DANIEL K

"La gente aún quiere asombrarse"

Es uno de los magos más reconocidos del país y sigue con éxito en el Undermovie.

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"Entre los poneros de la magia están Ariel, Ledo, Chandrú y Cantero", dijo. Foto: M. Bonjour.

A medida que va avanzado Mentiras verdaderas, el show de magia que Daniel Ketchedjián —muy poco camuflado tras el nombre artístico Daniel K—, presenta todos los viernes en Undermovie, el espectador no para de asombrarse. La magia tiene eso, incluso en espectáculos como este que está a años luz de la magia infantil, uno empieza a ver todo con el asombro de un niño. Daniel K da motivos para esas reacciones: sus trucos, unidos con presentaciones simpáticas y un par de temas (la realidad, la mentira, la intuición) que son apenas excusas, dejan boquiabiertos incluso a los más escépticos. Cerca del final, cuando consigue con la participación aleatoria del público un truco que parece imposible, el auditorio, literalmente no lo puede creer. Una de las medidas del éxito es la cantidad de fotos que le piden para sacarse cuando despide afuera de la sala.

A Ketchedjián la magia le gustó de chiquito. Y una vez que acabó con las existencias de trucos de La Casa de los Chascos y empezaron a llegar contratos para amenizar fiestas, decidió que no había dudas, que esa era su vocación. No le ha ido mal, lleva 20 años con la magia y 13 como mago profesional. Ha hecho de todo desde la tradicional magia de salón, animación de fiestas infantiles a espectáculos a lo David Copperfield ("pero a la uruguaya", aclara).

"Trabajo mucho por América Latina, y salvo Venezuela y Bolivia actué en todos los países", le dice a El País en su estudio repleto de elementos de magia y una biblioteca importante sobre el tema que lo sigue apasionando como el primer día. "Tengo la suerte de poder vivir y viajar gracias a la magia". Además da charlas para magos con sus rutinas y sus teorías de la magia.

Mientras, asegura, sigue buscando el truco perfecto. A juzgar por Mentiras verdaderas, no está muy lejos.

—A todos los niños les gusta la magia. ¿Pero cómo se pasa de eso a tener vocación de mago?

—Fue de casualidad. Mis padres vieron que me gustaba la magia, me compraron cosas de magia y además se dieron cuenta de que tenía capacidad para presentarla sin timidez frente al público. Un público que al principio eran mis tíos, mi familia; después los hermanos de mis amigos y sin quererlo terminé haciendo, por hobby, animaciones de fiestas. De un día para otro empezamos a fabricar unas tarjetitas con mi padre, mi hermano se volvió mi asistente y empezaron las llamadas para contratarme. Ahí tuve que empezar a comprar material de magia para ser más profesional.

—Justo sobre eso, ¿cómo arma su número un mago?

—Al principio agoté todo el stock de La Casa de los Chascos, el lugar clásico en el que mi padre me compraba juegos de magia. Después nos enteramos que en Buenos Aires había casas de magia más profesionales, y allá fuimos. A los 15, conocí a una aficionado, Alfredo Panizza, quien me enseñó la diferencia entre hacer trucos y hacer magia. Y ahí se me abrió todo un mundo porque me contactó con magos de otros países y empecé a ver que la magia no sólo se tenía que comprar sino que se podía fabricar e idear.

—Entonces, ¿cuál sería esa diferencia entre truco y magia?

—Al principio me creía mago cuando compraba trucos, leía las instrucciones y los hacía tal cual. Puede ser interesante para el público por el desafío de saber cómo se hace, pero la magia implica saber cómo transmitirla y generar emociones en el público que vayan más allá del truco. Y que después de todo no importe saber cuál es el secreto, sino llevarse un mensaje.

—Me decía sobre las fuentes de los magos. ¿De dónde saca sus rutinas?

—Están las casas de magia y hay libros. Leyendo es la mejor manera de aprender los trucos porque es donde más se puede crear y darle una impronta personal. Y están esos magos que crean sus propios trucos. Yo en mi repertorio tengo varios juegos propios, basados en algunos que ya existen porque la idea de la magia es evolucionar a partir de juegos clásicos. Y el intercambio con los colegas es fundamental. La calidad de un mago tiene que ir por la creación; es lo que lo diferencia.

—Una de las cosas a las que apela la magia es a recuperar la inocencia. ¿Ese es el secreto de su permanencia en tiempos tan escépticos como estos?

—El miedo que teníamos muchos magos era a cómo íbamos a hacer para asombrar en tiempos de tanta tecnología. Pero la gente sigue teniendo ganas de asombrarse. Y después de todo, la magia es sólo el mago sin las mangas y con el asombro. Volvés a ser el niño que tenés que ser. Por eso es difícil hacerle magia a los niños: ya nada los asombra, pero cuando lo conseguís está buenísimo.

—En su show, hay varios géneros: mentalismo, ilusionismo...

—Lo lindo es que la gente se vaya preguntando qué es. Yo hago ilusiones, soy un mago creador de ilusiones que esconden un secreto.

—Sus trucos con números, por ejemplo, son muy precisos. ¿Le salen mal a veces?

—Siempre hay probabilidades de error, pero con la experiencia se trata de seguir adelante.

—Pero el número final de Mentiras verdaderas es temerario. Si le erra es un papelón...

—Es un juego demasiado jugado para el final, es cierto. He tenido un par de errores, pero a medida que lo voy haciendo le descubro detalles para ir solucionando. Pero ese número involucra a muchas personas y tiene que dar un resultado preciso. Es una adaptación de un juego bastante nuevo.

—O sea que los trucos ya existen y aunque hay que adaptarlos, lo importante es cómo se presentan.

—La mayoría de los juegos de este espectáculo son clásicos a los que le busqué las presentaciones y poder unificarlos.

—Existe una tradición de la magia en Uruguay...

—Hace muchas décadas que hay magos en Uruguay. Entre los pioneros está Ariel (padre), el mago Chandrú, Ledo. Y ese referente en la magia nacional que es Víctor Cantero, vivió en Brasil y fue el uruguayo más reconocido a nivel mundial por sus propias creaciones. Y además de esa tradición de magia de salón, infantil y de carnaval, están las nuevas generaciones que mantienen y renuevan esa tradición.

—Y que, en su caso, aportan un show con una puesta en escena diferente. Mentiras verdaderas es como una "obrita" de teatro...

—Lo que intenté es separar la magia y ponerla en otro formato. Que la gente vaya a ver un espectáculo en el que sí, claro, hay magia, pero que tenga algo teatral, que se aprovechen las luces, el sonido, y además tenga un guión que deje un mensaje.

—¿Cómo es el estado de la magia en Uruguay?

—Está creciendo. Hay muchos aficionados y cada vez más profesionales. Y el nivel ha crecido mucho. En un momento sentí que la magia se estaba estancando, pero la nueva generación ha conseguido moverla.

—¿Está buscando el truco perfecto?

—Paul Valéry dice en un poema: "un poema nunca se termina solo se abandona". Con la magia pasa lo mismo. Los trucos mutan y se mejoran. Este show arrancó el 15 de enero de una forma y mejoró muchísimo. Va en la exigencia de cada uno.

Un show que roba sonrisas incrédulas.

n Cuando está bien hecha, la magia siempre funciona, y con su nuevo espectáculo, Mentiras verdaderas, Daniel K consigue sorprender y dejar a su pública con esa sonrisa de incredulidad. El espectáculo está armado en cinco partes que Daniel K, que es un buen maestro de ceremonias, une con presentaciones simpáticas, una serie de trucos donde se combina la magia, el ilusionismo, el mentalismo y unos cálculos númericos increíbles. Así adivina la edad de un espectador, consigue una coincidencia increíble con toda la sala, entre otros momentos de los que conviene descubrir uno mismo. Va todos los viernes a las 21:30 horas en la sala Undermovie del Montevideo Shopping, dura 80 minutos y las entradas valen 360 pesos.

Festimagia, este fin de semana en El Galpón.

El Festival de Magia Internacional que organiza en Uruguay el Mago Ariel, celebra entre hoy y mañana su decimocuarta edición y llega por primera vez al Teatro El Galpón. Esta vez, se desarrollará en la Sala Atahualpa desde las 21:00, con una propuesta que está pensada para público adulto. Pueden ingresar mayores de 12 años, solo acompañados por un mayor, y hay entradas en venta en boletería a 350 pesos.

Serán dos espectáculos distintos cada día (de una hora y media de duración), en los que habrá 10 magos en escena provenientes de Argentina, México y Uruguay. Habrá números de magia, ilusionismo, cartomagia y mentalismo, pero sobre todo mucho humor, diversión y alto impacto visual.

"Estos espectáculos apuntan a la magia de salón. Es una magia muy divertida, participativa, en la que el propio público interviene", explica el Mago Ariel. Esta noche oficiará de maestro de ceremonias y presentará a cada mago, además de colaborar con juegos cortos y otros pequeños trucos. "La magia de salón es una magia intermedia, en la que no hay ni grandes ilusiones ni una magia muy de cerca. Es una magia ideal para este escenario", asegura el responsable de Festimagia. En la Sala Atahualpa el público está lo suficientemente cerca para poder ver lo que pasa en escena (ya que no hay escenario) y participar a gusto.

"Para elegir a los magos me baso en el conocimiento que tengo de ellos, de diferentes congresos y en su calidad artística y profesional. También en magos que están pegando muy fuerte en ese momento, porque hay magos de moda que aparecen en cierto momento, y que han ganado premios", cuenta Ariel, y asegura que, con esos parámetros, los festivales siempre han funcionado bien.

En la edición de hoy y mañana, los magos que participarán son: Carlos Marroche (el padrino de Festimagia), Diego Raskín, Ariel Domínguez, Alex Nebur, Mago Jim (viene de México), Sergio Ferrer, Harry Scott y Salvador Sufrate, además de Ariel.

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