VIDEO

El fin de una época de rebobinar

Funai Electric, la última empresa en fabricar reproductores de videos VHS —artefacto icónico de la década de 1980— anunció que cierra. Acá, diez recuerdos a ese aparato, que dio lugar a una estética particular.

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Foto: Commons

Hoy, con Netflix, archivos torrent y televisión "on demand", la idea de salir de casa para ir hasta un videoclub, pasar un rato entre las góndolas para elegir una película y llevarse un casi armatoste de plástico y cinta, parece no ya del siglo pasado (que lo es) sino de la prehistoria.  Pero la década de 1980 fue marcada de manera indeleble por el VHS y la cultura que el aparato generó a su alrededor. Acá, diez recuerdos al artefacto, que entre otras cosas nos enseñó el concepto de "tracking" y, para los usuarios más avanzados, a programar la grabación.

1. La película Acto de violencia en una joven periodista — Hecha directamente para video, esta película uruguaya adquirió el rótulo "de culto", que justo en este caso significa "bizarra" y, por más cariño que uno le pueda tener, "mala". El VHS se prestaba para este tipo de fenómenos, donde una película se iba prestando (o, el colmo de los lujos, se copiaba de un aparato a otro) e iba ganando en aceptación, aunque sea para burlarse de ella. En esta nota de Mariángel Solomita les contamos más sobre esta película y su creador, Manuel Lamas. 

2. La canción "Ojos de videotape". En 1983, el VHS estaba llegando a su pico máximo de popularidad, tal como Charly García, que ese año publicó uno de sus discos más significativos, Clics modernos. Claro que los aparatos de video, lejos de hacer "clic", hacían "clonk" o "crack". Los clics vendrían bastante después, con los ratones para las computadoras personales. 

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3. La película Sexo, mentiras y video — El debut directorial de Steven Soderbergh, con una Andie McDowell en su mejor momento y un James Spader que ya se perfilaba como un actor con particular talento para interpretar personajes con una faceta ligeramente intimidante. McDowell interpreta a la esposa de un hombre (Peter Gallagher) que la engaña, para colmo con su hermana. Pero entonces llega a su vida un joven —un Spader con mucho pelo— que, munido de una cámara que graba videos, va a poner patas para arriba todo ese micromundo de hipocresía, convenciones morales burguesas y un compromiso de pareja solamente aparente. 

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4. La película Please Be Kind Rewind  Sin estreno en Uruguay, esta película de 2008 de Michel Gondry (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, El avispón verde) cuenta la historia de dos empleados de un videoclub que por error borran todos los videos del local y tratan de enmendar el error filmando las películas ellos mismos. El título alude directamente al pedido que muchos videoclubs le hacían a sus clientes: "Por favor, rebobinen la cinta". Podía llevar un ratito volver al comienzo de la cinta. Además, se gastaban los "cabezales" del aparato. Por eso.

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5. La canción "The Chain", de Fleetwood Mac — Que levante la mano el o la que no haya alquilado alguna vez un video de la distribuidora Ronlay S.A. y no reconozca la parte instrumental que empieza en el minuto 3.04.

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6. La película 25 watts — En el debut como directores de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, el videoclub es uno de los lugares frecuentados por los personajes. Y esta  escena nos hace acordar a todos los que alguna vez lo intentamos (o que lo hicimos), lo embarazoso de alquilar una película "condicionada". El VHS; además, fue el primer formato que permitió una relación individual, y en la seguridad del hogar, con la pornografía de manera masiva. Antes del aparato, había que compartir una sala de cine con personajes que podían llegar a ser repulsivos. O tener un proyector de cine casero.

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7. Quentin Tarantino  Seguramente el mejor director de cine que haya dado el Video Home System (tal el significado de la sigla "VHS" en inglés. O sea: Sistema Casero de Video). Buena parte de la erudición cinematográfica de Tarantino proviene de su época como empleado de un videoclub. El amor por cassetes de video de Tarantino se mantiene hasta el presente. El año pasado, entrevistado para un libro, Tarantino dijo: "No me interesa Netflix. Y no miro películas en una computadora portátil. Cuando el videoclub 'Video Archives' quebró, compré todo su inventario. Tengo casi 8.000 películas de video y DVD's. Y sigo grabando películas de la televisión en video".

8. La cultura de videoclubs — Algunos fuimos más o menos fieles a uno. El del Cordón, por ejemplo. O el Vic, en Pocitos. Otros deambulamos, como casquivanas, de club en club. Teníamos uno para las películas "serias", otro para alquilar las porno (por la disposición física, ofrecía más intimidad), otro por las charlas que podían desarrollarse entre empleados y clientes, y así. Todos eran como versiones locales y particulares de una cultura que tenía como máximo símbolo comercial la cadena estadounidense Blockbuster, verdaderas megastores de películas y accesorios para acompañar una noche de películas (golosinas y snacks). La empresa llegó a Uruguay y acá nos acordamos de que había un local en Punta Carretas Shopping y otro en Rivera e Hipólito Irigoyen. 

9. La obsesión por el "fitness" — El furor por el "footing" y el "workout" ya había empezado, pero con la llegada del aparato al hogar, ese furor se multiplicó exponencialmente. Además, revivió la por entonces alicaída fama de Jane Fonda, que con su serie de videos vendió millones de ejemplares. Acá les dejamos una serie de ejercicios para que hagan en sus hogares.

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10. Las películas "slasher" — Aunque este subgénero de películas de terror no se inventó para los videos VHS, fue ahí, en las cintas, donde floreció y se convirtió en un fenómeno cultural. Uno podía ver una y otra vez las horripilantes muertes propinadas por Freddy Kruger, Mike Myers y el implacable Jason Vorhees. No había forma de parar a ese muchacho. 

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