María Dueñas

"Hay que sacarse de encima los prejucios"

Era una profesora universitaria (de filología, nada menos) pero a los 45 años su primera novela El tiempo entre costuras vendió más de dos millones de ejemplares, se volvió una serie exitosa y la académica dejó lugar a la escritora.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"El éxito lo llevé relativamente bien, con naturalidad". Foto: F. Flores

La semana pasada estuvo en Uruguay para participar en la Feria del Libro de San José y presentar allí La templanza (Planeta, $590) su tercera novela, una aventura en dos continentes.

—Cuando empecé a leer La templanza, lo hice con mucho prejuicio, como si me avergonzara de leer lo que entendía como literatura femenina. ¿Es consciente de que genera eso en el público masculino?

—(risas) Me suena haberlo escuchado. Me han intentado etiquetar como literatura femenina y recurrentemente lo vuelvo a oir. Pero casi siempre es por parte de gente que no lo han leído y más concretamente por hombres que no lo han leído. Por eso al final es una cuestión de puro prejuicio. No considero que lo que escribo sean novelas femeninas y de hecho tengo muchos lectores hombres.

—¿Y cómo son?

—Son más entusiastas. Una vez que descubren que detrás de un título, un nombre de mujer y unas protagonistas femeninas fuertes, hay una historia que contar, se entusiasman. Hay que sacarse de encima los prejuicios.

—Y si tuvieras que poner tu literatura en un estante...

—Eso es lo difícil. Son unos libros que encajan en muchas dimensiones. En cada país terminan en colecciones muy diversas. Hay sitios donde le dan más el enfoque de novela histórica, otros como novela más de emociones, sí más femenina y en otros como una novela común. Eso es bueno porque son unas novelas que se avienen a múltiples lecturas y son difíciles de encasillar porque se les puede encontrar de todo.

—¿Cómo fue su primer acercamiento a los libros? ¿Fue una influencia familiar?

—No, no. Soy la mayor de ocho hermanos, así que era yo la que les iba guiando al resto. En casa siempre hubo libros porque mis padres tenían clarísimo el valor de la literatura aunque no había una tendencia lectora marcada. Pero de joven, leí mucho. Era una lectora omnívora.

—En una entrevista reciente comentaba que tiene muchas rutinas para trabajar. Eso quizás venga de su pasado académico.

—Sí. Por 20 años fui profesora de la universidad y eso te marca porque trabajas con unas pautas muy definidas, con planificaciones muy medidas. Y ahora hago lo mismo. Cuando estoy en casa me blindo y me dedico exclusivamente a escribir. Salgo a andar por la mañana, pensando en qué me dejé hecho y ahí si me encierro a trabajar.

—La templanza tiene tres escenarios. Eso debe llevar un buen trabajo de investigación.

—Normalmente escribo sobre lugares que ya conozco, después les exploro otros ángulos. Pero como en El tiempo entre costuras y en esta novela, viajo al pasado, debo buscar documentación: diarios, libros, mapas, documentos. Y eso me viene por mi vertiente académica.

—¿Cómo surgió La templanza?

—Mis tres novelas arrancaron con el escenario. El tiempo entre costuras fue Marruecos, Misión olvido fue California y aquí es Jerez, una zona que a mi me gusta mucho y de la que me gusta mucho el vino. Y me gustó mucha esa versión internacional de grandes comerciantes con Inglaterra en particular. Ahí vi algo muy épico y muy estético a la vez y que estaba poco tratado en la narrativa española contemporánea. Ahí empecé a pensar en un posible trabajo sin tener argumentos y protagonistas. Investigando descubrí que algunas de aquellas bodegas se establecieron con lo que se llamaba capitales indianos, los españoles que volvieron de América con dinero para invertir. Los indianos eran hombres de dos mundos —ni americanos, ni españoles— me interesó mucho de esa historia. Pero esos indianos volvían ricos y el de La templanza, no.

—Y a toda esa estructura de comerciantes, vineros, indianos, cómo le pone el romanticismo.

—Si supiera. Trabajando. Lo hago volver en una expedición en la que precisa coraje y en determinando momento se va a enamorar totalmente. Yo tengo claro que esos ingredientes van a estar y cuando escribo los dosifico para que entren en el momento adecuado.

—Usted venía del ambiente universitario, más de perfil bajo. ¿No la apabullo el éxito de El tiempo entre costuras?

—Creo que lo llevé relativamente bien. Fue mucho, y visto desde la distancia está claro que en un tiempo muy corto pasaron muchísimas cosas. Pero lo fui asumiendo con relativa naturalidad. No es como un gran premio que te acuestas sin y te levantas con el premio y ahí te da vuelta todo. Esto me dio tiempo a asumir cada cosa nueva, las fuera sopesando y digiriendo. Desde afuera parece más de lo que es llevadero.

—Pero tener tanto éxito con el primer libro, ¿qué le generó para volver a escribir?

—Al final yo tenía muchas ganas de salir de la historia. Te metes en un bucle que parece que no va a terminar nunca: la novela, las traducciones, la serie de televisión. Y todo eso me llevó cinco años. Estaba saturada. Y en vez de un entorpecimiento fue un impulso para escribir algo nuevo.

—Sus novelas son de gran porte. En tiempos donde la atención de los lectores es dispersa ¿cómo consigue atraparlos?

—Siempre hay pequeños trucos. Hay una trama principal pero voy armando subtramas, eprsonajes secundarios. Cosas muy elementales que están en la literatura de siempre. Eso sí, no pierdo de vista que aunque estoy contando el pasado, estamos en el siglo XXI. E intento hacer personajes con fuerza.

—Por la venta de sus libros, usted es muy conocida, una estrella de literatura. ¿Cómo es su vínculo con los lectores?

—A mi me llama la atención que los lectores sean tan cariñosos, porque soy poco mitómana. Pero estoy muy agradecidaque entre tantos libros me elijan a mi es para agradecer. Estar con ellos es lo menos que uno puede hacer.

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