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La detective que quiere cambiar un género

Marcella, serie que es una joya del cine negro en Netflix.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Marcella está en Netflix. Foto: Difusión

Bien narrada, la crónica roja puede ser poética y bella. Bien filmada, la muerte fríamente calculada, también. En los últimos años, el vigor de las series con calidad cinematográfica puso su interés y sus millones en el noir, pero cambió el punto de vista de la narración: ahora los antihéroes favoritos son los detectives (True detective) o las víctimas (Fargo). Son personajes depresivos, viciosos y erráticos, ¿por qué los queremos tanto?

El escritor escandinavo Hans Rosenfeldt es uno de los principales exponentes de una moda: el nordic noir. Después de todo hasta la muerte necesita cambiar de escenario y la fotografía blanquecina es parte del éxito de su primera serie, Bron/Broen. Rosenfeldt aceptó el éxito y aprobó dos adaptaciones de su obra, las mejor The bridge. Por eso la cadena ITV lo contrató para Marcella, su segundo policial con protagonista mujer. Esta vez la acción sucede en una Londres irreconocible de muelles, parkings, casas ultramodernas y oficinas con vista a rascacielos en obra. La geografía es explotada brillantemente por la fotógrafa polaca Urszula Pontikos.

Marcella es Anna Friel quien encontró el tono justo entre lo occidental y lo nórdico. Hay un tratamiento inteligente y lúcido del machismo, racismo, xenofobia y homofobia: los personajes más fuertes son mujeres, afrodescendientes, gays e inmigrantes.

El planteo es clásico: un asesino serial vuelve a atacar 10 años después. Asfixia a sus víctimas y las mira morir. La violencia es gráfica e incluso gore. Una de las detectives a cargo de esa investigación fue Marcella, que dejó la policía para ser ama de casa. Una noche, la visita el investigador a cargo que la hace volver a la Policía a pesar de que su vida es un caos emocional.

Encima, Marcella sufre brotes de ira en los que pierde la consciencia. Desde la primera escena, la heroína podría ser una asesina. O una víctima. O una sospechosa. Esta dialéctica se replica notablemente en el criterio de edición, haciendo que cada personaje sea presentado con un velo de dudas sobre sus intenciones. En este policial humanista la sospecha lo envuelve todo.

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