Una entrevista exclusiva al actor argentino

Grandinetti: "Bergoglio es un militante de la fe"

Darío Grandinetti no era la elección más obvia para interpretar al papa Francisco. El rosarino de 56 años es delgado, de rostro severo y rasgos pronunciados; totalmente distinto al en aquel momento Padre Jorge, un hombre de sonrisa afable y rostro aniñado.

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Pero eso no le importó a los realizadores de Francisco: el Padre Jorge, una biopic dirigida por Beda Docampo que a través de los ojos de una periodista (Silvia Abascal) narra la esencia de Bergoglio antes de ser Papa. En la película, por 90 minutos, el actor logra ponerse en su piel y que el público se olvide de eso que los diferencia. El film hace un breve pasaje por la juventud del Padre jesuita y se centra en su trabajo en las calles, en su faceta más humanitaria. Se estrena este jueves en Uruguay.

El origen de Grandinetti estuvo en el teatro y de ahí su camino siguió para la pantalla grande y la televisión con gran éxito en los dos formatos, al punto de que es considerado uno de los mejores actores argentinos contemporáneos. Entre sus películas más destacadas están El lado oscuro del corazón (1992) de Eliseo Subiela, Hable con ella (2002) de Pedro Almodóvar y Relatos Salvajes (2014) de Damián Szifrón, donde tiene un pasaje breve pero muy bien ejecutado.

Es que en su carrera Grandinetti ha probado su calidad de actor, construyendo personajes ficticios e interpretando a otros reales: Pablo Neruda, Juan Manuel Fangio, Carlos Gardel y el escritor Haroldo Conti. El que le quedó en el debe fue el Che Guevara, que quiso encarnarlo pero el guión que le ofrecieron no le convenció.

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Como apasionado de la política que es, el papel de Bergoglio le interesó sobre todo por eso, por su rol de actor político y por su característica de cercano al pueblo, no por la fe, porque declara ser agnóstico. También, confiesa en conversación telefónica con El País, le atrajo la posibilidad de estudiar al personaje, revisar su material e intentar ponerse en su piel. Así Grandinetti muestra su oficio como actor, que ya lleva más de veinte años: es metódico, le gusta investigar y es perfeccionista.

—¿Cuál es el desafío extra de interpretar un personaje real? Porque has hecho varios.

—En realidad el desafío, si hay, no es que las personas hayan existido sino el descifrar quiénes son esos personajes. Más que un desafío me despierta mucha curiosidad y me da mucho placer ponerme a investigar a estos personajes que vos me nombraste. Entonces el desafío es por ellos, porque han significado lo que significaron. Más que desafío es un gran disfrute para mí, ponerme a jugar que soy Neruda fue muy divertido, jugar a ser el Papa y más este Papa fue muy atractivo, sobre todo por lo que habla, por lo que dice, por el rol político que está cumpliendo, hacia donde apunta su gestión, su tarea pastoral.

—De todos los personajes reales que interpretaste Bergoglio es del que más material hay, ¿te pusiste a mirar esos videos? ¿estudiaste sus gestos?

—Sí, por suerte había mucho material e hice ese trabajo lógico de verlo, de leer cosas que dice, que ha dicho, escucharlo. También escuché a mucha gente que lo conoce, que lo conoció antes, cuando era el arzobispo de Buenos Aires y es genial conocer en esa gente que no está nada sorprendida —a diferencia de la mayoría— con la tarea del Papa. La gente que lo conoce dice que está haciendo lo mismo que hacía antes, con otra repercusión y una responsabilidad mayor.

—¿La figura de él te interesaba desde antes?

—No, la verdad que no. Cuando llegó a Papa sí empecé a interesarme más. Cuando llegó aquí en Argentina se habló mucho de su pensamiento político, la oposición política de este país enseguida salió a festejar creyendo que él iba a hacer cosas que después finalmente no hizo y ahora le reprochan que la reciba a la presidenta. Los mismos que celebraban que lo hubieran nombrado, porque creían que con el nombramiento de él la derecha iba a gobernar el país. Así de simplista y de mediocre es la reacción que tienen ahora cuando ven que él juega para la patria grande.

—Es un animal político

—Es que es el jefe de estado del Vaticano, los anteriores también cumplían un rol político y jugaban políticamente pero no en la dirección que a mí personalmente me gusta. A mi me gusta más esta. No podemos ignorar que seguramente Juan Pablo II tuvo que ver en el hecho de la caída del muro de Berlín, es decir este no es el primer Papa que juega políticamente, lo que pasa que Bergoglio está jugando para este lado.

—¿Te interesó interpretar al Papa porque es este Papa o hubieras interpretado a otro?

Sí, igual no sé si no hubiera interpretado a otro, pero sí es cierto que este me interesa particularmente. Pero también suele ser atractivo para los actores interpretar personajes con los que no estamos del todo de acuerdo y que nos hacen meternos en zonas nuestras que sino no experimentaríamos. Lo que sí no reivindicaría a un nazi, pero haría de nazi (se ríe).

—¿Cuál fue la escena más desafiante?

—A mi me gustaron mucho dos momentos. Uno en el que da una homilía con respecto a lo que estaba pasando según su criterio en la ciudad, que era una ciudad que prostituía a la gente. También me cayó una ficha muy grande cuando a él lo eligen Papa, que se da cuenta de que lo están eligiendo. Porque me puse a pensar que eso debe de haber sido muy conmovedor, muy emocionante para él, como sería para cualquiera que elige ser cura ¡y llega a Papa! No se puede aspirar a más. Sobre todo en alguien con ambiciones genuinas y políticas como las de Bergoglio, ambiciones en el buen sentido, de gestión.

—De querer cambiar las cosas...

—Exactamente. De querer hacer cosas para mejorar. Entonces llegar a ese lugar, que es lo máximo a lo que podés aspirar, debe de haber sido muy conmovedor.

—Aparte le producía semejante conflicto interno al principio, él no se lo imaginaba

—Sí, eso es muy bueno de él. En su vida le pasaron tres cosas inesperadas y estuvo a la altura de las circunstancias las tres. Primero cuando lo nombran responsable de los jesuitas, que él era muy joven, luego cuando lo nombran arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, también de manera inesperada y, por último esto, que él ya había pedido la jubilación, ya había elegido a dónde iba a vivir cuando se retirara. Y bueno, lo nombran Papa, pero él está a la altura y lo hace, está haciéndolo. Es genial.

—¿Te pasó que después de investigar tanto después de él cambió tu opinión?

—A mí me conmueve la fe que él tiene en el hombre, en lo que puede hacer el ser humano, porque él lo hace, encara y le pone el cuerpo a las cosas. Habla mucho de Jesús, de lo que hacía en la calle, callejeando, hablando con la gente, Bergoglio es un militante de la fe. Eso me conmueve porque yo no soy religioso pero tengo fe en el ser humano, creo que somos más los buenos, en ese sentido él me reafirma lo que yo pensaba.

—¿Te sorprendió que te llamaran para interpretarlo?

—Me sorprendió porque no me parezco, sé que no me parezco, me resultó raro, pero bueno... sucedió.

—No era la elección más obvia

—No, pero confiaron en mí.

—¿Cómo fue la preparación física?

—Tenía unas botargas que me hicieron pasar mucho calor. Observé mucho su comportamiento físico, esa renguera que tiene. Eso lo hago habitualmente cuando preparo un personaje así pero en este caso tenía la ventaja de poder verlo, porque está hiperdocumentado. Por momentos tenía unas cosas que me ponía adentro de la boca como para hacer los cachetes un poco más caídos. Después arrugas y eso, pero todo muy livianito. Una prótesis de plástico me hubiera incomodado, te quitan expresividad y te hacen transpirar mucho.

—¿Qué otros proyectos tenés? ¿Vas a volver al teatro?

—De momento estoy haciendo esto, voy a hacer la segunda parte de una miniserie que hice el año pasado que se llamó La casa del mar, que le fue muy bien. Voy a estar en el festival de Bogotá con Novecento, un unipersonal que hice y voy a seguir haciendo. Hasta marzo sé que voy a estar con eso, en el futuro no sé.

—En tu carrera trabajaste mucho en la televisión, ¿cómo la ves ahora que está siendo muy criticada en tu país?

—Yo creo todo lo contrario. Hay mucha cosa nueva que se está haciendo, hay mucho proyecto generado por el Instituto de Cine y por el Ministerio de planificación que permiten hacer miniseries en distintos canales y con distintos autores. Yo mismo estoy haciendo un ciclo basado en cuentos policiales de Rodolfo Walsh que se está emitiendo por la televisión pública. La televisión pública está haciendo cosas de muy buen contenido, hay mucha ficción nueva y de buena calidad.

—¿Sabés si el Papa vio la película? No parece ser de esos que miran su propia película.

—No, que yo sepa no. Tengo curiosidad de saber cuando la vea qué opina, espero que si la ve algún día me lo cuenten.

Carrera repartida entre Argentina y España.


Francisco: El Padre Jorge es una coproducción Argentina y Española y muchas escenas se filmaron en ese país europeo, pero no es la primera vez que Grandinetti filma allí, ya ha rodado Hable con ella (2002) y La carta esférica (2007), entre otras.

—En tu filmografía hay varias películas que son coproducciones con España y has filmado allá , Darín también. ¿Que tiene la industria española que atrae tanto a los actores argentinos?

—En realidad no es la industria española en sí, a mí me lo que me atrae son las historias, los proyectos. Si una historia está buena no importa dónde se cuente y quién. En este caso la industria española tiene las mismas dificultades que tenemos nosotros, el cine es difícil hacerlo en cualquier lado. Supongo que Estados Unidos debe de ser más fácil pero también deben de tener problemas. Yo agradezco poder trabajar en España, me han abierto las puertas en momentos en los que las cosas estaban muy mal en Argentina y no había mucho trabajo. Era muy importante para mí trabajar allá y he generado una relación con mucha gente, tengo muchos amigos y estar en España es como estar en casa.

SABER MÁS

Los detalles de la biopic de Bergoglio.

Francisco: el Padre Jorge se estrena este jueves en Uruguay y es una coproducción entre España y Argentina, filmada principalmente en Europa. El filme se construye a partir de la relación de amistad que crece entre él y una periodista agnóstica, Ana (Silvia Abascal). Este personaje está basado en Elisabetta Piqué, escritora de Francisco vida y revolución. A través de distintos encuentros entre la periodista y Bergoglio se va narrando como él pasó de "callejear" en las villas a ser Arzobispo de Buenos Aires y más tarde Papa. La dirección estuvo a cargo de Beda Docampo (El marido perfecto) y la fotografía estuvo en manos de Kiko de la Rica (Lucía y el sexo y Blancanieves).

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