Segunda rueda

Concurso: Excelencia de Kanela y fuertes ajustes de Zíngaros y La Muñeca

La comparsa de Julio Sosa hizo un espectáculo completísimo y se apunta en la definición

La Gran Muñeca
La Gran Muñeca. Foto: Twitter @teatrodeverano

La revista Madame Gótica abrió la noche con una propuesta que hizo algunas transformaciones en sus partes habladas, logrando también superación en el rubro más importante de la categoría, el cuerpo de baile, que es el mayor protagonista del espectáculo, gracias a la ejecución de varios estilos y al buen balance entre las figuras femeninas y masculinas.
El trabajo aborda la temática de la niñez desde una variedad de ideas, aunque se mantuvieron las intermitencias al momento de llevarlas adelante.

Si bien es una historia que trae consigo una buena carga de información, no siempre es contundente en materia de humor. No obstante, algunas escenas se acortaron y otras se realizaron con mayor agilidad, dando una mejor impresión general a sus medios.

Hubo buen acompañamiento musical y solistas más que aceptables, con el destaque especial de Graciela Villar. Su continuidad en el certamen dependerá de la evaluación de la danza, un área esencialmente técnica. Si así sucede —algo que no es seguro— el grupo podrá compensar otros puntos de menor elaboración. En principio, sus tres rivales tienen más chance de liguilla.

A segunda hora actuó la comparsa Tronar de Tambores, que hizo una sobresaliente pasada por el Teatro de Verano. Es una comparsa técnicamente impecable desde el plano sonoro y escénico, ítems en los que logró dos ruedas de nivel casi idéntico.

El espectáculo se resuelve de un modo sólido, ágil, con coreografías muy candomberas y un vestuario original y colorido, acorde a cada uno de los momentos del libreto.

La comaprsa de Julio “Kanela” Sosa —que anunció su retiro una vez que finalice la temporada— cuenta la historia de una joven mujer negra, que va desarrollando una visión singularmente esperanzadora sobre la cultura, a la que encuentra, inicialmente, en los trazos de las pinturas de Figari. En un segundo momento, la joven decide salir a pintar su propio mundo, instancia en la cual el repertorio se carga de una mirada con más vibración, análisis y referencias a la actualidad.

Hay solistas de altísimo nivel, música de primera, gran cuerda de tambores y una globalidad para pelear por la vanguardia de la categoría en su regreso de liguilla.

A tercera hora actuó La Gran Muñeca, que hizo una buena actuación, aunque con distintos rendimientos de los momentos de su repertorio.
Las modificaciones llegaron de la mano de los agregados de Fabricio Speranza a los cuplés. Si bien es cierto que fueron hablados, no menos cierto es que rindieron efecto en el humor. 

A diferencia de la primera rueda, donde el trabajo fue de más a menos, en esta segunda rueda la actuación fue en ascenso. Comenzó con un cuplé sobre el poliamor, de nivel medio; lo siguió el bloque central sobre Venezuela, que funcionó satisfactoriamente; al tiempo que el cambio significativo se dio al final, con el cuplé de los chamanes, logrado aceptablemente.

El trabajo tiene un muy buen coro, con muy buenas voces solistas y una excelente elección musical, al tiempo que luce uno de los mejores vestuarios de la categoría. Tiene méritos para volver a las finales.

El cierre de la jornada fue con los parodistas Zíngaros, que presentaron varios cambios en su espectáculo, los que redundaron en una propuesta con sensible crecimiento en la visión global.

El espectáculo volvió a demostrar excelencia en los rubros de música y producción visual, con un gran trabajo de Luis Alberto “Canario” Pereyra y Mariana Sayas en las facetas solistas, además de un notable trabajo coral.
En materia de vestuario, escenografía y accesorios se trata de una de las propuestas más ambiciosas del carnaval.

En lo que refiera sus parodias —que fueron el objeto de la crítica de la primera rueda—, el grupo realizó una sucesión de modificaciones importantes, trasladando su desarrollo casi totalmente al escenario, lo que permitió un crecimiento en la dinámica y, por consiguiente, en la continuidad de todo el show. 

La primera, El Padrino, ganó humor en su primera escena y pudo sostener la acción gracias a un mejor respaldo general de todo el elenco, aunque está preferentemente enfocada en las caracterizaciones que llevan adelante Luis Carballo (Don Corleone) y Ledys Araújo, quienes encarnan los papeles principales. Al crecimiento del humor se le suma una mejor caracterización de todo el entorno de la familia Corleone, un punto importante para la ambientación de la época. 

Un par de escalones por encima está la segunda parodia, Colombina, que aborda la temática del amor nacido en una noche de carnaval. Durante esta parte del espectáculo, los apoyos principales a la historia que llevan adelante la pareja compuesta Carballo y Rosina Benenati llegan a través de la música y de un final que va en ascenso, jugando adecuadamente con la emoción.

Se trata del punto alto de un espectáculo muy carnavalero, que cambió su nota para bien en la segunda rueda y tiene méritos para volver a la siguiente ronda.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)