a sus libros.

Este sábado, a las 16:00 en el Salón Azul, Curbelo presenta su nueva novela, Aunque ella esté, donde presenta la vida de Morgana, una chica de 14 años con miles de seguidores en las redes. "Es famosa por las fotos sexis y provocativas que sube, pero cuando escarbás en su vida y en lo que es ella, descubrís un trasfondo familiar conflictivo", dice Curbelo.

—¿Cómo surge escribir para adolescentes?

—En la revista Upss hay una sección consultorio. La mayor parte de los temas que llegaban, que para mí fue un descubrimiento, era sobre la tristeza por el divorcio de los padres. No era uno, llegaban de a decenas. Después de leer varios, me quedó la idea y así surge La decisión de Camila. Partí de esa tristeza y confusión de un montón de chicos que lo plasmaban en una revista.

—¿Ahora retomás la saga que empezó con Aunque él esté?

—Sí, iba a ser una saga de tres libros, pero cuando terminé de escribir Aunque ella esté, le di un cierre al libro y me pareció que quedaba completo. A veces se termina haciendo un tercer o cuarto libro que no aporta nada. Prefiero que sea corto y conciso y no seguir por un tema comercial, entonces lo terminé ahí y quedé feliz con estos dos libros que son bastante potentes, en relación a los anteriores, que eran para un público más chico.

—¿De qué se va a tratar esta continuación?

—Tiene un título muy sugestivo, ya que se trata de esa persona que está en tu vida, pero que en realidad está ausente. Es muy fuerte, y es una madre que está presente físicamente pero nada más. Es una adulta que tiene sus propios conflictos, y en ese barullo que tiene en su cabeza, hay una hija que está creciendo sola.

—¿Qué te dicen los padres de tus jóvenes lectores?

—Me contactan madres e hijos, que me dicen que a partir de mis libros están hablando de vuelta. Y sentís que estás aportando tu granito de arena. Y vas haciendo una generación de gente como vos, que sabe que es difícil el camino pero que se puede lograr.

—En esta novela hablás de las redes sociales y de la importancia que tienen para los chicos, ¿cómo surgió el tema?

—Quise dejar al descubierto cómo es la vida de los adolescentes con las redes sociales, que es un invento. Se elige qué mostrar y cómo, se utilizan filtros para tapar los granos, para que la pose sea la ideal o para tapar los rollitos de la panza. Se muestra un mundo ideal y perfecto que no es ni por lejos lo que sucede.

Es una situación complicada para el adolescente, tener que vivir para conseguir la aceptación de los demás.

—Es espantosa. Hay adultos que están en la misma, pero la mayoría de nosotros tenemos las herramientas para pensar y decir esto no es así, pero ellos no y se están criando en eso. Para ellos eso es lo normal, entonces del otro lado hay que hacerles ver que se están perdiendo de vivir, que el tiempo no vuelve atrás y que lo que no viviste, ya fue.

—¿Pensás en tus libros como disparadores para charlas entre los jóvenes y sus padres?

—Sí, totalmente. El otro día leía que las familias tradicionales ahora son minoría. Entonces la dinámica familiar cambió, y ante eso es difícil sacar temas porque no tenemos tiempo para nada los adultos. Es difícil profundizar y que tus hijos te vean como una persona que fue joven alguna vez y que los podés entender en algún punto. Es muy difícil y eso es lo bueno de estos libros, charlando enterarte que tu madre tuvo un novio antes que tu padre, por ejemplo. Empezás a verlos en una dimensión más abierta de ese rol único de padres.

—¿Te genera presión tener miles de seguidores que esperan cada uno de tus libros?

—Sí, me genera. La gente piensa que esto fue una cosa de un día para el otro, cuando salió La decisión de Camila, que fue mi primer libro para adolescentes, en 2011, fue un boom de ventas y ahí despegó mi carrera como autora de literatura infantil juvenil. Pero antes de eso hubo un camino muy largo que la gente de repente no lo sabe. Porque tendemos a mirar cuando la persona está en la cima y pensamos que su vida siempre ha sido una vida de triunfos y de éxitos. Y en realidad, siempre hay un camino escabroso y en el que tenés que tener perseverancia y no rendirte.

—Para estar con ellos tenés que manejar su lenguaje y moverte en sus círculos.

—Sí, además estar presente. Es algo que siempre me interesó. Antes el escritor era una figura completamente ausente y eran inaccesibles, al menos en mis tiempos: o estaban todos muertos o no se los podía contactar. A veces quería preguntarle al autor y hoy, con las redes está esa chance. El ida y vuelta con los chicos está bueno, ya que me preguntan por qué puse tal o cual cosa.

—¿Es complicado escribir para la generación de lo inmediato?

—Sí, porque tengo que convivir con las tecnologías y tengo que entender cómo hacer para mantener la atención de ese chiquilín en un texto, porque cada vez es más difícil. Por eso arranco con una frase contundente que sirve como un disparador, porque los chicos tienen poca capacidad de concentración. Además tenés que hacer capítulos cortos y encontrar la manera para que quieran seguir dando vuelta las páginas hasta que se dan cuenta que terminaron un libro, algo que tal vez nunca les pasó.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados