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La exigente preparación del artista de un circo especial

El miércoles se estrena Kooza, el show de Cirque du Soleil en el Roosevelt.

Uno se siente como un intruso en un circo vacío. En la pista del Cirque du Soleil, un jueves de tarde un grupo de acróbatas ensayan sus pruebas vestidos de civil y uno ahí, un entrometido feliz.

"Están entrenando", explica alguien de una producción amable mientras nos acomoda en la platea y nos pide que cuando se salta, hay que quedarse quieto.

Unos 20 artistas están de jogging, shorts o calzas pero eso no le saca lo temerario. Todos hablan en inglés porque hay una pequeña Naciones Unidas en la pista: un moldavo, un mongol, un australiano, un ruso, estadounidenses.

Y aun sin la iluminación y el vestuario que obliga la ceremonia, cuando uno ve a ese muchacho de short hacer un salto mortal quíntuple, no puede dejar de sentir ese temor que provoca el riesgo ajeno. Y cumplir con eso de quedarse quieto.

Foto: Darwin Borrelli.
Foto: Darwin Borrelli.

En el escenario acomodan trampolines, estiran colchonetas, se colocan arneses y repiten una y otra vez piruetas y coreografías.Una brasileña menuda trepa unos 20 metros, un foco la ilumina, se apagan todas las luces y se deja caer en una lona.

Lo que están ensayando es el salto que abre Kooza, el espectáculo que desde el miércoles 9, y por cuatro semanas, la compañía circense más importante del mundo, el Cirque du Soleil, presenta en una carpa montada en el Parque Roosevelt.

"Es un momento bien peligroso", dice Patrick Flynn, director general de Kooza. "Su complejidad y peligro acrobático piden mucho ensayo".

El centenar de artistas que participan en Kooza trabaja 60 horas semanales en sus rutinas, en la seguridad de sus rutinas y en su preparación física.

Aunque algunos vienen haciendo sus números hace nueve años, todos los días dedican horas a volverlos a ensayar.

"El ensayo es vez tras vez tras vez para que la cabeza deje de pensar y el cuerpo accione", dice Flynn. Usan lo que se llama memoria muscular: el cuerpo hace el movimiento por sí mismo. De ahí tanta repetición.

O sea que en su salto mortal en zancos, ese acróbata moldavo no está pensando lo que hace sino que minimiza el riesgo con esa memoria muscular. "La cabeza se cuestiona o tiene miedo. El cuerpo, no", acota.

Los números se ensayan entre seis y 10 horas semanales, y una hora al día lo dedican a entrenar los cuerpos con un entrenador y un fisioterapeuta. En cada escala contratan un masajista y un instructor de Pilates.

"La aeróbica es fundamental porque aunque su número sea de siete minutos, el show es de dos horas y tienen otros roles", dice Flynn. "El acondicionamiento físico es interesante porque hay todo tipo de cuerpos y cada uno desarrolla su propio programa con los entrenadores". Y está la dieta: la troupe tiene cuatro cocineros.

Con ese nivel de exigencia, el retiro depende de ellos mismos ("cuanto más se cuidan, más aguantan"), pero alrededor de los 30 "ya empiezan a preocuparse", dice Flynn. Y a los 35 un acróbata se debe retirar. "Saben que es una carrera corta", dice Flynn.

"Disciplina, disciplina y disciplina", dice sobre lo que se precisa para ser del Cirque du Soleil. "Sin eso no aguantan". Y tienen que saber entregarse al público. "Muchos vienen de la gimnasia competitiva y ahí no tienen derecho a emocionar al público y eso es algo que tienen que aprender". No es sólo capacidad física: es encanto. Casi todos los artistas del Cirque du Soleil vienen de la acrobacia competitiva, de la gimnasia, del malabarismo o del across sport, disciplina cercana al cheerleading estadounidense.

Y allí, en esa veintena de acróbatas que sigue entrenando entre risas, está ese eterno ambiente de circo. Ese que ahora vienen a compartir con nosotros.

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