FARGO

Historias blancas y rojas en el eterno invierno del norte

Se viene otra temporada de la serie inspirada en la película de los Coen.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Fargo. Foto: FX

El próximo 14 de agosto, comenzará la tercera temporada de Fargo, uno de los acontecimientos televisivos del año. Para ir preparándose, se pueden ir viendo las dos primeras temporadas de la serie, disponibles por streaming en Directv Play y en la grilla del servicio básico de Directv (donde hay que poner 1.000 en la canalera y buscar el título de la serie).

La serie, que iba a ser un mero "spin off" de la película homónima de los hermanos Coen, se convirtió en una de las mejores de la televisión actual, y hoy se puede afirmar que Fargo pertenece tanto a los Coen como a Noah Hawley, el encargado principal de la serie.

El término "spin off" y la presencia de los Coen en la ecuación preocupó al principio a muchos de los admiradores de la obra cinematográfica de los hermanos, dos tipos con tanto prestigio que se puede perfectamente afirmar que viven de él.

El prejuicio de que la industria televisiva —hueca y comercial— iba a arruinar el recuerdo de una buena película fue desmentido de manera rotunda luego de la primera temporada, emitida en 2014. Aquella presunción probablemente era un resabio de la época en la cual el sentido común y el consenso decía que lo prestigioso y sofisticado estaba en la pantalla grande, y lo superficial y obsecuente en la chica.

Hoy sabemos que es casi al revés. Que más allá de la sobreoferta —con el inevitable material de relleno e inferior en su estela—, es en la pantalla chica donde están algunos de los narradores más interesantes, donde se abordan temas complejos y polémicos, y el lugar al cual muchos actores van para variar de papeles en superproducciones cinematográficas donde lo que importa son los robots/monstruos/trajes de superhéroe de turno.

La primera incursión de Howley en el universo narrativo creado por los Coen contaba las desventuras de Lester Nygaard, un hombre tranquilo y sereno que un día pierde la chaveta y se convierte en un criminal, casi que accidentalmente.

La segunda, en tanto, arranca con un accidente de tránsito que disparará muchas subtramas que involucran a un policía algo inseguro pero sagaz, una familia que casi monopoliza todas las actividades criminales de la comarca y varios personajes comodines, como un descendiente de indígenas que es un asesino tan silencioso como efectivo.

Esas dos temporadas demostraron que Hawley es un creador televisivo a la altura de Vince Gilligan (Breaking Bad) o la dupla Weiss-Benioff (Game of Thrones), capaz de confeccionar un relato tan atrapante como sofisticado.

Es que Hawley , astuto, aprovechó el prejuicio inicial. Como él mismo dijo en una entrevista: que mucha gente hubiese descartado de antemano a la serie por pensar que iba a arruinar a una buena película le daba una libertad inusitada para hacer algo distinto.

"Se puede ver la película y listo. Si yo le dijera a la gente: voy a rehacer esa obra maestra, solo que no tan bien como los Coen, nadie va a ver la serie. Pero si en cambio dijera algo así como ¿Sabés a qué me hace acordar la historia de Jerry Nygaard (el personaje que interpreta William H. Macy en la película)? y empezara a contar una historia sobre Lester Nygaard (así se llama el personaje que interpreta Martin Freeman en la primera temporada de la serie), eso sería como intercambiar historias con los Coen". Y eso, como se vio tras la primera temporada, fue mucho más interesante.

Por lo demostrado, Howley —además de tener un estilo propio para narrar una historia— también es un buen productor. Porque para arrancar con la serie, consiguió un elenco rutilante donde estaba gente como Martin Freeman, Billy Bob Thornton, Bob Odenkirk y Allison Tolman, entre otros. Para la segunda temporada, la serie tuvo a Kirsten Dunst, Ted Danson, Patrick Wilson y Bokeem Woodbine entre sus estrellas.

Y en agosto llegará la tercera tanda de capítulos, donde Ewan Mc Gregor se desdobla en dos personajes —los hermanos Raymond y Emmit Stussy— y junto a él hay nombres como los de Michael Stuhlbarg, Carrie Coon, Mary Elizabeth Winstead y David Thewlis.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Los Stussy, aunque hermanos, no se llevan nada bien. A uno de ellos (Emmit) le ha ido bien en la vida: tiene una gran y cómoda casa, una empresa próspera, una mano derecha leal y confiable (Stuhlbarg) y el reconocimiento de sus pares.

A Ray, en tanto, la vida le ganó la partida. Con un empleo público que no lo va a llevar a ninguna parte y enamoradísimo de su pareja (la cada vez más bella, y mejor, Winstead), Ray tiene que ver cómo al hermano le ha tocado "todo" y a él, casi nada.

Ese resentimiento es el motor de la historia e impulsa la acción, que empieza como tantas historias policiales: un plan para dar un golpe que va a sacar al postergado de su lugar y llevarlo hasta las alturas de la seguridad financiera y la sensación de realización.

Ese plan, claro, empieza a resquebrajarse gradualmente y cualquiera que ya haya visto las dos primeras temporadas reconocerá el cada vez más desesperado afán por mantener en funcionamiento el plan inicial mientras la realidad, el azar y las coincidencias van haciendo estragos en los propósitos de los involucrados.

El invierno, eterno en Fargo, sigue proporcionando el blanco casi infinito para que el rojo de la sangre pinte un cuadro de violencia, miserias humanas y sorpresas.

Noah Hawley y un éxito que le llevó años.

Noah Howley empezó como músico de rock, vocación que abandonó cuando se dio cuenta que no era una persona “nocturna”. “Me acuesto a las nueve de la noche. Si los conciertos fueran siempre a las seis de la tarde por ahí hubiese seguido tocando”, le dijo Howley en mayo a The Guardian.

Probó ser escritor y llegó a escribir tres novelas, pero las primeras dos fueron rechazadas por las editoriales y la tercera apenas fue reseñada. Entró como guionista en la serie Bones, y sus dos primeras series como encargado principal fueron canceladas enseguida. Hasta que le llegó la chance de adaptar la película de los Coen para la televisión. Hoy algunos lo llaman “El Stanley Kubrick de la televisión”.

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